La democracia

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POR Augusto Isla

Paul Veyne se ha destacado como un notable historiador de la antigüedad romana. Ha escrito, entre otros libros, ‘Pan y circo’; pero en tanto amigo de Michel Foucault, se dio a la tarea de explicarnos de la manera más sencilla, si tal adjetivo cabe, ‘Pensamiento y vida’ de este genial, y un tanto hermético, autor. Aquí rescato una idea que mucho tiene que ver con nuestra realidad políticosocial presente.

Partimos de la propuesta que provocó el escándalo en su libro ‘las palabras y las cosas’. Algo así como “El hombre ha muerto”, que se refería a la inviabilidad de un concepto como ‘naturaleza humana’. En este sentido, sólo sería válido hablar de ‘singularidades’, de hombres situados aquí y allá, en el tiempo y en el espacio.

Esta aventura cognitiva valdría llevarla a la comarca de la democracia. No hay pues un concepto universal de democracia, sino democracias, tantas como los pueblos, en sus entornos específicos. Esta aproximación discursiva nos ayudará tal vez a comprender lo sucedido en los comicios recientes. El presidente electo recorrió por años todo el territorio nacional. Y con un instinto político, ciertamente agudo, fue captando el ánimo social, herido por la corrupción, la violencia, la impunidad. Y eso, sembrado principalmente por la clase política, lo cosechó y lo convirtió en un estandarte, de su lucha por el poder.

A despecho de las nuevas plataformas de comunicación, optó por el grito que creyó, bien convencido, que todavía servía para algo. Y en este sentido, se convirtió en el artista de la acción más exitoso de los últimos tiempos. El voto de quienes le favorecieron, no fue sólo el de la indignación y el repudio a la ‘magia del poder’ como él llamó a sus enemigos, sino también el de la ilusión. Freud decía que “llamamos ilusión a una creencia cuando en su motivación prevalece la realización de un deseo”. Es una creencia deseante, o un deseo crédulo.

Así pues, hablamos de indignación social, pero también de ilusiones. Ilusiones que el caudillo inscribió en el alma de millones de personas. Ilusiones unas viables, otras no tanto. La incertidumbre está sobre la mesa. Pero ¿no es la incertidumbre la esencia, si la hay pues de una generalidad se trata, de la democracia misma, aunque la avalancha de las encuestas traten de predeterminar su destino? Así pues, ¿Qué ocurrirá en este futuro próximo? Dependerá de nosotros, de nuestra voluntad, de nuestra voz. Nada está escrito, pese al inmenso poder que se le ha conferido al caudillo.

No es correcto hablar de ‘chusmocracia’, sino de una democracia singular. Un tanto cuanto arcaica si consideramos el discurso mismo, pero también las pulsiones sentimentales de sus seguidores.

 










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