La cuestión del suicidio para el estudio y superación del capitalismo.

|




¿Qué significa, en efecto, una sociedad en la que se encuentra la más profunda soledad en el seno de millones de almas? ¿En la cual se puede ser poseído por el deseo indomable de matarse a sí mismo, sin que nadie pueda preverlo? Esta sociedad no es en realidad una sociedad; ella es, como dice Rousseau, un desierto poblado por animales salvajes… Descubrí que, sin una reforma total del Orden Social, todos intentos de cambio serían inútiles.

Carlos Marx

 

Retomando el 10 de septiembre como Día Mundial para la Prevención del Suicidio desde 2003, abordamos una cuestión inédita por el Marx economista, historiador, filósofo, crítico literario y, sobre todo, el revolucionario.

En este escrito “Sobre el suicidio” de 1846, publicado en una revista comunista alemana, Marx analiza este fenómeno como un síntoma del sistema económico capitalista, que identifica a partir de la situación inhumana de la clase obrera, pero cuyo proceso deshumanizador se impregna al resto de la sociedad parisina.

Para lo anterior, nuestro autor se apoya en el uso de archivos policiales de mujeres que habían decidido quitarse la vida como resultado de las presiones sociales y sus condiciones individuales. Asimismo, retoma el concepto de enajenación del trabajo para identificar y denunciar el fenómeno del suicidio como respuesta de una sociedad dividida en clases y, por tanto, circunscrita a la existencia de luchas de clases llevadas de forma latente o directa.

En primer lugar, Marx reflexiona sobre el concepto de enajenación como la forma de expresar y explicar la pérdida de las capacidades humanas a través del trabajo. En la clase obrera parisina, esta idea se traduce en el extravío de sus necesidades propias para obedecer a necesidades externas a él, o sea, a la burguesía. Se magnifica monstruosamente la lógica de la ganancia que reproduce una conciencia social, una ideología burguesa, que justifica y normaliza la “realización humana” mediante el trabajo embrutecedor y la cosificación del ser humano.

A partir de esta explicación, Marx identifica el papel central de la enajenación para dar nacimiento a esta sociedad capitalista enferma, adulterada en su ser social y humano mediante las agudas crisis económicas, el engrosamiento de los ejércitos de desempleados y la configuración espacial y geográfica de las ciudades europeas de mediados de siglo XIX que, por ejemplo, en Inglaterra, existían los famosos “workshops” como centros disciplinares de trabajo que profundizaban las sensaciones de soledad, frustración y pérdida del sentido de la vida de la clase obrera.

A partir de este breve análisis, resulta más fácil identificar las condiciones materiales y espirituales que empujaban a la clase obrera a su propia deshumanización en correlación directa a un aumento de la riqueza burguesa, pero también descifrar esa enajenación de la especie humana en otros ámbitos sociales que rebasan las condiciones productivas del capitalismo, pero que son necesarias para su reproducción. Aquí entra en escena la opresión de género en las familias proletarias.

Marx recopila los expedientes de las mujeres que habían decidido quitarse la vida como resultado de su crítica situación social. Entre los casos identificados, se habla de una esposa acusada por su marido de perder la virginidad, luego de llegar tarde a su vivienda; otra que fue cautiva por su esposo en el hogar, con el fin de evitar escenas de celos en la vía pública.

Aquí es donde podemos discernir este fenómeno del suicidio en las mujeres como producto de una ideología patriarcal que se vislumbra y, al mismo tiempo, contribuye a reforzar la situación de la miseria de la clase asalariada; se deforma el ser femenino a través del ámbito familiar en donde el marido, condenado a la explotación y enajenación de la fábrica, se convierte en un patrón económico y machista de su esposa en el hogar, coartando su autonomía hasta el extremo de anular, definitivamente, su derecho a existir.

De esta manera, el fenómeno del suicidio se intrinca críticamente a la existencia relativamente nueva de un orden civilizatorio de corte capitalista, que ya estaba demostrando su fracaso económico, disfrazado de progreso, para garantizar la existencia de la especie humana. Por tanto, para Marx resultaba clara la necesidad de llevar a cabo una revolución social para transformar el orden existente.

Nuestro autor ya disponía de un primer poderoso arsenal conceptual –el trabajo, la enajenación, la propiedad privada- que le otorgaría al texto “Sobre el suicidio” un carácter sociológico y filosófico, pero también lo definiría como uno de los primeros panfletos militantes de la obra marxista.

Para Marx, el suicidio era una forma barbárica en que se manifestaba el capitalismo en su etapa industria. ¿Qué podemos decir y hacer nosotros desde el país que ocupa el primer lugar en América Latina en feminicidios?

Edgar Herrera










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario