La perspectiva de género como un acto consciente de masas para la construcción del socialismo en México.

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El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo contra la enajenación. Si el comunismo pasa por alto los hechos de consciencia, podrá ser un método de reparto, pero no es ya una moral revolucionaria.

Ernesto Guevara

Esta semana se ha caracterizado por el dolor y la pérdida, pero también de una violencia de la miseria que es necesario tratar de comprender, y que está expresada en los secuestros y los asesinatos de jóvenes universitarios en manos de grupos criminales que, bajo la complicidad de las autoridades federales, operaron con fines de lucro teñidos de sangre; seres humanos de mi edad se han convertido en fines y no en medios de esa miseria económica que empuja a ciertos individuos al asesinato selectivo.

Naturalmente no podemos limitarnos al factor económico para tratar de teorizar sobre lo que sucede en nuestro entorno. También México destaca en las estadísticas internacionales como el primer lugar en feminicidios en América Latina, abuso sexual infantil y el segundo en mayor expresión homofobia. En otras palabras, existe una institucionalización del patriarcado que se expresa desde nuestras relaciones sociales, medios de comunicación amarillistas hasta políticos mediocres que se convierten en la voz cantante de mentalidades machistas, etcétera. Lo anterior se ha expresado incansablemente por las colectivas feministas a nivel mundial que han actuado justamente por la lucha de una nueva conciencia, que es la perspectiva de género.

México, al igual que muchas zonas del planeta, existen las condiciones para luchar por esa institucionalización de esa perspectiva de género. El feminismo como guía teórica y práctica, crítica, de esa realidad mexicana, ha luchado en casi todas sus variantes contra la institución de un Estado-Nación que se ha demostrado incoherente a estos tiempos modernos; su relación cómplice con la milenaria Iglesia se ha traducido en la lucha organizada y masiva, siempre consciente, por el derecho a decidir a una sexualidad libre, tanto para mujeres como para hombres.

Al otro lado del mundo, en Kurdistán, étnicamente consolidado en los actuales Turquía y Siria, el pueblo kurdo ha sostenido una lucha armada, inspirada por una dirección marxista, que no sólo combate día a día contra el capitalismo sino también contra el patriarcado. Las brigadas de mujeres han declarado dicha zona como libre del patriarcado desde hace tiempo. Alina Sánchez, argentina de nacimiento e internacionalista a corta edad, se convirtió el año pasado en su más elocuente mártir en la lucha contra los órdenes mundiales vigentes: el imperialismo y el patriarcado.

Tomando ambas experiencias, se ha destacado la importancia de la formación de la conciencia de perspectiva de género en las luchas sostenidas por las feministas, sea en su modalidad “pacífica” o armada. No obstante, en ambos casos siempre se ha manifestado la necesidad y la vigencia de una organización de masas, siempre consciente, para derribar el orden social actual.

Para los feminismos más conscientes, atemperados en años largos de victorias y derrotas parciales antes de alcanzar el triunfo definitivo, el Estado-Nación ya no tiene sentido de existir y, por tanto, en el caso mexicano, la Iglesia, los comportamientos sociales, las tradicionales autóctonas en las que aún prevalecen discriminación por un sexo por sobre la supremacía del otro, los partidos tradicionales, autonombrados progresistas, toda la realidad típicamente mexicana es objeto de lucha y crítica permanente de ese feminismo consciente.

Ese feminismo consciente, que se institucionalizado en décadas de lucha, tiene el potencial de convertirse en vanguardia revolucionaria de uno de varias vanguardias que han destacado en el mismo período de tiempo, entre ellos, la clase obrera, la organización indígena autónoma, los movimientos estudiantiles, etcétera, con la promesa de unificarlos en algo así como un frente nacional que rebase las viejas promesas de transición -un guiño al año 2000- y una Cuarta Transformación bien conocidas que se han burocratizado y desprestigiado en lo político o en lo políticamente mexicano.

Esos feminismos de vanguardia, desde hace mucho tiempo, nos han enseñado que lo personal también es político; que la política es el trabajo masivo y consciente de pueblos que tienen el potencial de decidir sobre sus propios destinos, destruyendo el mito histórico de la supremacía política de gobiernos y Estados progresistas y, al mismo tiempo, destrozando de la mente de millones de seres humanos la idea de que la política es un acto humano perteneciente a las élites. Desde la Comuna de París, al menos en la historiografía europea revolucionaria, lo anterior es una particular ley histórica que se construye desde la voluntad y la conciencia de hombres y mujeres, oprimidos, explotados y enajenados.

Desde términos guevaristas actualizados al caso mexicano, y en contra de la fabricación de asesinatos solitarios que crecen a la par de esa miseria económica y de esa cultura patriarcal, nos proponemos a la construcción de esa conciencia feminista que sirva de capital cultural no sólo a la lucha contra el capitalismo mexicano, sino también en la construcción de hombres y mujeres nuevos, con perspectiva de género, con la meta de la construcción consciente del comunismo, con el fin de luchar contra la miseria y contra la alienación de la condición humana, convertirla en una liberación humana de sus potencialidades sexuales y económicas más elementales.

Concluyendo, el feminismo consciente es la vanguardia revolucionaria con la responsabilidad de convertir esa conciencia socialista y de género en actos masivos, cada vez más profundos no sólo volcado al pueblo mexicano, sino también como referente para el resto de América Latina y, por tanto, al Tercer Mundo en su conjunto.

Retomando las preocupaciones guevaristas sobre las circunstancias propias de la transición a un socialismo predominantemente feminista, las relaciones entre la vanguardia y la teoría (género), entre las y los dirigentes con las masas, serán asuntos concretos a los que dicha vanguardia, acompañada y asesorada por el pueblo en su conjunto, se convierta en algo así como un hibrido histórico, y por tanto temporal, para que esa conciencia alcance derechos y responsabilidades entre la gran mayoría de ese pueblo que ha salido justamente de un capitalismo patriarcal.

Finalmente, que estas breves notas sirvan de inspiración a otros agentes y movimientos, así como un homenaje a la juventud que ha luchado y caído en tiempos de guerra y de paz, entre ellos, a Roberto Santucho y Norberto Hernández.

Igualmente es un homenaje al Comandante Ernesto Guevara y sus compañeros de lucha que, con el espíritu espartano de luchar y vivir, de luchar y morir, se han convertido en lo que la juventud debe ser, no un guerrillero obcecado en Bolivia en un movimiento armado sin masas o en un Ministro de Industrias que dependió, en su mayoría de tiempo, como dirigente atado a las promesas geopolíticas del mundo socialista para industrializar Cuba, sino en el ejemplo vivo, comunista, del revolucionario que los domingos dedicada largas jornadas de trabajo voluntario para la construcción de casas y escuelas, pero también en la construcción de esa conciencia socialista durante la transición de Cuba hacia el socialismo.

Edgar Herrera










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