Lámpara de noche

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Se abrió la puerta de la recámara y vi la luz de la lámpara del buró iluminando dulcemente la habitación y la cama, entre sombras y libros. Yo era un joven y la escena me enamoró. Sabía a quién esperaba esa cama bien tendida, conocía a su huésped, una mujer madura. Un pequeño libro llamó mi atención. Editorial Aguilar. Séneca. Ya había visto esa colección. Tímido y temeroso, di unos pasos y lo cogí. “De la brevedad de la vida”. Lo abrí.
–No es que la vida sea breve, es que perdemos mucho el tiempo.

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