La carga

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 beneficios-escribir

Ando siempre con la cabeza en blanco. No vacía, libre y lista a llenarse. Quiero decir, voy atento al día con día y traigo apenas dos o tres palabras o un fragmento de bagatela. No un cargamento de teorías y sistemas e ideologías. Apenas voy con las palabras necesarias del día, como los pesos justos en la bolsa que debo cuidar, y de pronto el rayo que me produce una idea, una emoción, una reacción. Escribo, reescribo, vuelvo a escribir, descargo todo y vuelvo a quedar vacío.

Listo y atento para empezar otra vez.

Espero el viento y la humedad de las palabras que son pensamientos que son sentimientos que son pasos del alma.

Porque el alma existe y no es religiosa, es humana, invisible y palpable.

La descarga de palabras es una dicha y la nueva carga es otra angustia y otra alegría, si logro llegar a la orilla tras cruzar el mar embravecido.

Voy cruzando la calle o en el camión, leo esto o aquello o veo algo, estoy en el baño o durmiendo y de pronto siento la descarga eléctrica que me hace garabatear lo que percibo.

Es un deber de conciencia.

Sé que tengo que escribir, no sé bien qué, hasta que lo escribo, y trato de hacerlo lo mejor posible. Este es mi proceso.

Tras la conciencia acrecentada que dan las palabras, olvido todo, palabra, y vuelta a empezar. No sé acumular. Pero guardo muchas cosas que luego no encuentro y de pronto reaparecen o desaparecen.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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