La viuda

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No pretendo hacer un alegato en favor de Carmen Bazán, viuda de Cuevas, pero sí quisiera repetir los ataques que se le han venido en cascada y que tuvieron su culminación en el funeral, cuando un grupo de personas vitoreó el nombre de Bertha, la esposa anterior. Se dice que ella es de cascos ligeros, pues se divorció para casarse con Cuevas; que no lo quería, sino que era una oportunista seductora, pues medraba con el arte y la fortuna del artista; que lo tenía secuestrado e impedía que sus amigos e hijas lo vieran; que no dejó que sus hijas estuvieran en la incineración; que la herencia que les dejó a las hijas han sido saqueadas por ella. Me queda la duda de que el iracundo “enfant terrible”, quien se enfrentó a grandes artistas y críticos, resultara un mandilón, descuidado y blandengue que lo traían, sano o enfermo, como trapo de cocina. En fin, la sociedad tiene una villana favorita. Antes de juzgar deberíamos de esperar a conocer su versión.










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