La disyuntiva

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En una conferencia matutina, el presidente López Obrador se refirió a los grupos de vándalos que irrumpen en las marchas callejeras en los términos siguientes: “a los que se tapan la cara y se encapuchan y hacen estos actos, que tengan cuidado porque en una de esas los voy a acusar con sus mamás, con sus papás, con sus abuelos, porque estoy seguro que no están de acuerdo. Me dejo de llamar Andrés Manuel. Estoy seguro de que los ven o los verían como unos malcriados que no deben estar haciendo eso”. Y me pregunto, si bromea y nos ‘toma el pelo’, o habla en serio. Me inclino por lo segundo, habida cuenta que en otras ocasiones ha pedido a los delincuentes que piensen en sus mamacitas y aquello de “Me canso ganso”. No hago escarnio de estas simplonerías que lo denigran. Me apena verlo convertido en un émulo de Tin Tan o Chabelo. ¿Qué no le ‘ha caído el veinte’, como suele decirse, que es Jefe de Estado de un gran país, que con esas admoniciones bobas nada remedia, que los vándalos son el fruto podrido de una sociedad que merece una explicación seria de lo que ocurre? ¿No advierte que ese discurso es tan errático como la “estrategia” de la señora Claudia Sheinbaum de contener esa escoria con “círculos de paz” formados por sus servidores públicos exponiéndolos a una violencia absurda, en vez de proteger a los manifestantes con los recursos de que dispone el Estado, es decir, la fuerza pública? Tan inepta ella como el tabasqueño. El señor, tan dado a buscar causalidades, ¿no nos puede ofrecer una para estos casos, en vez de apelar a sermones y advertencias inverosímiles? Pues ni siquiera los que se hacen llamar “anarquistas” pueden ser identificados, ocultos como están. ¡Qué tiempos estos en los que las mismas marchas “pacíficas” para conmemorar atrocidades históricas carecen de eficacia política! No olvidemos la ignominia, pero apelemos a la imaginación para evitar que aquello que nos duele, se repita. Pues amenazados estamos por una nueva tiranía tan disfrazada como el rostro de los vándalos.

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