La herencia de un escritor: Eusebio Ruvalcaba (1951-2017)

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Comienzo con una confesión.

Yo, que he escrito muchas cartas porque me gusta esta forma literaria de comunicación con el otro, con el intercambio directo de ideas, emociones y experiencias propias, tengo la culpa de no haber escrito dos o tres correos a gente que murió esperando unas palabras mías.

Lo siento mucho. Así es la vida; cruel en lo que amamos y llena de malentendidos.

Hace algún tiempo leí un breve texto de Eusebio Ruvalcaba que me tocó y me conmovió. Me dije entonces, voy a escribirle unas palabras de agradecimiento por sus “Palabras de agradecimiento”, así se titulaba su escrito. Pero nunca lo hice. Aplacé una y otra vez hacerlo hasta que lo olvidé, haciendo otras cosas menos importantes. A pesar de que tenía a la mano su correo electrónico: eusebius_2@yahoo.com.mx

Ahora que he sabido de su muerte he buscado como loco durante tres días su texto entre mis papeles revueltos y no lo he encontrado. Sólo una callada desesperación y un maldecirme a mí mismo por mi falta de organización y método. Otra culpa sobre la culpa.

Al quinto día, inesperadamente, en una última búsqueda, donde menos lo esperaba he dado con la revista Vértigo donde viene su escrito. ¡Gracias, dioses de lo Inesperado!

Se trata de las “Palabras de agradecimiento” del escritor por el homenaje que le brindó la Universidad Marista por su trayectoria literaria el 19 de mayo de 2015.

Sintetizo en unos cuantos párrafos sus propias palabras que son oro molido:

–Trabajo con las palabras.

–Soy una maquinaria de fabricación casera.

–Me gano la vida escribiendo no porque sea un escritor talentoso. Sino porque la vida me atrae en todas sus manifestaciones. Donde está la vida hay conflicto. Donde hay conflicto está la literatura. Tengo muy desarrollado el sentido del olfato. Del olfato humano y literario. En el acto percibo el combate campal entre hombres y mujeres, entre padres e hijos, entre homosexuales y heterosexuales. No creo en la resolución de los problemas que afectan la vida de los hombres. Generación tras generación la acritud se pronuncia. Cada vez con mayor denuedo. El hombre cada vez peor. Como un insecto sobreviviendo a una bomba atómica.

–Más bien a lo que hay que aspirar es al fracaso. Un escritor verdadero se adiestra en la lid del combate, del frente a frente. Pero no contra otros escritores. Sino contra él mismo. Sólo en el ejercicio de la franqueza más devastadora, de ver su fracaso sin contemplaciones, ese escritor crece. Se fortifica hasta adquirir la templanza del granito…

–Pero una cosa es ser claro y otra majadero. Aunque no se crea estas palabras son de agradecimiento. Muchas, muchísimas gracias.

–De pronto alguien estrecha la mano del autor y le dice: “Leí su novela y me emocionó”. Ahí termina el mérito literario.

(“Palabras de agradecimiento”, Vértigo, No. 740, 24-V-2015, p. 77).

Querido Eusebio:

Gracias por tus palabras cristalinas y duras como el diamante.

Siguen emitiendo señales de luz.

Están vivas y llenas de aliento.

Es verdad, las palabras no cambian el mundo pero dan más vida a la vida, incluso después de la muerte.

Vuela el espíritu y encarna en otro espíritu.

Gracias.

Julio.

Qro. Qro., febrero 2017.

Vértigo 740:

VERTIGO_LOYOLA

Vértigo 740, p. 77:

VERTIGO_740

 










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