La sombra de Calígula

|




Caligula

POR Augusto Isla | Cayo Suetonio Tranquilo fue un distinguido historiador romano cuya obra más conocida es “Los doce Césares”, que comprende un largo periodo que va de Julio Cesar a Domiciano. Pudo escribirla, entre otras razones, por haber tenido acceso a los archivos de la Roma imperial, de los cuales se hizo cargo en la época de Adriano a cuyo círculo ingresó gracias a las recomendaciones de Plinio el Joven. Aunque la moderna historiografía lo ha considerado como poco profundo, más atento a la vida privada de aquellos hombres del poder que a lo que hoy se aprecia como importante que es la historia social, Suetonio nos ofrece magníficos relatos de esos poderosos señores. Calígula es uno de ellos. Tal vez el más abominable, por su crueldad. Cayo era su nombre: Calígula apenas un sobrenombre, una derivación de Caliga, calzado guarnecido de clavos que usaban los soldados, que Cayo usaba desde la infancia en los campamentos.

Este Cayo era hijo de Germánico, un general muy estimado por Suetonio. Pues, sabido es, nos dice el historiador, que “poseía todas las cualidades de cuerpo y espíritu, y en grado tal que nadie alcanzó jamás, poseía valor y belleza singulares, gran superioridad de elocuencia y saber…” En cambio; Calígula no merece el mismo juicio a Suetonio. Pues que este, desde muy joven, no ocultaba sus bajas y crueles inclinaciones, constituyendo uno de sus placeres más gratos presenciar la tortura y último suplicio de los condenados… Fue el propio Calígula, quién dio muerte a Tiberio, estrangulándolo con sus propias manos, para sucederle en el trono.

Algunos gestos tuvo aquel monstruo que le ganaron el cariño de su pueblo: en el circo, distribuía pan y carne entre los espectadores, lo mismo que trajes y cintas de purpura entre mujeres y niños. Pero al propio tiempo, ofendía y difamaba; injuriaba a los senadores… A él debemos esa frase que recogería Luis XIV: “Que me teman aunque me odien.” Calígula estaba convencido de su poder ilimitado: “todo me está permitido”, le dijo un día a su abuela Antonia. Odiaba la inteligencia y el talento de los demás. De Virgilio, afirmó que “carecía de ingenio y saber;” y que Tito Livio que era un “historiador locuaz e inexacto…”

El recuento de las atrocidades de Calígula no tiene límite. Pasmado Suetonio le dio un amplio repaso. Pero dos aspectos que cobran gran actualidad son su aversión a los “barbaros”: contra éstos “continuamente profería amenazas terribles” “Y otro: su pasión por la riqueza”

X X X

Cien días de gobierno ha cumplido Donald Trump. Y ya le persigue la sombra de Calígula Su odio al “otro”, llámese mexicanos o musulmanes; su aborrecimiento a la prensa liberal a la que ha calificado de mentirosa, prueba de su anti intelectualismo. Y no se diga su codicia, ese “inmoderado amor de riquezas”, al decir de Tomás de Aquino; esa “nada poseyente que es este personaje, a juicio de Sartre; “raíz de todos los males”, en palabras de San Pablo. Vicio tan antiguo como la apreciación de Tucídides, pues que Donald lo desea todo: riqueza y poder: “en el origen de todos los males está el deseo de poder que inspiran la codicia y la ambición personal”.

¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Acaso la vanidad, que se funda en la creencia de que somos objeto de atención y aprobación? ¿Será este, entre otros, el secreto de su éxito para sentarse en la Casa Blanca? La multitud de seguidores, en su mayoría parías blancos, con bajos niveles educativos, en el fondo lo aplauden, veneran y admiran porque se creen que este narcisista vicioso derramará sobre ellos ese mal que ellos estiman como un bien.

X X X

Calígula solo vivió veintinueve años (12- 41 de nuestra era cristiana); reinó poco más de tres años. Y fue tan despiadado su reinado que sus enemigos, cansados de él se hundieron el hierro en los genitales para matarlo. La descripción física que hace Suetonio del tirano o es amable: “su rostro era naturalmente horrible y repugnante, pero el procuraba hacerle más espantoso, estudiando delante de un espejo los gestos con que podría provocar más terror”. ¿Vio en sueños la imagen de Donald? Calígula era un joven; Donald, un vejete que, por cierto, añora su vida anterior, sentado en bata viendo la televisión. Este hombre, tan feo como Calígula, anhela la guerra. Con el corazón endurecido, busca la destrucción de sus enemigos, el exterminio de los “intrusos” hasta donde le permitan las instituciones democráticas o lo que queda de ellas. Lo cierto es que no puede repetir la frase “todo me está permitido” lo cual no mengua su peligrosidad. Cien días de fracaso, diga lo que diga, acrecentarán su frustración, su cólera. Su malignidad.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario