La amnistía

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La amnistía es una palabra griega. Significa sin memoria, olvido, perdón. Práctica que viene de lejos, desde la antigüedad, cuando Tasibulo arrojara a los tiranos atenienses para recobrar la paz y la prosperidad en aquella Ciudad-Estado. En el México actual, el mandamás tabasqueño la prometió durante su campaña e intenta darle cumplimiento.
La amnistía precisa una ley, no un simple decreto como ocurre con el indulto, figura de gran tradición nacional, que cada año se aplica a los sentenciados bien portados en recuerdo de Miguel Hidalgo, por cierto derogado en nuestra entidad. La amnistía no es aplicable a quienes han sido objeto de una sentencia firme, sino a quienes otros se les perdona por la comisión de un delito aun cuando no hayan sido sentenciados.
La propuesta legislativa del tabasqueño será sometida a consulta y beneficiaría –no se sabe con exactitud a cuántos–. Se habla por parte de unos que tal beneficio alcanzaría a 191 mil reos, y por otros a 300 mil. Los casos de referencia abarcarían delitos menores: mujeres que han abortado, un abanico de robos: a casa habitación pero sin violencia, celulares, tarjetas, incluso de identidad; pero incluye también a narcomenudistas… Todos considerados como delitos menores.
Algunos observadores califican esta disposición como populismo criminal, un populismo que abre, de par en par, una ventana a la impunidad. La cuestión es muy compleja y difícil de resolver. Como todo lo que surge de la voluntad de Andrés Manuel. Digamos que es, en principio, buena. Sobre todo en el caso de las mujeres y los indígenas que padecen cárcel injustamente. Pero otros permanecen en la sombra de los pendientes, como el de los delitos políticos,
¿Cómo acabará todo esto? Es difícil saberlo. Todo dependerá del buen juicio de los legisladores. Ya años atrás, según me cuenta un legislador, se había debatido el asunto, pero no pasó de esa loable intención, considerando que podría ser un peligro para la sociedad, algo así como soltar a una jauría de delincuentes. Ojalá esto no suceda, pero de este supuesto “nuevo régimen”, podemos esperar lo peor. Dados sus prejuicios, su ignorancia y su ingenuidad gruñona como esa de creer que levantarse temprano y presidir los gabinetes estatales de seguridad son la fórmula mágica para erradicar la violencia.
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