La encrucijada de la UNAM. La derrota necesaria de 1999-2000

|





-¿Y te arrepientes de haber participado?
–No. En ningún momento. De lo único que me arrepiento es de no haberme preparado un poquito más en cuestiones políticas.
Ivet Gómez, parista del 99

Se cumplieron 20 años desde la intervención de la Policía Federal Preventiva en Ciudad Universitaria para concluir la huelga más longeva de la historia de la UNAM, la institución de vanguardia del país y del continente que hoy atraviesa confrontaciones y choques violentos al igual que el resto de América Latina.
A la luz de los recientes paros que han surgido en torno a una nueva etapa de crisis orgánica que padece la máxima casa de estudios, es necesario remitirnos a la generación de 1999 que marcó un hito nacional y un referente internacional para la lucha colectiva por la educación y la democracia sociales; lo anterior señalando antecedentes de recuerdo que involucran nuestro devenir educativo y social.
En 1945, en el contexto de un régimen priista que centralizaba cada vez más su dominio sobre las organizaciones existentes de obreros, campesinos y estudiantes, se crea la Ley Orgánica de la UNAM que estipula la creación de una junta de gobierno que, en la práctica, se convirtió en un fuerte bastión del poder presidencial y de allegados políticos que determinaron el desarrollo educativo a nivel nacional.
El poder creado por esta junta de gobierno somete a los consejos técnicos y estudiantiles para la selección de directores y profesores en los distintos planteles; lógicamente, el nombramiento del rector resulta crucial para regir el destino de las becas, recursos, horas, etc.
A grandes rasgos, esta es la tradición antidemocrática que ha marcado la transición de la educación mexicana de un siglo a otro, una tradición universitaria autoritaria que está demostrando su caducidad histórica gracias a los hitos estudiantiles de 1968, 1986 y, en particular, 1999-2000.
En febrero de 1999, bajo el mandato del rector Francisco Barnés de Castro, se autoriza el aumento de las cuotas semestrales. De forma unilateral, y legislando en las afueras de los espacios universitarios, en abril de ese mismo año surge la oposición estudiantil que da forma al Consejo General de Huelga (CGH) como su dirección y estructura organizativa
Las acciones puestas en marcha por el CGH consistían en la realización de asambleas y representantes por planteles; comisiones de vigilancia, cocina, financiamiento, propaganda y volanteo para contrarrestar las tergiversaciones de los medios de comunicación que, lejos de comprender el carácter global de esta huelga, se conformaron con demeritar el mismo y arrojar las bases amarillistas para criminalizar un legítimo movimiento social.
Las alianzas de CGH universitario con los padres y madres de familia, con sindicatos de trabajadores, partidos políticos (PRD), incluso con el EZLN, fueron algunos de los hechos que permitieron caracterizar este movimiento estudiantil con la promesa de un movimiento mayor con los trabajadores, activistas y sociedad civil que realmente empezaba a poner en jaque al Estado mexicano y los acuerdos de éste con los organismos internaciones que presionaban por la mercantilización de la educación.
Los intentos de diálogo del CGH con el rector fracasaron; fue necesario un nuevo líder senil para dar rompimiento a las pocas relaciones que se habían establecido y, por ende, recurrir a la represión orquestada por Ramón de la Fuente y Ernesto Zedillo; ante la imparable resistencia y, al mismo tiempo, el debilitamiento de las fuerzas del CGH, no era conveniente cargar con el peso de una oposición juvenil ante las elecciones del año 2000 y el resto del mundo sufriendo las primeras crisis orgánicas que implicaba en el neoliberalismo.
De forma simbólica, la primera acción de la Policía Federal Preventiva y unidades militares fue la captura del Auditorio “Che Guevara” en donde se realizó la última de las asambleas del CGH. Las maniobras de detención de cientos de estudiantes, que entonaban el Himno Nacional Mexicano y el Himno a la Alegría, fueron complementadas por los fichajes de terrorismo, sabotaje, robo….¡¡a la nación!!
No obstante, esta experiencia logró conquistar la defensa de la educación gratuita, al menos de forma temporal, pues varias generaciones han logrado concluir sus carreras y han reconocido al movimiento de 1999-2000 para reivindicar la lucha como palanca de la historia para abrir los canales del desarrollo personal y social del país; solo el tiempo dirá si las resistencias feministas, en la encrucijada que envuelve a la UNAM en este 2020, logran apropiarse de todos esos hitos que han cambiado el curso de los acontecimientos a favor de la conciencia y la voluntad organizadas.
Este movimiento estudiantil se conformaba como una resistencia contra la modernidad neoliberal que privatizaba la educación y la desprendía de las responsabilidades del Estado; la generación de 1999 era, en este sentido, un rebelde colectivo contra los representantes de esa modernidad de “apertura” económica, es decir, contra el Tratado de Libre Comercio, contra el neoliberalismo, contra Washington, pero también contra el subdesarrollo, la desigualdad social, contra la violencia de Estado, contra la tradición antidemocrática de la UNAM que aún se pretende levantar como referente de modelo educativo y, por tanto, como punto de partida para el desarrollo de los pueblos mexicanos y latinoamericanos.
Edgar Herrera










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario