La gran cruzada: adecentar la política

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Teodoro Roosevelt, el Presidente gringo de principios del Siglo XX, nació en el seno de una acaudalada familia. En una ocasión su abuela, una mujer de la alta aristocracia, le preguntó a qué se dedicaría cuando fuera mayor. Roosevelt le contestó: “A la política”. La abuela le comentó sorprendida: “¿A la política? ¿Pero que eso no es un asunto de taberna?”. José Antonio Meade, dijo: “Vamos a dignificar la política para que sea una vida de servicio y honestidad”. La campaña es un torneo de declaraciones escandalosas y sus palabras se perdieron, cuando debería ser la gran cruzada de todos los candidatos, en un país en el que la política ha sido asunto de cantinas, separos de la policía, bodegas abandonadas y cuarteles. Recuerdo que cuando yo le dije a mi abuelita que me gustaba la política, no me desanimó y por mi abuelo sabía de lo que se trataba, sólo me dijo: “Procura ser y juntarte con gente decente”. El consejo sigue siendo válido.










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