La ausencia de políticas de salud mental en Querétaro. El caso de Claudia Mijangos.

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En medio de una montaña de notas y videos sobre la Señora Claudia Mijangos, la gran mayoría de ellas carentes de la mínima información y decoro (donde lo satánico y paranormal ha sido la nota dominante), me encontré una joya, el artículo de mi amigo Héctor Parra en este espacio Diálogo Queretano. Héctor tuvo la valentía de enfrentar las Fake News , el linchamiento y el desprecio de la mayoría de las noticias que se refieren a la tragedia de una persona “enferma mentalmente”, así entre comillas, y de señalar esa falta de conocimiento y de humanidad con que fue tratado el caso de la Señora Claudia Mijangos, el sinsentido de 30 años de una vida humana encerrada en una celda de 2×2 m.

Michel Foucault señala acertadamente que, a lo largo de la historia, la humanidad ha concebido a la locura de muy diversas maneras. Nuestros locos han sido considerados desde portadores de verdad hasta pecadores o, como se les considera generalmente en la actualidad, enfermos. El horror de la locura hace que tanto amigos como familiares pongan distancia de ellos y que se les ignore o se les evada, como enfermos contagiosos.

Dejan de ser personas, sujetos de derechos y se les trata como algo molesto, como bultos, o peor, como animales peligrosos, sólo hay que ver algunos calificativos dirigidos a Claudia Mijangos en las redes sociales: “La hiena de Querétaro” es uno de tantos apelativos con que exhiben su ignorancia y maldad en las redes sociales.

Quedan en evidencia muchas interrogantes: ¿Quién la diagnosticó? Al parecer fue un médico legista quien señaló su “esquizofrenia”, es como si nos atuviésemos a un diagnóstico del estado del motor de un coche basados en la opinión hecha por un buen hojalatero. ¿Qué sabía el juez que la sentenció sobre la locura? ¿Hay alguna política pública al respecto? Al parecer, ha cambiado muy poco el concepto de locura desde la Edad Media, de la famosa “Nave de los locos”, en que se enviaba mar adentro a barcos llenos de personas con locura, como desechos humanos, como basura humana. ¿Cuál es el sentido de nuestra conciencia de los Derechos Humanos?

¿Quién se ha preguntado sobre el inmenso dolor que tuvo que soportar la señora Claudia cuando tuvo conciencia de la muerte de sus hijos? ¿Acaso los locos no sienten, no sufren, no lloran? ¿Seguimos pensando en la locura como una “maldita enfermedad”?

Sin embargo, desde hace algunas décadas, gracias a los aportes del psicoanálisis, el loco ha recuperado su lugar de portador de verdad. Para Luis Tamayo la experiencia de la locura es una manifestación de una verdad irruptiva, explosiva, horrorosa. Pues la locura constituye una escritura de aquellos elementos que la humanidad aún no entiende de sí misma, es un texto en busca de lector. La verdad que presenta la locura, como bien ha señalado J. Lacan, no es del orden de la belleza, generalmente es del orden del horror. La angustia, esa experiencia extrema, revelación de la nada, del vacío de la existencia es también una de las formas de presentación de la verdad.

Es necesario revisar a fondo los conceptos de salud mental, locura, esquizofrenia y psicosis. L a OMS establece que no existe una definición ” oficial ” sobre lo que es salud mental y que cualquier definición al respecto estará siempre influenciada por diferencias culturales, presunciones subjetivas, disputas entre teorías profesionales, por ejemplo, entre médicos psiquiatras y psicoanalistas, o entre abogados y psicólogos y demás. También la forma como las personas relacionan su entorno con la realidad.

En cambio, un punto en común en el cual coinciden los expertos es que “salud mental” y “enfermedades mentales” no son dos conceptos opuestos, es decir, la ausencia de un reconocido desorden mental no indica necesariamente que se tenga salud mental y, al revés, sufrir un determinado trastorno mental no es obstáculo para disfrutar de una salud mental razonablemente buena. ¿Cuántos de nosotros conocemos a algún familiar o amigos que son excelentes personas pero tienen un trastorno mental como por ejemplo el Alzheimer? ¿Por el hecho de que olviden episodios o relaciones, porque les falle la memoria de corto plazo, ya son basura humana? No es lo mismo la lesión de algún centro de memoria que matar a sus hijos, eso está claro, pero ¿cómo entender el fondo del malestar mental?

La observación del comportamiento de una persona en su vida diaria es la principal manera de conocer el estado de su salud mental en aspectos como el manejo de sus temores y capacidades, sus competencias y responsabilidades, la manutención de sus propias necesidades, las maneras en las que afronta sus propias tensiones, sus relaciones interpersonales y la manera en que dirige una vida independiente. Además, el comportamiento que tiene una persona frente a situaciones difíciles y la superación de momentos traumáticos pueden aportar datos que permitan establecer una tipología acerca de su nivel de salud mental.

La idea de lo normal en el campo de los trastornos mentales es siempre de carácter estadístico, no equivale a la esencia, a la naturaleza o a la definición de salud mental. Muchos expertos consideran a la salud mental como un continuum, es decir, cómo pensamos, cómo actuamos y cómo percibimos la vida según el estandar social es lo que es la salud mental de un individuo puede tener diferentes y múltiples valores. El bienestar mental, por ejemplo, es visto como aquel atributo positivo por el que una persona puede alcanzar los niveles correspondientes de salud mental que resultan en la capacidad de vivir en plenitud y con creatividad, además de poseer una evidente flexibilidad que le permite afrontar dificultades, fracasos y los retos inevitables que plantea la vida. ¿Y si no todos tienen esa flexibilidad? ¿Qué pasa con quienes tienen poca o ninguna tolerancia a la frustración? ¿Son locos?

