La Caja Negra: Terremoto en España

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POR Carlos Ricalde | Hemos vivido en México un terremoto cuyo epicentro en Puebla fue medido y localizado con precisión, igualmente se determinó un origen de causa natural y sus consecuencias aún no terminan de cuantificarse en relación a las destrozos materiales y nunca respecto a las irrecuperables pérdidas de vidas humanas, en las que el dolor no tiene límite ni justificación. Fallaron las alarmas.

En España se avecina un terremoto de igual o mayor magnitud. La causa es política, el epicentro se localiza en Barcelona y las consecuencias pueden ser sumamente desastrosas. Sin embargo, a diferencia de nosotros, las alarmas están funcionando con precisión, todo el mundo está advertido pero no quieren hacer caso. Todos se han montado en su macho, nadie quiere ceder un ápice de terreno, Madrid se ha empecinado en aplicar la Ley y los catalanes han optado por pisotearla. ¿Tozudez española?

Y por supuesto que hay gente sencilla que razona, cuál es el caso de un modesto restaurantero catalán, entrevistado por un Canal de TV, quien dijo que no había nada de malo en que Cataluña aportará a la Federación más de lo que recibía de ésta porque así funcionan los impuestos en las personas, es un principio, el que más gana más paga. Y olé.

El caso es que están a pocas horas de efectuar una votación en Cataluña para decidir si permanecen unidos a España o se declaran un país independiente. En esta última opción es como lanzarse al vacío sin paracaídas. No hay una abrumadora mayoría a favor de la independencia, acaso un 50% que se ha venido fomentando hace más de 30 años, poco a poco, adoctrinando irresponsablemente a la niñez catalana mediante la imposición de su idioma regional y la inoculación de medias verdades como la de que España les roba sus riquezas o la de que fueron anexados por la fuerza de las armas y otras ideas más que envenenan la razón y el corazón niños y jóvenes.

Y algo más, por acuerdos establecidos en la ONU el concepto de independencia se aplica a territorios coloniales que en estos tiempos pueden optar por ser independientes cuando alcancen determinados indicadores de “madurez” y autogestión. Ante la ONU lo que Cataluña pretende no es aceptable. En todo caso se trata de una acción separatista ya que forma parte de una nación legítimamente reconocida. Si lograra su propósito separatista sería un pueblo aislado porque no estaría reconocido por los demás países miembros de las Naciones Unidas. Acaso Rusia otorgaría su beneplácito.

También, y es quizás lo más torpe en el empeño catalán, es que ante una flagrante rebeldía, serían intervenidos con todo derecho, legalidad y aprobación de gobiernos de todo el mundo o casi, por el ejército español cuyo choque frontal con la sociedad civil causaría, lamentable y absurdamente, un baño de sangre inútil y doloroso que solo dejaría profundas e históricas heridas en la conciencia nacional.

Quizás, lo sabremos pronto, la mitad del pueblo catalán prefiere la “independencia” basada en sus derechos humanos, libertad de gestión y convicción democrática, sin embargo, estos “independistas” parecen actuar de manera contraria a dichos principios pues le cierran a la oposición sus derechos a expresarse, la intimidan y discriminan y hacen uso para tal acoso, tanto de los medios como del Congreso local como de presiones personales. Si no piensas como yo estas en mi contra. Cataluña será un desastre sin España. Al tiempo.

Rendijas

Sócrates decidió morir antes de quebrantar la Ley. Si ésta no sirve hay que cambiarla, pero en tanto esté vigente hay que cumplirla.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

2 Comentarios en “ La Caja Negra: Terremoto en España”

  1. Julio Figueroa dice:

    Estimado Carlos, tú que sigues el conflicto español-catalán, tras los tristes sucesos del domingo pasado primero de octubre, tristes y lamentables por todos lados, pienso, ojalá nos des un segundo artículo bien ponderado.

    Mientras tanto comparto estas reflexiones de un catalán en el centro del volcán, creo que valen la pena y doy la liga de paginasDigital.es: http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=8292&te=&idage=&vap=0&codrel=5254&usm=$|$idusuencrip$|$

  2. Julio Figueroa dice:

    Comparto, estimado Carlos y lectores de Diálogo Queretano

    CONFLICTO CATALÁN-ESPAÑOL
    Juan Villoro, “Ni contigo ni sin ti”, Reforma, 6-X-2017

    “Todo país, de alguna forma, deja de existir alguna vez”, escribió Roberto Bolaño. Ignoro si pensó que la frase se aplicaría a España y Cataluña, donde pasó buena parte de su vida.

