Krauze y Delgado 2: La cultura crítica

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10- Gracias, P P P, por tu aliento, en esta hora de desaliento.

Los demonios personales otra vez en su cajita. Hasta que irrumpan otra vez. Es cierto, luchar contra el mal es luchar contra nosotros mismos. Sólo los imperios y los dogmáticos tienen el enemigo identificado siempre afuera, enfrente, en el otro que no es nosotros.

Gracias al amigo distinto Luis Hernández Morán por sus palabras de aliento, a pesar de nuestras posibles diferencias.

11- Templanza y autismo. He visto y admiro la libertad crítica del pensamiento liberal de Krauze y su templanza democrática en situaciones concretas. No veo o veo muy poco su coraje y su indignación por la enorme injusticia que existe en México. Sin duda lo mueve el valor de la libertad y parece no conmoverlo el valor de la justicia. Crítico del populismo que promete el cielo en la tierra, ¿no siente indignación por la desigualdad y la injusticia que existen en nuestro país? Paz parecía más sensible a la pobreza y a la riqueza del pueblo mexicano.

12- Cuando digo que veo más medios de comunicación que Estado, quiero decir concretamente medios como Televisa (acríticos y sesgados o críticos mal intencionados, con mucho futbol y cerveza) bombardeando incesantemente a una población mayoritaria de muy bajo perfil crítico para distinguir y separar la información de la basura emocional e ideológica; y unas instituciones de Estado tan alejadas de la sociedad civil como Marte o Mercurio de la Tierra. (Nuestro joven amigo crítico político José Ramón López Rubí Calderón quizá podría decirnos más al respecto).

Krauze ha hecho una sincera y franca crítica a la conciencia crítica de Proceso publicada en Proceso. ¿Dónde está con igual vehemencia su crítica ponderada a la enajenación emocional populista de medios masivos como Televisa? A esa ausencia le llamo el liberalismo autista de Krauze.

13- Krauze, el suavecito, en su balance final sobre Vicente Fox:

–Los seis años han pasado como agua. Nadie mejor que el presidente Vicente Fox lo sabe. Cuando todavía había tiempo de sobra, lo critiqué con una severidad que ahora, en la relectura, no considero injusta pero sí excesiva. Fox, ésa es la verdad, hizo menos bien del que pudo haber hecho, pero no hizo el daño que muchos de sus antecesores (presidentes imperiales, ellos sí, y no mandatarios acotados, como él) llegaron a infligir sobre la existencia de México. (Para salir de Babel, p. 10).

¿Piensa hoy lo mismo Krauze? ¡Seis años perdidos y una enorme energía ciudadana tirada al cesto de la frivolidad! ¿Es poco? Y además: ¿qué piensa el historiador después del intervencionismo antidemocrático del presidente en el proceso electoral de 2006? ¡Varios pasos atrás del último presidente priista Ernesto Zedillo! ¿No es nada el desprestigio de las instituciones? Krauze el suavecito con Fox, Calderón, Zedillo… y el hipercrítico de Obrador…

14- Con todo, insisto, Krauze pensaba que iba a ganar López Obrador y que había que tratar de acotarlo críticamente desde un principio. Y en este punto coincido plenamente con el historiador liberal. La crítica del poder desde la potencia creadora de las ideas. La crítica necesaria a la crítica de izquierda que se siente dueña de la crítica y de todas las verdades. Este es el punto krauzeano: prestar un servicio cívico haciendo la crítica de las ideas. Diferencias y simpatías aparte. El camino de Paz, de Cosío Villegas, de Zaid…

15- Krauze y “La izquierda antiliberal” en su ensayo “Refrendar la democracia” en Letras Libres 82 de octubre de 2005:

–Aunque el escenario de derrota existe, el resultado más probable, a juzgar por las encuestas y tendencias más recientes, es el de una victoria del candidato perredista. Desde una perspectiva democrática, este posible triunfo podría ser bienvenido como un hecho respetable, natural, explicable. Respetable, porque de eso se trata en principio la democracia: del triunfo de las mayorías. Natural, porque México sigue siendo un país muy pobre, y esa lacra vergonzosa es el mejor argumento de la izquierda, su fuente de auténtica legitimidad. Las considerables dotes políticas de Andrés Manuel López Obrador son inseparables de la seriedad con que asume este agravio: el compromiso de enfrentarlo (al margen de la factibilidad, para mí discutible, de sus propuestas) es su vínculo con la tradición de la Revolución mexicana, en su versión social más pura, la cardenista. Otro factor natural en el avance de la izquierda es el fracaso real o percibido del gobierno de Fox. “Ya les toca”, pensará el lector, haciendo una sencilla reflexión: si tuvimos PRI durante setenta años y el PAN dejó pasar su gran oportunidad, es justo que intentemos la tercera opción, la del PRD, más aún si se recuerda que fue la víctima en las turbias elecciones de 1988. A estos factores favorables hay que agregar el contexto latinoamericano, caracterizado por una desilusión ante las políticas económicas de libre mercado y un movimiento de la opinión y los votos hacia la izquierda. Respetable, natural y explicable, porque sólo en el ejercicio cotidiano del poder (que anhelan ardientemente) los políticos de izquierda podrán adquirir la experiencia necesaria para ajustar sus esquemas ideológicos a la dura prueba de la realidad. (op. cit., pp. 119-120).

