La clase política y la complicidad

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Desafortunadas las declaraciones de López Obrador al afirmar que Rosario Robles es un chivo expiatorio y que todo es un circo, obviamente que no hará nada en su contra. De un plumazo descalifica las acusaciones de la Auditoría Superior, los setecientos millones que en efectivo se repartieron en domicilios que eran chozas o con gente que apenas si gana el salario mínimo. Si López Obrador recibió votos fue por su compromiso contra la corrupción y la impunidad. Ahora se erige como un tirano, quienes se distinguen por acusar o absolver sin tomar en cuenta autoridades, jueces y leyes. Los electores deciden la alternancia precisamente para que los que lleguen ajusten cuentas a los que se van. Falso. Aquí en Querétaro se pregonó que había un desfalco, primero de novecientos millones luego de seis cientos millones. No pasó nada. La clase política, de todos los partidos, se disfraza de redentora y acaba como cómplice y tapadera.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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