La Cuarta Transformación con perspectiva de género

|




La polémica comenzó en los tiempos del gobierno electo de MORENA, cuando este partido intentó desaparecer aquellas áreas y dependencias de género a finales de 2018, retomadas de un artículo de Magda Coss titulado “La revolución por la equidad de género: Cómo se acabó con una polémica propuesta de López Obrador”. Desde aquí se vislumbró el desdén de AMLO sobre temas relacionados al feminismo y su necesaria comprensión de la realidad social mexicana, que ocupa los primeros lugares en feminicidios, abuso infantil y pornografía de menores.

En una de sus conferencias de prensa matutinas, AMLO afirmó que la causa del feminicidio eran la desintegración familiar y los divorcios; poco tiempo después, se realizaron marchas multitudinarias feministas en la Ciudad de México, impulsadas por las denuncias en redes sociales sobre secuestros de jóvenes en el Metro, pero todas manifestando la consigna de un alto a la violencia hacia las mujeres. Aquí se confirmó la distancia abismal que existe entre el morenismo progresista y la política construida por las colectivas feministas.

En su balance superficial como raíz del feminicidio, AMLO demostró que su preocupación principal es la integridad de ese modelo familiar entre hombre y mujer, desconociendo u omitiendo la existencia de otras diversidades familiares legítimas, entre homosexuales y lesbianas, como paradigmas en que puede apoyarse el Estado para garantizar un verdadero progreso social; habla del neoliberalismo como sistema social y económico que destruye a las familias, pero las pancartas de las mujeres en la capital mexicana le recordaron, o mejor dicho le enseñaron, que el responsable de esa destrucción es el patriarcado, patentada por el daño emocional a las familias y huérfanos que dejaron esos asesinatos.

Aunque se le cuestionó sobre un plan nacional para atender los feminicidios y que aquél ya estaba en desarrollo, desde ahora no se puede prever un futuro positivo, partiendo de un dirigente que ve un retraso social en el aumento de la tasa de divorcios, pero sin referirse a las condiciones que hay detrás de aquellos divorcios, como la existencia de un patriarcado en miniatura que fomenta la violencia física, patrimonial y psicológica al interior de estos hogares, y sin olvidar el papel de los medios de comunicación, el Estado y la Iglesia Católica que fomentan la dominación masculina sobre la femenina, normalizando la cosificación de las mujeres como objetos desechables y elevando peligrosamente los feminicidios en un fenómeno aceptado a nivel nacional.

No resulta sorprendente esta postura retrógrada desde las alianzas que consolidó MORENA con el Partido Encuentro Social –de inclinación evangelista y opositora a la legalización del aborto a nivel nacional- para garantizar una victoria electoral que, aun así, se consolidó con el apoyo de 30 millones de mexicanos y mexicanas. Después de todo, MORENA es otro partido de muchos que conocemos.

En dos meses de administración morenista, se confirman nuevamente las expectativas que las mujeres enfrentarán para dignificarse en este contexto violento patriarcal. La confirmación del recorte de fondos a las estancias infantiles por AMLO es un botón de muestra de la falta de perspectiva de género para medir con mayores dimensiones esta Cuarta Transformación.

Aunque es verdad que esta medida es acompañada por la evidente corrupción de manejos monetarios al interior de estas estancias, para ser sustituidas por una transferencia directa a las familias -en manos del Estado-, lo cierto es que esta legislación servirá de caballo de Troya para retornar al modelo clásico de las mujeres -madres y esposas, hermanas y abuelas- como responsables únicas del cuidado de la familia, y reemplazando su derecho a decidir a una vida profesional por la imposición gubernamental de los roles de madres de familia; el apoyo económico, sin un fondo de largo alcance, revela la idea del trabajo doméstico materno como uno de los pilares en que se sostiene este modelo familiar tradicional, y que sirve a los intereses de cualquier Estado para mantener a raya cualquier organización solidaria trabajadora entre hombres y mujeres, como ahora se sostiene en la huelga de Matamoros, y que es otro punto controversial para el gobierno morenista.

Mucho se ha hablado también de la lucha contra el huachicoleo, pero sin hablar del recrudecimiento de los feminicidios en aquellas zonas en donde se disputa en mayor grado este problema de abastecimiento de combustibles. Esto no podría entenderse sin la presencia notoria de grupos de narcotraficantes que se disputan la gasolina y canalizan la violencia entre cárteles hacia las mujeres del grupo contrincante. De esta forma, a través de la psicología de estos grupos criminales, se puede confirmar una cultura del objeto-premio-castigo en que se ven envueltas las mujeres no sólo en conflictos internacionales, sino también en el mundo de la política y de las ciencias, sin olvidarse tampoco de las relaciones sociales diarias, como la familia, la pareja y amistades.

Estas reflexiones con perspectiva de género quedarían incompletas sin tratar brevemente el papel que juegan los hombres en esta cultura patriarcal: a ellos se les impone la necesidad de reprimir sus emociones, en ser hombres valientes y fuertes, protagonistas de una violencia desmedida hacia aquello considerado como “femenino”, no sólo hacia las mujeres sino también a otros hombres que demuestren “debilidad” al expresar llanto o ternura. Así es como el patriarcado, que ignora o desconoce AMLO, estructura las relaciones jerárquicas y violentas entre hombres y mujeres, hasta desarrollar un entramado cultural que justifica y normaliza el feminicidio.

La cuestión de género, para MORENA, es un tema con el que se puede jugar según las circunstancias y pese a la realidad patriarcal que todos los días le explota en la cara a millones de mujeres, en la casa, en el trabajo, en la universidad, en la calle.

No es suficiente con garantizar un gabinete morenista incluyente para las mujeres; se necesita un proyecto nacional y social de largo alcance que esté respaldado en las condiciones y de lucha y explotación, violencia y vida, en que estas colectivas feministas han contribuido para la transformación de esta sociedad patriarcal en una sociedad igualitaria entre los sexos; no obstante, la lucha es compartida entre hombres y mujeres que se rebelan contra una cultura convierte las diferencias de sexo en causa de desigualdad entre los mismos; el enemigo es el patriarcado, no sólo la corrupción.

Si AMLO gusta de hablar de modelos sociales, debería agregar a sus saberes la lucha contra el patriarcado y el capitalismo como sistemas que, con diferentes engranajes económicos y culturales, han promovido una doble explotación de las mujeres –bajo su patrón en el trabajo y su esposo en el hogar- que llevan el sello de la barbarie de rostro humano, de miles de hombres y mujeres que siguen viviendo y luchando sin importar los colores y las consignas partidistas de siempre.

Edgar Herrera










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario