La pandemia (I)

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Comienzo por decir que la pandemia es una enfermedad, en el caso de la presente, de origen viral que se extiende por varios países, si no es que por todo el planeta. Como toda pandemia, desnuda la vulnerabilidad humana. Impacta al cuerpo social, pero sobre todo a su parte más débil, aquella golpeada por la pobreza. En esto ha puesto énfasis Byung-Chul Han, brillante filósofo coreano residente en Alemania. En este sentido, la Covid-19 no es solo un problema sanitario, sino también social. Enferman y mueren, más aquellos trabajadores que tienen que continuar sus labores en las fábricas, en los mercados, en la recolección de los desechos… Y desde la perspectiva de los países, aquellos que no disfrutan de buenos sistemas sanitarios. Como lo ha señalado el coreano la pandemia impone un control de nuestros cuerpos. Es decir, da lugar a una “sociedad disciplinaria biopolítica”. El virus es “un espejo”. Nos muestra cuán grande es nuestro temor a la muerte, de suerte que el sobrevivir se convierte en “algo absoluto”. De ahí, nuestra obediencia al confinamiento. De modo que todas nuestras energías se concentran en la prolongación de la vida. Así, la buena vida y los placeres cotidianos pasan a un segundo término. Acosados por el pánico, estamos dispuestos a sacrificarlo todo, ese mismo que logra vencer incluso el orgullo de habitar en las grandes urbes. La pandemia doblega ese sentimiento de superioridad de ser alemán o estadounidense, a tal punto que el virus, tal parece, se ensaña con los neoyorkinos cuyo hacinamiento paga el costo de su falso bienestar. Nueva York, el mismo París, pierden su brillo y contemplan, aterrados, la multitud de fallecidos. A juicio de Byung-Chul Han, la Covid-19 “hará que el poder mundial se desplace un poco más hacia Asia. Visto así, el virus marca un cambio de era”.
La pandemia nos recuerda lo que decía Montaigne, que la vida “sólo es un relámpago en el curso infinito de una noche eterna, […] la muerte ocupa toda la parte delantera y toda la parte trasera de ese momento y buena parte también de ese momento mismo”.
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Mi reconocimiento y gratitud a médicos y personal de la salud que luchan por salvar la vida de los desconocidos, con alto sentido del deber.










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