LA IDEA DE DIOS DE BARUCH SPINOZA.

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Dedicado a mi primo Juan Martín Morales Camarillo. Esta es la idea a la que se refiere Einstein.

•  Si hacemos un poco de historia, tendremos que ver a Baruch Espinoza o Spinoza (1632-1677) como un antiguo sefardí que huyó primero de España y luego de Portugal hacia los Países Bajos, donde supuestamente encontraría una mayor tolerancia, aunque no fue así, ya que dominaba en Amsterdam el grupo mayoritario judío conocido como Azkanazies (provenientes de Europa central, muy conservador de las tradiciones y doctrina judías) sobre el minoritario, al que pertenecía Spinoza, de los sefardíes provenientes de la península ibérica, más necesitados de adaptarse doctrinariamente a las costumbres del lugar a donde iban, de ahí surgieron los “judíos conversos”, que recurrieron a la conversión religiosa para salvar sus vidas.

El obstáculo principal de Espinoza no fueron las presiones de los grupos externos (fue excomulgado de la sinagoga y perseguido por la Inquisición), sino su padre. Al morir éste se liberó y empezó a publicar sus ideas verdaderamente revolucionarias. Es, junto con Descartes y Leibniz, uno de los iniciadores de la filosofía moderna.

•  Baruch Spinoza se basó en la filosofía de Descartes pero la transformó. René Descartes establecía tres sustancias: el pensamiento, la extensión y Dios que Spinoza reduce a una sola: sustancia divina infinita, que puede ser identificada indistintamente como la naturaleza o como Dios. Ambos términos los usaba Spinoza indistintamente, en latín, Deus sive natura, Dios o la naturaleza.

Para Spinoza, la substancia es la realidad, que es causa de sí misma y a la vez de todas las cosas; que existe por sí misma y es productora de toda la realidad; por tanto, la naturaleza es equivalente a Dios. Dios y el mundo, su producción, son entonces idénticos. Todos los objetos físicos son los «modos» de Dios contenidos en el atributo «extensión». Del mismo modo, todas las ideas son los «modos» de Dios contenidas en el atributo «pensamiento». Las cosas o modos son naturaleza naturada, mientras que la única substancia o Dios es naturaleza naturante. Las cosas o «modos» son finitas, mientras que Dios es de naturaleza infinita y existencia necesaria y eterna.

Este cambio tiene la ventaja, sobre la filosofía cartesiana, de borrar de un plumazo los problemas que presenta la filosofía de Descartes para explicar la posibilidad del conocimiento: dado que el pensamiento y la extensión son dos de los infinitos atributos de Dios, distintos e independientes el uno del otro (paralelismo de los atributos), ¿cómo se puede conocer el mundo? Descartes había resuelto este problema de una manera aparentemente gratuita, además de insatisfactoria, señalando la comunicación de éstas sustancias en algo físico: la glándula pineal.

Con Spinoza, pues, ya no existe este problema: se puede conocer el mundo porque el entendimiento, en tanto parte del entendimiento de Dios, (En esto sigue a la escolástica, “la luz de la razón”, dada por Dios) es una modificación o «modo» de la misma sustancia divina, entendimiento infinito de Dios, que «piensa» su objeto extenso o cuerpo, de modo que el entendimiento puro puede «aprehender» la realidad, porque el alma, o sea la idea del cuerpo, «replica» lo que afecta a este cuerpo. La unidad del alma y el cuerpo está justificada por la unidad de la sustancia infinita de la que son sus modificaciones finitas o modos. En este punto contradice a la escolástica y a Aristóteles que defendían la dualidad cuerpo y alma o espíritu y materia (tesis de hilemorfismo de Aristóteles).

¿De qué manera, pues, deben concebirse las relaciones entre Dios y el mundo, o sea, entre la sustancia y los modos? Parece claro que el proceso por el que los modos fluyen de la sustancia es un proceso de causalidad inmanente. Dios como causa es inmanente al mundo como efecto: Aquél es natura naturans, éste es natura naturata (Recuérdese que en el s. XVII los científicos y escritores escribían en latín). Se puede traducir como naturaleza naturante, es decir, que crea o produce cosas naturales (De ahí viene la idea de la creación continua) y naturaleza naturada, es decir naturaleza creada, producida (naturante-naturada: causa y efecto).

