LA RUTA DE LA SEDA.

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Me llamó la atención una de las actividades que reportó Marcelo Ebrard sobre su reciente participación en el Grupo de los 20 y fue que México debería tener más presencia en China, se reunió con la comitiva que acompañó al presidente Xi Jinping. Esta declaración es congruente con otras que ya había formulado con anterioridad sobre la necesidad de ampliar los intercambios de México con este país asiático.

En mis años de agustino recoleto, tuve plena conciencia de la participación de los agustinos en los viajes a China, en la Nao de China, ya que, en el convento de Monteagudo, cerca de Zaragoza, España, había un pequeño museo con numerosos objetos llevados por los antiguos misioneros de la Orden de Agustinos Recoletos españoles desde Filipinas y China. En el convento convivía con nosotros Monseñor Ochoa, un compañero que había sido obispo en este país y fue expulsado por los comunistas de Mao. Lo importante del recuerdo es que México formaba parte de la ruta de la seda desde tiempos de la Colonia.

La ruta de la Nao de China fue la más constante de la era moderna, además, es de recalcar que la plata mexicana adquirió en esta ruta un gran reconocimiento como moneda de intercambio. Los barcos llegaban a Acapulco, puerto ahora abandonado por falta de ferrocarril y se trasladaban las mercancías hasta Puebla, la Ciudad de México y hasta Veracruz y de ahí a Europa. Esta ruta pretende revitalizarse con el proyecto del Istmo de Tehuantepec, de Salina Cruz a Veracruz que no sustituirá al Canal de Panamá, pero será su equivalente en tierra.

Durante los siglos XVI y XVII, época en que floreció también el comercio de la famosa Nao, China e India producían la mitad de la economía mundial y no porque después la revolución industrial llevó a las potencias occidentales a invadir los mercados mundiales ya desaparecieron del mapa estas dos potencias asiáticas. La inaccesibilidad de la India y el aislamiento de China son mitos románticos interesados de algunos historiadores eurocentristas. Desde 200 años antes de Cristo, Zhan Qian ya había explorado los mercados de Asia Central y abierto vías comerciales hacia Europa y el Medio Oriente.

Desde siempre los pueblos de Europa y Asia Pacífico han mantenido intenso contacto. Los banqueros y comerciantes de Lisboa, Venecia, Sevilla, Ámsterdam y Veracruz se movían con la misma confianza en transacciones con que lo hacían sus contrapartes en Arabia, India, China o Malaya. Se han encontrado monedas chinas de hace dos mil años en Alepo, esa ciudad siria ahora destruida por los bombardeos que ha llevado a cabo Estados Unidos en su afán de dominación de la región. Igualmente, en China se han encontrado monedas romanas de los primeros siglos de nuestra era. En México un amigo mío ferrocarrilero tiene una colección de monedas chinas que trajeron los constructores de las vías férreas durante los siglos XIX y XX.

Esos lazos se están revitalizando ahora con los intensos intercambios de oleoductos de las antiguas repúblicas soviéticas de Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán y de Rusia hacia China y las nuevas rutas de este país hacia Irán, África y América Latina. La expansión y dominio comercial y tecnológico de China en un futuro próximo parece inevitable.

Estos dos últimos países, Rusia y China, acaban de formalizar, en esta reunión el Grupo de los 20, un convenio para sustituir al dólar de sus intercambios comerciales, al que seguramente se unirán posteriormente todos los países a los que Estados Unidos imponga castigos o restricciones, con lo que el dólar poco a poco irá dejando de desempeñar el papel de moneda de referencia internacional. Ya están apuntados Irán, Venezuela, Turquía, Corea del Norte y otros que se sienten amenazados por Trump. Estados Unidos se está retrayendo, se está protegiendo con aranceles y mediante amenazas. Está claramente a la defensiva.

La importancia del acercamiento de Marcelo Ebrard con China, radica precisamente en que, ante la amenaza real de posibles futuras sanciones comerciales a México, con motivo de la migración, las drogas, los déficits comerciales de Estados Unidos y otras cuestiones menos claras como la “seguridad nacional”, nuestro país se encuentra con una dependencia difícil de solucionar en el corto plazo.

El TLCAN y ahora el T-MEC nos han llevado a una integración con América del Norte y a una dependencia comercial con respecto a Estados Unidos difícil de evadir en el corto plazo, por eso es necesario buscar el mercado de China, que es el único que podría sustituir el inmenso mercado automotriz de Estados Unidos. ¿Por qué automotriz? Sencillamente porque más del 80% de nuestras exportaciones son manufacturas y otro 90% de estas son coches y partes para automóviles hacia Estados Unidos. Este es el objetivo central para buscar a China. Podemos diversificar productos agrícolas, la exportación de minerales y petróleo a otras latitudes, pero la exportación de vehículos en las magnitudes que se hacen a Estados Unidos, sólo China e India podrían sustituirlas. Ningún otro país o región podrían absorber nuestras exportaciones automotrices en tales magnitudes.

Pretender sustituir de la noche a la mañana el mercado estadounidense es sólo un deseo romántico, el cierre o la protección arancelaria de parte de Estados Unidos afectarían la balanza comercial y la balanza de pagos, el precio del peso, la inflación, el empleo, y prácticamente todos los indicadores macroeconómicos. México lleva integrándose a la economía norteamericana desde tiempos de Porfirio Díaz, los ferrocarriles construidos por el capital estadounidense en esa época tuvieron como prioridad las líneas que van hacia el Norte. No es posible cambiar de un día para otro una realidad que lleva más de un siglo y medio en construirse.

Pero hay que empezar a hacerlo y China es un buen prospecto, será la primera potencia económica mundial en 2050 o antes, como lo había sido por muchos siglos antes de la revolución industrial europea, ahora será la revolución de la 5G, la tecnología, la que reordene los mercados y el poder, y China es la clave. A esto se le llama visión de largo plazo.

Il Milione , El Millón, era el título del libro de Marco Polo, mejor conocido como “Los viajes de Marco Polo”, en donde describe las maravillas de la cultura y riquezas de Asia, principalmente de China, en una ruta que se constituyó como la arteria principal del comercio entre Oriente y Occidente. Fue un viajero occidental entonces y es ahora un interés fundamental de parte de China rehacer esas rutas, llamadas simbólicamente de la seda.

El Barón von Richthofen, en 1870, llamó a esta red comercial importantísima como Seidenstrasse , o Ruta de la Seda, el comercio entre estas regiones data no de décadas, sino de siglos o más de milenios. Es pues muy antigua.










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