    Escribo desde Barcelona, donde llegué el emblemático 2 de octubre, un día después de que la Guardia Civil reprimiera a la población que pretendía votar en el referéndum. “Es la guerra de las derechas”, me dijo el crítico Ignacio Echevarría. El neofranquismo de Mariano Rajoy contra el nacionalismo reductor de Carles Puigdemont. En medio de estos polos hay una franja que piensa de muchas maneras diferentes, pero en este momento la duda y el matiz no gozan de privilegios.

    Durante años mis amigos independentistas dieron la impresión de actuar con el astuto encanto de quienes desean separarse de España a condición de no lograrlo.
    El tenso equilibrio entre dos culturas era parte de la tradición. Se necesita mucho esfuerzo para vulnerar la costumbre y dos líderes ínfimos, Puigdemont y Rajoy, lo han logrado. “Un fracaso no se improvisa”, apuntó Joan Fuster.

    Después de empeorar las condiciones de salud, empleo y educación, el govern catalán encontró un remedio de fantasía para su inoperancia: proponer otro país. No especificó cómo sería esa nación ni cuáles serán los costos para fundarla. La nueva patria apareció como una promesa de felicidad, un sentimiento que no admite otro análisis que los latidos del corazón.

    Puigdemont ha anunciado que se despedirá al llegar a la tierra prometida, cuando las palomas de la independencia vuelen sobre su estatua sin mancharla. No aspira a gestionar la realidad sino la ilusión. Serán otros los que asuman la tarea de encontrar dinero para pagarles a los jubilados.

    ¿Cambiar de bandera es cambiar de país? Sin un proyecto social de renovación, Puigdemont apela a las fibras sensibles de sus paisanos, que no estarían tan necesitados de estímulos si no hubieran sido estafados con las negociaciones del Estatut hace pocos años. Cuando las vías legales para la autodeterminación se cerraron, surgió la idea de hacer un referéndum al margen de la Constitución. Hace unos años el independentismo habría fracasado en una votación. Su actual fuerza se debe al proselitismo del govern y a la cerrazón del gobierno del PP, que entiende la unidad de España como un matrimonio donde es preferible matar al cónyuge que separarse de él.

    El referéndum propuesto por Puigdemont no era vinculante. Al carecer de consecuencias legales, equivalía a un sondeo. Este ejercicio demagógico, diseñado para distorsionar la voluntad real de los catalanes, merecía ser criticado pero no reprimido. Pero en un giro caricaturesco, Rajoy se convirtió en el paradójico aliado de su adversario: llegó al incendio con un bidón de gasolina. La Guardia Civil reprimió a una población indefensa que quería ejercer el voto y por cada golpe surgió un independentista. Este acto intolerable fue avalado de manera decepcionante por el rey Felipe, quien no tuvo una palabra de simpatía para las víctimas, culpó a Puigdemont de lo ocurrido y actuó como vocero del PP.

    ¿Qué sigue ahora? ¿La declaración unilateral de independencia y la consecuente ocupación militar de Cataluña? Si no se reconstruye el pacto social, no habrá salida negociada a la crisis. Para lograrlo, es imprescindible que Cataluña pueda decidir su propio destino.

    Más allá del placer de estrenar una bandera con el gusto con que se estrena el uniforme del Barça para la nueva temporada, ¿la secesión es buena para Cataluña?

    No hay una respuesta posible porque no se discute qué país se quiere. La independencia se presenta como un efecto mágico que hará que todos estén contentos y la butifarra sea más sabrosa. Un país de gente que canta en torno a una fogata. Este entusiasmo pasa por alto que la clase política que ha sido impugnada por corrupción y desprecio a las demandas sociales -la clase incapaz de gobernar este país-, es la que propone otro país.

    Hay proyectos muy diferentes dentro de la comunidad catalana. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, lleva a cabo transformaciones que el gobierno de la Generalitat es incapaz de hacer. Mientras tanto, dos líderes irresponsables compiten para precipitarse hacia el desastre.

    El futuro está en otra parte: ni Rajoy es España ni Puigdemont es Cataluña.

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