Pero, a la vez, abre un tremendo problema para explicar la cuestión de la libertad humana. La anterior distinción de Descartes en tres sustancias le permitió sustraer del determinismo mecanicista, al entendimiento, con lo cual el ser humano mantendría su libertad.

La idea del mecanicismo sostiene que todo lo que se mueve en el universo está determinado por leyes, con lo cual cualquier ente que esté dentro de él también estará sujeto a dichas leyes, incluido el ser humano. Descartes y Spinoza son mecanicistas, pero el primero salva el problema a través de su postulado de las tres sustancias: el mecanicismo (por tanto el determinismo, o ausencia de libertad, es la vieja cuestión escolástica del libre albedrío como cualidad esencial del hombre, en contraposición a la falta de libertad de los ángeles) sólo afecta a la sustancia extensa o mundo, pero no a la sustancia pensante o entendimiento.

Pero, al postular Spinoza una sola sustancia, ¿cómo es posible que exista la libertad humana, si todo está sometido a una inexorable regulación permanente? Spinoza acaba afirmando un determinismo (negación de la libertad humana) riguroso, aunque deja el resquicio de una definición poco alentadora y paradójica de libertad: la libertad humana aparece cuando el ser humano acepta que todo está determinado; la libertad no depende de la voluntad sino del entendimiento; el hombre se libera por medio del conocimiento intelectual.

Spinoza es monista, esto es, no cree en la existencia de un dualismo cuerpo-alma, materia y espíritu. Para Spinoza el hombre es cuerpo y mente, y todo en su conjunto es parte de una sustancia universal con infinitos modos e infinitos atributos, algo que da lugar a un «monismo neutral». La relación necesaria que une los modos a la sustancia no es concebida naturalísticamente, a modo de la emanación neoplatónica, sino geométricamente: todo modo brota de la sustancia, así como toda propiedad del triángulo brota de la esencia del triángulo. Proceso intemporal, donde la prioridad es sólo prioridad de naturaleza.

De hecho, no sólo el proceso de nuestro conocimiento es proceso geométrico, sino que el mismo proceso de la realidad, la misma causalidad ontológica se concibe como deducción matemática. Así se comprende que Espinoza haya podido enunciar el principio supremo del racionalismo absoluto: el orden y conexión de las ideas son idénticos al orden y conexión de las cosas. En la férrea necesidad sólo hay lugar para la conexión determinista. ¿Qué aplicación puede tener el finalismo en un mundo donde todas las conexiones son de tipo geométrico?

Espinoza es determinista, lo que implica que niega el libre albedrío: asegura que el hombre está determinado por leyes universales que lo condicionan mediante la ley de la preservación de la vida. Así, afirma que ser libre es regirse por la razón frente a la sumisión, por ejemplo, a la religión.

Se puede extender este trabajo a un debate más profundo de las tesis de Espinoza con respecto a la filosofía de Descartes, de Leibniz, contra la filosofía y la teología escolásticas, así como la influencia sobre Kant y la filosofía existencialista. Lo cierto es que el monismo de Espinoza, sí ha significado una revolución del pensamiento. El psicoanálisis de Freud, por ejemplo, concibe la pulsión (que no el instinto que es una respuesta propia de los animales) como una característica típicamente humana, que está constituida por una parte orgánica, material y una parte psíquica, mental. No somos cuerpo y alma, el alma está en cada célula del cuerpo, somos seres pulsionales.

Ser y pensamiento como unicidad es una de las tesis más claras de Heidegger, que a su vez retoma de Parménides, el filósofo griego que, junto con Heráclito se están reivindicando en la actualidad. Las ideas de Espinoza son retomadas en la actualidad, la realidad existe porque es pensada.










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