16- Sigo pensando que en el último año en vísperas de las elecciones, al discurso de Obrador le faltó templanza democrática. Dirigirse a la sociedad abierta en su conjunto, no sólo a sus fieles en su disputa con el poder. Ganarse a los otros y reconocer a sus adversarios. Por ejemplo: Gracias a Fox ya tuvimos la alternancia política. Salió el PRI de Los Pinos. No es suficiente. Hace falta la alternancia económica y política que yo propongo. Por el bien de México, primero los pobres… etc. etc. Y emprender una verdadera campaña de credencialización de los pobres haciéndoles ver la importancia de su voto democrático en un México tremendamente desigual e injusto.

17- ¿Por qué era y por qué es AMLO un peligro para México? Según Krauze, por el desdén de la izquierda mexicana de la tradición liberal y democrática. Por confundir la revolución con la democracia y creerse dueños de la verdad total. Por la descalificación absoluta de sus adversarios. Por querer saltarse las instituciones en vez transformarlas. Por su pureza mesiánica, más religiosa que cívica, que quiere explotar el “inconsciente colectivo popular”, por sentirse los buenos frente a los malos… Se puede diferir y refutar al autor. Pero, por favor, no nos rasguemos las vestiduras porque el adversario nos dice, en la pelea política, que somos “un peligro para México”, cuando nosotros le hemos dicho cosas peores. Mejor plantearse lo que nunca quiso plantearse Obrador y menos Marcos: ¿cómo ganarse a las otras partes de México que son contrarias a nosotros y que no son desdeñables? Eso es hacer política de altura. Ganarse a los infieles (que también son mexicanos) y no sólo a los fieles (que tampoco son santos).

18- Marcos y la pureza revolucionaria y Obrador con el Jesús en la boca, según Krauze:

–Andrés Manuel y Marcos se parecen mucho… El guerrillero, el soñador, era más puro, pero menos eficaz. Hoy el guerrillero predica por los caminos de Dios la impureza del líder social y hasta insulta a sus seguidores. Y el líder social [Obrador] no lo rebate. ¿Cómo podría? “Buscamos lo mismo –ha dicho– por distintos métodos”.

–¿De cuál de los dos líderes mesiánicos será el reino terrenal de la pureza? ¿Del guerrillero o del luchador social? Una cosa está clara: si López Obrador no se atreve a ver con ojos críticos su propia actitud mesiánica, si insiste en concebir la política como una misión religiosa y no como un quehacer cívico y republicano frente a cuya natural impureza sólo cabe el respeto a las leyes y las instituciones creadas por los hombres, los mexicanos viviremos pronto (gane o pierda) tiempos de zozobra, “con el Jesús en la boca”. (op. cit., pp. 132-133; febrero de 2006).

19- Y así ha sido desgraciadamente por culpa y responsabilidad de todos. Nadie está fuera del desmadre que contemplamos y que entre todos hacemos consciente e inconscientemente. Todos somos parte del cuadro que hacemos o deshacemos o dejamos de hacer individual y colectivamente. Nadie queda afuera. Ni los dioses.

20- Álvaro Delgado Gómez (Lagos de Moreno, Jalisco, 1966) es un admirable reportero político en la línea de Proceso: implacable en su investigación, sabe buscar, encontrar y manejar bien sus fuentes, sobre todo la entrevista directa, franca, sin vueltas, confronta a las personas y confronta los datos con los principios y los hechos. Errores y simplificaciones aparte, es un reportero potable y confiable. Expone con claridad y sin rollos. No se arredra ni se hace bolas. No hace literatura. Literaturiza bien sus datos, que es distinto, sobre todo sus diálogos. En fin, tiene los datos duros en la mano y con ellos escudriña la verdad y combate ideológicamente; quizá sólo le falta en la sensibilidad y comprensión de la realidad un poco de teoría política del poder, y cierta sabiduría sobre las contradicciones humanas naturales. Saber por ejemplo que el alma es múltiple, no de una pieza. Y le sobra furor ideológico. En síntesis, Álvaro Delgado es un buen crítico del sistema y de la derecha en México. No perdona nada, igual que Proceso. ¿Qué escribiría sobre Obrador y el PRD, Marcos y los zapatistas? ¿Sería igual de implacable que contra el PAN y El Yunque satanizado (como antes los católicos satanizaron a los comunistas)? Yo agradezco su información, pero no comparto su furor ideológico.

