La carta y los perdones.

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Mucha tinta ha corrido con respecto a la ya famosa carta de López Obrador al rey de España, cada quien ha escrito sobre este hecho de acuerdo a sus muy particulares puntos de vista, algunos sumamente bizarros. Si hacemos un análisis de la función metalingüística del lenguaje, de acuerdo con Jakobson, podemos advertir que la lingüística explora todos los posibles problemas que se producen en la relación existente entre el discurso y “el universo del discurso”, es decir, hay una función metalingüística del lenguaje que hace referencia al código mismo.

Por un lado, López Obrador, tiene un tempo, un calendario político muy diferente al del rey de España. No sólo tiene la intención de comunicar la vuelta a nuestras raíces y el respeto a los pueblos originarios, por ello la organización de conmemoraciones como los 500 años de la batalla de Centla y la llegada de Cortés a la Gran Tenochtitlán en 2021, sino también el mensaje de la carta presidencial que establece las diferencias ideológicas con respecto al rey de España, por ello hay que entender que los 200 años de la proclamación de la independencia y los 80 años de la llegada del exilio republicano español a México, son importantes para el mexicano y aborrecibles para el español. Esto último no lo dice la carta, pero el rey sabe que se celebrarán esos 80 años de la República española.

Si leemos con detenimiento la carta, en su parte medular dice: “…resulta ineludible la reflexión ante hechos que marcaron de manera decisiva la historia de nuestras naciones y que aún generan encendidas polémicas en ambos lados del Océano. Sin afán de ahondar en ellas, Su Majestad, me ciño a los hechos: La incursión encabezada por Cortés a nuestro actual territorio fue sin duda un acontecimiento fundacional de la actual nación mexicana, sí, pero tremendamente violento, doloroso y transgresor, comenzó como un acto de voluntad personal contra las indicaciones y marcos legales del Reino de Castilla y la conquista se realizó mediante innumerables crímenes y atropellos; así lo prueban los cargos fincados por la justicia española al propio Cortés en los juicios de Residencia a los que fue sujeto (1518-1547), de los que es emblemático el encarcelamiento y asesinato de Cuauhtémoc, último mandatario azteca, en 1525.

Con este propósito, el gobierno de México propone a su Majestad que se trabaje a la brevedad y en forma bilateral, en una hoja de ruta para lograr el objetivo de realizar en 2021 una ceremonia conjunta al más alto nivel; que el reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común, a fin de iniciar en nuestras relaciones una nueva etapa plenamente apegada a los principios que orientan en la actualidad a nuestros respectivos Estados y brindar a las próximas generaciones de ambas orillas del Atlántico los cauces para una convivencia más estrecha, más fluida y más fraternal…”

Como se puede observar, siguiendo a Jakobson, existen dos funciones del lenguaje muy claras: la conativa y la referencial. La primera en cuanto trata de influir en el Rey para que haga algo y la referencial en cuanto expone hechos, conceptos e ideas. No hay palabras fuera del protocolo que pudieran representar una afrenta al Rey español. Sólo lo está invitando a trabajar juntos en una celebración. Aquí es donde se encuentra la interpretación del metalenguaje, es decir, el esclarecimiento entre el significado general de un signo verbal y su contexto, ya que “la dependencia contextual” es la propiedad decisiva de nuestra lengua.

Por un lado, todos sabemos que López Obrador le pidió permiso a la madre tierra en su toma de posesión, en un ambiente cargado de símbolos prehispánicos. Aquí habría qué explorar las diversas interpretaciones que un antropólogo, un sociólogo, un lingüista, un psiconalista o un politólogo pueden dar a este hecho. Lo cierto es que el presidente está viendo la historia de este país de una manera diferente y con una ponderación distinta a la de otros gobiernos. Se trata de hacer evidentes las diferencias, sobre todo con sus antecesores inmediatos.

El lente para ver la historia nacional es distinto al que tenían los gobiernos anteriores. Pero este lente abarca también la historia universal, cosa que no es del agrado del Rey español, que no quiere ver la historia, ni la de hace 500 años, ni la inmediata. Sucede que está en el ambiente político la secesión de Cataluña, que busca constituirse en república (es decir, la abolición de la realeza española) y que tiene justos reclamos contra los antecesores del Rey Felipe. Además, está en la palestra política española qué hacer con los restos de Franco para sacarlos del Escorial. Contra el bono democrático de López Obrador está el cuestionamiento de las raíces mismas de la legitimidad de la casa real española.

El mensaje de la carta es una invitación a leer la historia desde la perspectiva de López Obrador, cosa muy difícil de aceptar por la parte española. Esto explica la negativa y la violencia del discurso desatado por los que no aceptan que no hay presente sin sustento del pasado. Aunque un árbol viejo cada año tenga nuevos retoños, tiene un tronco milenario. Hay que ver todo el conjunto, no sólo las hojas nuevas de la historia. No hay hojas sin un tronco que las sustente.

La Historia está modernizando constantemente las técnicas y métodos de investigación, incluyendo los avances científicos para datar, contextualizar, analizar y certificar datos y materiales que, eventualmente, darán nuevas luces sobre hechos, lugares, personas o fenómenos históricos, por ello, la propuesta de López Obrador de conformar una comisión bilateral es del todo aceptable. El relato común, la narrativa común es necesaria.

Las nuevas relaciones de los hechos reconfortan, alivian a las sociedades, de ahí la importancia de las comisiones de la verdad. La verdad descubierta y redescubierta nos aproxima cada vez más a la función del metalenguaje tal como lo concibe Jakobson. Narrar la historia va más allá de la frase latina: “ Historia magistra vitae y vita memoriae”, la historia es la maestra de la vida y vida de la memoria. La narrativa sana a los pueblos, no hay que olvidar el pasado, hay que volver sobre nuestras raíces constantemente.

Carl Sagan en su hermosísimo libro Cosmos , afirma que los encuentros “benevolentes” entre dos culturas no son frecuentes, pero han existido. Refiere el caso de una expedición francesa de La Pérouse a Alaska, en la Bahía Lituya, que se encontró con los Tlingits en un ámbito de respeto mutuo. Los Tlingits preservaron por mucho tiempo en su tradición oral una narración absolutamente reconocible y exacta de su primer encuentro, totalmente pacífico, con una cultura extraña.

Si el rey español responde con violencia, sólo nos está diciendo que no se aparta ni un ápice de la violencia de la visión de la vida de Cortés quien tuvo una aproximación a otra cultura desde un plano de superioridad, que no es tal, sino que fue una ventaja coyuntural, pero que en lo íntimo representa sólo un signo de debilidad. Si es congruente el rey español, una revisión de la historia lo llevaría a pedir una nueva redacción de la constitución, una solicitud de perdón a la América conquistada, su renuncia y la vuelta a la República.










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