La misoginia

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A la pregunta formulada por una reportera que cubre la fuente presidencial si el tabasqueño es feminista, este responde: “soy humanista”. ¿Qué quiso decir? Nunca lo sabremos. Pues que la reflexión no se le da ni menos aún la profundidad. Una palabreja más de su repertorio. La periodista calla. Tal vez muerta de miedo. Mas por las decisiones adoptadas por el temible hijo de Macuspana, podría aseverar que, a ese ‘humanismo’ poco le importa que las mujeres sean víctimas de la violencia del varón, que carezcan de tratamiento contra el cáncer de mama o cervicouterino, que hayan desaparecido las estancias infantiles y los refugios tutelares de las víctimas de la violencia intrafamiliar.
Bochornosa ha sido la comparecencia de las colaboradoras más próximas: Olga Sánchez Cordero, Eréndira Sandoval, y otras. Todas mosqueteras que han salido en defensa de la insensibilidad de su jefe y, por supuesto, de su cargo. Pues son ellas las favorecidas con derecho a la más abyecta complacencia, mientras miles sufren las peores condiciones: lesiones, desaparición, muerte en una atmósfera lacerante de impunidad, desamparadas por el gobierno, responsable de su seguridad.
La presencia de mujeres en el gabinete no significa igualdad de género. Sólo una concesión del mandamás que le garantiza el sometimiento, la renuncia al sentido crítico, ese ‘hacerse de la vista gorda’ ante los gritos destemplados de quien se ve como el dueño de México en su cotidiano ataque de egolatría. Iluso este líder de la “4T”. Amén de repartir dádivas como en un dispensario decimonónico, confirma día con día que si algo está fuera de su cabeza es la auténtica transformación de este país. Ya, desde su campaña, exhibió los colmillos de conservador en el peor sentido de la palabra. Como lo advirtió alguna vez Robert Michels: “el espíritu conservador (…) necesita, aunque solo por causa de la elección, presentarse bajo vestiduras cuyos pliegues democráticos flameen al viento”. El señor no es un demócrata. Ni está a la vanguardia de nada. Anhelaba el poder burocrático. Y ya lo tiene. Y todo. Lo que nos pase a los mexicanos lo tiene sin cuidado. Las mujeres más aún. Su postura: darles la espalda.
Me alegran la marcha multitudinaria del 8 de marzo y el paro del nueve. Son la resistencia femenina. La de todos. La exigencia indignada de que algo tiene que cambiar. Un suceso que pone en evidencia una estructura social putrefacta, lo quiera o no aceptar el propietario de la tarima oficial. A la voz de “amor y paz”, suplica, indulgente, la no violencia, como si él, en plena bipolaridad, no la promoviera en cada denuesto, en cada arrebato de cólera, en cada gesto de impaciencia, en cada modulación distractiva: la chatarra voladora, la rifa, los ‘cachitos’ fraudulentos. Misoginia que ahora resulta ‘humanista’.
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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes y a los ciudadanos. Sí a la vida y a la libertad de expresión. Sí a la solidaridad con la marcha de Javier Sicilia y los Le Barón, sí a las protestas de las víctimas del desabasto de medicamentos.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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