¿Cómo calificar entonces a quienes han grafiteado, robado y destruido la casa de la señora Claudia Mijangos en Jardines de la Hacienda, en Querétaro? ¿Cómo a quienes han sacado provecho con videos sobre asuntos paranormales y satánicos? ¿Son normales? ¿Qué niveles de proyección de sus propios demonios tienen quienes destruyen, violentan, roban o sacan provecho de una persona que tuvo la desgracia de un evento como el de la Señora Mijangos?

Es necesario que existan las instancias sociales y las políticas públicas para atender y comprender la locura. Para discutir, investigar y profundizar en la mente de las personas. Investigar sobre la diferencia de las locuras histéricas con respecto de la psicosis disociativa, implica un análisis profundo de las conceptualizaciones de lo que caracteriza a lo psicótico y a lo neurótico. El fantasma de la fragmentación del cuerpo propio se encuentra tanto en la neurosis como en la psicosis y puede faltar tanto en una como en otra, ¿son idénticas sus características en ambos casos?

Para Maleval (1), el origen de la locura histérica se ubica en un déficit de la función especular, de la dimensión imaginaria. En la psicosis, el caos de la cadena de significantes entrañaría, entre otros efectos, trastornos de la imagen especular, en tanto que, en la locura histérica, los fenómenos patológicos surgirían sobre la base de la desestructuración yoica. Maleval se plantea la cuestión, por tanto, en relación con la dimensión del delirio disociado, que en el psicótico no debería tener límite alguno en cuanto a la apropiación de su cuerpo y en el delirio histérico, los trastornos de la representación del cuerpo no deberían extenderse más allá de lo especularizable.

Freud, al final del capítulo VIII, del texto: Esquema del Psicoanálisis, aborda este asunto de la siguiente manera: inicia el comentario subrayando la presencia de la escisión del yo en la psicosis, para decir inmediatamente que “el asunto no sería tan importante si no se pudiera aplicar también a otros estados más semejantes a las neurosis y finalmente a las neurosis mismas” (2). Reconoce la existencia de pérdida de la realidad en las neurosis mismas y no sólo en las psicosis, desactivando de este modo su importancia para el diagnóstico diferencial entre la estructura psicótica y la neurótica.

¿Claudia tuvo esa pérdida de la realidad como un evento psicótico, la esquizofrenia de que habló el médico legista, o neurótico? Lo que divide al yo, a final de cuentas, es la necesidad de tener que utilizar la represión para unas solicitudes y la negación para otras, casi como si la escisión proviniera de la necesidad de tener que comportarse un poco como un neurótico y un poco como un psicótico. En otras palabras, Freud sostuvo que los mecanismos de la represión y la negación de la realidad bastaban para explicar la aparición del fetiche y con una combinación de los mismos instrumentos interpreta la escisión.

Lacan utiliza como argumento para defender la existencia de diversas realidades el fenómeno de las alucinaciones, en especial las alucinaciones verbales, como el caso del psicótico que oye voces que los demás no oyen. Este fenómeno clínico plantea el problema de determinar su estatuto: ¿Se trata de una percepción, de una sensación, una apercepción o una interpretación? Lacan asegura que una teoría del conocimiento no basta para dar cuenta de este fenómeno y de su estatuto en relación con la realidad, lo que él destaca en relación con la alucinación verbal es, por un lado, el sentimiento de certeza que el sujeto psicótico experimenta con respecto a ella y, por otro, el predominio de la estructuración significante-simbólica que caracteriza dicha alucinación (4).

Para poder establecer diferencias entre la psicosis y la neurosis, es preciso tomar en cuenta lo que Freud ya había introducido como series complementarias en la caracterización de la neurosis: el equipo básico; los elementos constitucionales de las personas; el desarrollo psicosocial (la relación libidinal con el mundo en una serie de eventos); la causalidad de la enfermedad; los aspectos socioculturales y finalmente los eventos accidentales de cada persona.

Es necesaria una visión de conjunto de la persona humana, para tomar en cuenta la herencia genética, posibles problemas del embarazo, las circunstancias perinatales, la constitución personal del individuo, el ámbito sociocultural, los sucesos que hayan ocurrido a su persona o a su ambiente y el desarrollo psicosexual. Cada persona vive una novela diferente, pero no por eso se pueden exponer al escarnio público.

En otras palabras, para estar en condiciones para establecer políticas públicas sobre salud mental, es necesaria la investigación psicoanalítica, una institución especializada que no existe en Querétaro, su ausencia nos lleva a los extremos de condenar a 30 años a una mujer que requería atención especializada y en consecuencia, tuvo que pasar recluida en un espacio de 2×2 treinta años de su vida, con todo el peso del castigo social a que fue expuesta. Si hablamos de Derechos Humanos, éste es esencial.

Notas:

•  Maleval, Jean Claude, Locuras Histéricas y Psicosis Disociativas. Paidós,p. 195.

•  Freud, Sigmund. Esquema del Psicoanálisis , Obras Copletas XXIII, 1968, Amorrortu Editores, p. 1058.

•  Freud, S. Ibid.

•  Lacan, J. Seminario III. La Psicosis (1956). Barcelona, Paidós, 1984, passim.










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