La insumisión

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Doctor_Zhivago

Augusto Isla | El poeta y novelista Boris Pasternak nace en Moscú en el seno de una familia culta: su padre, pintor, su madre, pianista. Nada le falta en aquella Rusia empobrecida. Estudia letras. Crece su talento. La revolución de octubre de 1917 lo fascina. Aunque pronto es testigo de la hambruna, las privaciones, la mendicidad pululando en las calles, las deportaciones de familias enteras rumbo a la muerte. Confundido ve caer a sus compañeros y con horror la colectivización forzosa de la tierra. Su admiración a Lenin se colapsa: “Con la fiebre de un genio, sin dudar lo más mínimo, (Lenin) asumió la responsabilidad de un baño de sangre y destrucción como el mundo no ha visto jamás”.

El ascenso de Stalin lo obliga a un andar sigiloso; su conciencia de artista le advierte la necesidad de trabajar arduamente en la prisión del tiempo. Como un fogonero. Como una estrella. Navega en dos aguas: su independencia personal y su adhesión a Stalin con quien a menudo se comunica telefónicamente. El dictador lo respeta: es una gloria nacional. Lo atrapa con regalos que Boris acepta. Una casa en Peredelkino. Pero la ruptura es inminente. En 1936, la Revolución cultural lo asma, lo irrita.

Diez años (1945-1955) le lleva escribir su célebre novela “Doctor Zhivago”: un himno, una epopeya agotadora. El régimen la prohíbe, aunque la publica en Italia. En 1957, recibe el premio Nobel de Literatura, pero no acude a recibirlo; pues sabe, dadas las amenazas, que, de hacerlo, le cerrarán las puertas de su patria. “Pertenezco a Rusia por mi nacimiento, mi vida y mi trabajo. Para mí, abandonar mi país sería como morir”. Y seguirá viviendo en Rusia, herido por un pesimismo político pero dueño de un optimismo cósmico tatuado en su poesía, que, como toda poesía es cosmopolita; pero, al propio tiempo, por los designios de la lengua, provinciana. Y muere poco tiempo después. A los 70 años.

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La secuela de su gran narrativa pertenece al cine. David Lean filma “Doctor Zhivago”, que, según Kevin Brownlow, biógrafo de Lean. “No es más que la vida de un hombre, pero también es la vida de cada uno de nosotros”. En Lean, maestro de la prosa fílmica, la epopeya social se transforma en una historia de amor ¿Una visión personal, una urgencia de la industria? No sabemos. Pero lo hemos gozado: el rigor de la cámara de Lean, el guión de Robert Bolt, la música de Maurice Jarre, el quehacer actoral de Omar Sharif y Julie Christie… Boris en la literatura, en el cine, en la historia. A fin de cuentas, un insumiso.

 










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Un Comentario en “ La insumisión”

  1. antonio hernandez dice:

    lo lei cuando tenia 12 años me costo trabajo y a lo largo de mi vida lo he releido no se cuantas veces y cada ves que lo hago me deslumbra.

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