La simplificación

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Así como el movimiento de los astros, la sociedad moderna tiende a la circularidad. De la proclamación del libre mercado con Adam Smith, a su control, al pleno empleo Keynesiano, al intervencionismo estatal, –sin dejar de mencionar al totalitarismo–. Y luego de nuevo, con ideólogos un tanto retorcidos como August Von Hayek o Milton Friedman, a la doctrina neoliberal basada en el convencimiento de que la autorregulación de las fuerzas del mercado traerían, por sí mismas el bienestar común. Pero no ha ocurrido así. Ese paradigma que por un tiempo aplicaron Ronald Reagan, Margaret Tatcher, entre otros, provocó ruines inequidades sociales.

En México, el neoliberalismo fue una respuesta al estatismo. En la década de los 80s se redujo el universo de la empresa pública de 1150 a 196. Y permanecieron intocadas las áreas de la electricidad y el petróleo, principalmente. El neoliberalismo cuidó la autonomía del Banco Central y la disciplina fiscal. ¿Fue un desastre? No del todo: se redujo la mortalidad infantil, se multiplicó la infraestructura educativa, cultural y de salud. Por citar algunos ejemplos. Aunque limitada tal vez, la política social mantuvo, pues, su vigencia. Con un carácter asistencialista y en mitad de una desigualdad social lacerante.

En este sentido, el discurso de toma de posesión del actual presidente diagnosticó mal. Demasiadas vaguedades. Sobre todo en la medida en que asoció la política neoliberal –que ni siquiera se tomó la molestia de definir, menos aún de ofrecer indicadores, que son la clave de la objetividad social– con la corrupción. Es decir moralizó una doctrina económica y social, que, es cierto, tuvo momentos de inflexión en algunas privatizaciones nunca enunciadas.

El tabasqueño redondeó este esquema moralizante y engañoso con un ritual de purificación, promesas asistenciales y aburridas menudencias burocráticas. Pero sin aclararnos qué concepto de Estado sería la alternativa al de un Estado neoliberal. ¿Un nuevo Estado benefactor? Un Estado justo que conservaría, por estar inmersos en un mundo global, líneas neoliberales? ¿Un Estado modesto iluminado por la austeridad republicana? Veo, de nuevo, la circularidad de nuestro devenir. Un aparente paso hacia adelante pero con referentes del pasado, sin sentido crítico alguno. Íconos simplemente. Propios de una historiografía escolar.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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