La cobardía

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POR Augusto Isla | Ya sabemos que los sismos recientes devastaron, centros escolares, desde los más modestos hasta los llamados de ‘excelencia’. El Tecnológico de Monterrey fue uno de ellos. La caída de un puente provocó la muerte de cinco jóvenes, así como lesiones, ignoramos cuán graves, a cuarenta o más, aunque de estos no se habla.

Frente a la tragedia las autoridades de la institución han guardado silencio. Ni siquiera se han comunicado con la familia de las víctimas. El señor Juan Carlos Álvarez reveló a Ciro Gómez Leyva esta situación, por lo demás imperdonable. ¿A qué se atiene esa gente? ¿A que el tiempo obre en favor suyo? ¿A que todo se olvide? ¡Cuánto miedo se adivina en esta huida de la responsabilidad! ¿Miedo a perder el prestigio? ¿Miedo que les impide ser, ya no ser generosas y justas, las autoridades digo, sino simplemente humanas ante el dolor?

En una declaración del 27 de mayo de 1909, Alain, el admirable filósofo francés, decía que la palabra ‘cobarde’ es la más grave de las injurias. No pretendo injuriar a nadie ni menoscabar el crédito de esa casa de estudios. Pero ese no dar la cara, esa falta de valentía ¿No merece el calificativo de cobarde? Los peritajes les pueden ser propicios a la institución, pues bien sabemos que la corrupción hace su ronda en todos lados, incluidos, esos ‘honorables’ territorios.

¿Cabe aquí una demanda aunque el daño sea irreparable? Pienso que sí. Sobre todo por esa actitud esquiva de la autoridad, que tiene que a los deudos y a la sociedad entera. Pues aun tratándose de un accidente, como es el caso, es ´preciso deslindar el azar y la responsabilidad, le duela a quien le duela. Cerrar los ojos es carecer de valentía. Es una cobardía.

 










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