La cortesía

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 lopez obrador
POR Augusto Isla

En el debate de los contendientes para la presidencia de la República, destacó un gesto que vimos todos. López Obrador entró sin saludar y se fue sin despedirse, lo cual puso en evidencia su egoísmo, su desprecio al otro, su violencia pasiva. Si consideramos que la cortesía es ‘el arte de los signos’, ese señor no lo conoce. En la vida cotidiana la practicamos para expresar una condolencia con un ‘lo siento’, para agradecer con un ‘gracias’, para pedir con un ‘por favor’, para interesarse por alguien con un ‘cómo está usted’.

Y en la política pasa a ser ‘el arte de convivir con los demás’, Blas Pascal decía que la cortesía ensalza a un hombre que sabe vencer el primer impulso: el de la independencia. O el de repudio. O el del enojo No es necesario un ambiente de elegancia; el ser cortés lo llevamos interiormente y lo podemos ejercer en cualquier momento. La cortesía es también alabar al otro cuando actúa bien, dejar a un lado reproches, prestar atención al otro.

Una contienda noble exige buenas relaciones con los demás. Sobre todo, si los contendientes son observados por millones de personas. Se sientan cómodos o no. Es una virtud socialmente inapreciable. Alaín pensaba que es “la gramática de la vida intersubjetiva”. ¿Quién es López Obrador para desdeñarla? ¿Es inseguro o persona sin educación? ¿O un inepto que no sabe dialogar ni menos debatir con sus pares? ¿O una persona que, al parecer, sólo se siente a gusto en el Templete gritando, animando el aplauso de la multitud?

Concluyo con Kant, se trata de una “afectación”, un tanto estética pero moralizadora, una manera de actuar bien. Pero no para contentarse con ella. Es una apariencia, señal de buena educación, de tolerancia que la aproxima a la esencia de lo que se es. Como toda regla urbanidad es algo pequeño que antecede a algo grande. Más aún sí lo que está en juego es la presencia de un probable estadista; los hombres públicos inteligentes y virtuosos no están dispensados de ello.

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¡Qué elevada la estatura de Séneca que así se despedía de Lucio: “Consérvate bueno”!

 










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