La encrucijada del siglo XXI

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Han sido días agridulces para las ciencias sociales y, particularmente en estas últimas horas, para ese imaginario artístico mexicano que sigue afianzando su identidad y su unidad colectivas en el acontecer diario de aquellas sociedades alternativas, desde esas experiencias populares de construir un poder de masas, de rostro antisistema, anticolonialista, anticapitalista.

Las recientes muertes de Immanuel Wallerstein y Francisco Toledo profundizan ese vacío que magnifican las ideologías de ayer y hoy para convertir al género humano en un simple valor de cambio, en un objeto de la historia condenado a la marcha violenta de la civilización capitalista en que hoy vivimos. Como en toda sociedad que transita las épocas barbáricas, también hay resistencias, surgen distintos discursos que niegan la supremacía del capital sobre el hombre, del hombre sobre la mujer, del blanco sobre el negro, de la impunidad sobre la justicia social.

El perder a dos intelectuales en menos de una semana no resultará en vano si nos remitimos a sus respectivas obras, aunque sea brevemente, como aliento de nuevas proyecciones políticas y culturales para Nuestra América, retomando las palabras del maestro José Martí, que también incluye a la humanidad como nuestro destino común.

Mientras Wallerstein encabezó la ambiciosa misión de descifrar el devenir del sistema-mundo capitalista a las condiciones de este siglo XXI, Francisco Toledo, con el propósito de reivindicar el patrimonio cultural oaxaqueño, también mexicano, formuló una vía explícita de autogestionar la cultura desde abajo, desde los pueblos originarios.

Teoría y praxis, acción y pensamiento se derivan de ambos autores, pero también surge con fuerza y renovación la posibilidad de crear un nuevo un sujeto político, ético, artístico, masas enteras abriéndose paso en la “hermosa marcha humana” que vislumbró Martí para Nuestra América.

Esta semana también resultó de gran importancia gracias al sociólogo e investigador mexicano Carlos Antonio Aguirre Rojas, presente en el aula forense de la Facultad de Derecho de la UAQ, quien el día de ayer impartió la conferencia “Globalización no, crisis estructural del capitalismo”.

A manera de homenaje, Aguirre se refirió a Wallerstein como un sociólogo “insuperable” en cuanto al estudio científico del capitalismo como sistema mundial, como un verdadero discípulo de Fernand Braudel y Carlos Marx para entender las crisis actuales que se desprende y amenazan a la humanidad, desde la epidemia de los feminicidios y los movimientos migratorios de sur a norte hasta las crisis ecológicas.

Enfatizó en la esperanza ilusoria o el peligro real de los dirigentes, derechistas y progresistas bien reconocidos, como Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador, éste último objeto de críticas duras, directas, en su lucha contra la corrupción y de continuar la militarización del país bajo la gran mentira de la Guardia Nacional y, sobre todo, la puerta abierta para un nuevo representante fascista en América Latina.

Por supuesto que son afirmaciones que están muy lejos del ridículo que hoy realizan los apologistas hacia el actual mandatario, quienes olvidan o quieren ignorar las fuerzas destructivas de toda una cultura colonizadora que reproduce a dirigentes mediocres o reformistas que entregan la soberanía de todo un continente a los designios de monopolios y capitales globales, dejando una estela de destrucción ecológica a su paso y la pérdida, real y efectiva, de un hogar por defender.

Retornando a la conferencia de Aguirre, y ante la confrontación de este inquietante siglo XXI queda una cuestión por responder: ¿qué podemos hacer?

Nuestro autor responde categóricamente a la organización popular en la que él ha descollado la experiencia de las y los estudiantes chilenos. Cubriendo el vacío dejado por una huelga legítimas, se organizaron las clases, se determinaron las materias impartidas, de forma gratuita, convirtiendo a los profesores en coordinadores de apoyo, pero el concierto de la transformación educativa estaba depositado en un verdadero consejo estudiantil que ejerció, de forma democrática, los cambios necesarios para solventar el tiempo perdido por la huelga.

Posteriormente se tomó la medida de no volver a sus hogares, por lo que los padres, en un principio, quedaron desconcertados, pero luego fueron dándose cuenta de que las y los estudiantes podían compartir en colectivo los conocimientos necesarios para su formación, mientras que los progenitores se daban cuenta de sí realmente era necesario invertir en pasajes y carreras con alta tarifas. Un verdadero laboratorio de la conciencia social sin intermediarios institucionales, académicos o políticos, que se enfrentaba a la lógica de la ganancia que operaba en los contextos educativos.

Han sido días difíciles para los científicos sociales; años dolorosos en que la humanidad se ha desagrado en todos los rincones del planeta, sin una bandera que las guíe al horizonte del mañana.

No obstante, desde el ejemplo heroico de José Martí hasta Adolfo Sánchez Vázquez, desde Ernesto Guevara hasta Eduardo Galeano, retomando a la mejor generación revolucionaria de marxistas y no marxistas, de verdaderos revolucionarios, también rendimos humildemente nuestro pequeño homenaje a esa humanidad que sigue resistiendo, que sigue creando, aún sin apropiarse de toda esa solidaridad internacional y de ese programa político que eleve al cuadrado la fórmula martiana, de Nuestra América empujada a Nuestra humanidad.

Edgar Herrera










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