La ciudad de los muros y los mártires

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En 2018 se cumplieron 70 años de la creación del Estado de Israel y sus numerosos crímenes superan las fronteras de los territorios palestinos colonizados; el Mossad, que es la agencia inteligencia israelí, ha planificado durante años el asesinato selectivo de científicos palestinos e iraníes para evitar el desarrollo industrial y tecnológico de sus países;

Su arsenal de hasta 400 cabezas nucleares que representan el peligro de toda la humanidad para crear un holocausto nuclear, dejando al planeta huérfano de vida por un tiempo indefinido; el simbolismo fascista de Israel que sirve de inspiración a los brotes de movimientos ultranacionalistas y derechistas de Europa y América; el soporte multimillonario a este Estado en manos de élites del poder y multimillonarios que transforman el destino de los territorio aún ancestrales alrededor del planeta.

Sin embargo, hay un punto muerto dentro de la práctica neocolonial de Israel. La Franja de Gaza es un pequeño enclave en el que viven dos millones de palestinos y que se hizo tristemente célebre en 2014, con el asesinato de tres estudiantes judíos, en manos de terroristas palestinos, que detonó una de tantas campañas de bombardeo sobre este territorio de las dimensiones de Tequisquiapan y que alberga a la población total del Estado de Querétaro.

Dos meses de bombardeos que tuvieron una gran cobertura mundial, permitieron un alto al fuego entre Hamás, el movimiento armado que administra Gaza desde el 2008, y las fuerzas terrestres y aéreas de Israel. El balance fueron más de 2000 palestinos asesinados, muchos de ellos mujeres y niños, desmintiendo las afirmaciones de la cúpula hebrea sobre atacar solamente objetivos militares, llegando incluso a acusar de Hamás de usar a los civiles como escudos humanos de las bombas prohibidas.

Desde entonces, en menor escala pero no con menos intensidad, Israel siguió bombardeando una ciudad que es ahora es célebre en organizar manifestaciones cada viernes, con banderas tricolores y tirachinas en la mano, contra los soldados y alambradas que mantienen este territorio en el olvido del mundo, alejándola de todas las inversiones que pudieran reactivar su economía con el 80 por ciento de sus fábricas sin producir.

Resulta significativo conocer el paisaje cotidiano en que viven las y los palestinos que sobreviven en verdaderas condiciones de guetto, en un campo de concentración de 365 kilómetros cuadrados que es vigilado todos los días por puestos de control, militares y tanques; cuando lanchas cargadas de ayuda humanitaria intentan cruzar esos muros de la muerte, son detenidos y obligados a volver a sus países de origen, con la boca de las ametralladoras israelíes apuntando a la tripulación voluntaria.

La mitad de los habitantes en Gaza son niños, por lo que dibujar una sonrisa en esta parte del mundo es un verdadero trabajo sin fines de lucro; los payasos itinerantes que viven en aquellos campamentos polvorientos, sirven de entretenimiento de aquella infancia que ha visto morir a sus padres y hermanos mayores; cuando es posible, los hospitales, la industria, las escuelas, toda infraestructura civil, es destruida por los aviones de guerra con el fin de acabar de una vez por todas con la resistencia palestina; hubo tiempos en que mantener a dos millones de palestinos era redituable, pues las mercancías israelíes inundaban los mercados palestinos, como otra táctica colonial para perpetuar el dominio de Israel. Sin embargo, ahora con las multitudinarias marchas del retorno que se celebran con firmeza, es necesario convertir en ruinas este pequeño punto de Oriente Medio y la ONU, mediadora inútil de muchos de los conflictos del mundo, ha declarado en un informe que Gaza podría ser inhabitable para el 2020.

No obstante, desde el año pasado, las marchas del retorno -de 5 millones de palestinos a su país de origen, refugiados en otros países vecinos árabes- que se siguen organizando, han dejado atónitos a los militares que no pueden acabar con aquellas ingeniosas oleadas humanas, que prenden neumáticos para crear cortinas de humo o usan espejos que reflejan los rayos del sol para obstaculizar la visión de los francotiradores; periodistas en cada marcha que han sido testigos de otras hazañas no menos conocidas: un hombre que protestaba en silla de ruedas y posteriormente fulminado por una bala; la fotografía icónica de un joven con el torso descubierto, sosteniendo la bandera de palestina en una mano y una tirachinas en la otra; una joven paramédica muerta por un tiro certero de aquellos francotiradores; el uso de hondas y piedras que han logrado derribar varios drones pequeños que alguna vez servían para arrojar gases lacrimógenos sobre las cabezas de los manifestaciones; la vanguardia de esos movimientos han tenido rostro de mujer y siempre destacan al lado de sus hijos, tanto en las marchas de retorno como en sus marchas fúnebres.










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