21- La enseñanza de Álvaro expuesta en Querétaro:

¿Qué hizo ante las posibles amenazas tras escribir su primer libro sobre El Yunque? Escribir el segundo, y luego el tercero. Falta el cuarto, y el quinto. Seguir adelante… con la convicción de que sólo el trabajo bien hecho, al tiempo que nos acerca al peligro, también nos defiende.

22- Enrique Krauze tiene ideas y sabe exponerlas y discutirlas con buena pluma; nos guste o nos disguste su estilo. Sabe dialogar con unos y otros. Lo ha hecho con Marcos y con Obrador, con Lorenzo Meyer y con Arnaldo Córdova. Con Proceso y con La Jornada. ¿La izquierda crítica ha sabido discutir con él y, frente a él, ganarse en buena lid a una parte de los ciudadanos buenos lectores, más allá de los porristas amigos? ¿O se ha conformado con descalificarlo y expulsarlo del debate político desde el sectarismo radical y marginal? A veces incluso sin leerlo realmente. Krauze puede ser todo lo que se quiera pero no es un impostor y sí en cambio es un buen adversario que la izquierda crítica no ha sabido confrontar de cara a la sociedad abierta, plural y contradictoria. Es mi punto de vista. Igual pasaba con Paz en los ochenta. Verlo cinco minutos en Televisa bastaba para descalificarlo.

23- Para salir de Babel, decía Krauze con toda razón desde las vísperas de las elecciones de 2006, hay que aprender a discutir con claridad y públicamente las grandes cuestiones nacionales. Y crear entre todos un clima reflexivo favorable a la sociedad y que presione positivamente al sistema político imperante. (op. cit., pp. 100-102). Querámoslo o no, yo pienso que Krauze ha hecho muy bien su papel entre una buena parte de la sociedad democrática liberal moderna. Y por eso es leído y escuchado. ¿Es lo que nos duele?

24- Krauze sabe escribir textos impopulares (sobre todo para la izquierda emocional o miope) con horizonte intelectual (para la sociedad plural democrática) e indudable calidad literaria. Eso hace Enrique desde hace décadas. Apostar en la discusión abierta por la credibilidad, el sentido crítico, la templanza, la concordia y la prudencia. Salir del bajo teatro político mexicano y tratar de elevar la calidad del debate social democrático entre los ciudadanos y lectores. ¿Exagero? ¿Por qué apostamos nosotros? ¿Con quién hablamos y quién nos escucha?

25- La necesidad de la cultura crítica que nos falta según Krauze:

–Del mismo modo en que evadimos la autocrítica, casi siempre confundimos la crítica con el ataque, la censura, el anatema. Nos va la vida en aferrarnos a nuestras posiciones y en descalificar las contrarias, como si todo crítico fuese un enemigo. Pero la crítica tiene un sentido muy distinto. Es un intento colectivo, acumulativo, imperfecto por naturaleza, de aproximarse a la verdad. En una atmósfera crítica podemos razonar con claridad y pulcritud; podemos aprender a fundamentar, a matizar, a ceder y conceder con altura, con gracia; podemos diferir con el prójimo y hacerlo de manera firme, incluso áspera, pero sin sacarle el corazón; podemos someter nuestras diferencias al escrutinio público; podemos, en suma, arraigar todas esas virtudes liberales que –admitámoslo– no nos caracterizan. (op. cit., p. 71).

26- ¿Qué dirían al respecto Álvaro Delgado y los amigos de Proceso y los críticos Jornaleros? ¿Cuál es su crítica de los ensayos Para salir de Babel y El mesías tropical? ¿Qué dicen los académicos universitarios? ¿Cuál es su presencia y su combate en la sociedad mayoritaria? ¿Por qué resulta igual de incómodo Roger Bartra y su crítica de izquierda a la izquierda? ¿Cuál es el clima crítico reflexivo que podemos crear entre todos con nuestras diferencias?

27- Yo prefiero admirar de más los atributos de Krauze, como admiré y sigo admirando a Octavio Paz, antes que practicar la mezquindad desde mi pequeñez. Son otros mis furores, no los ideológicos.

Qro. Qro.

Centro Cultural Gómez Morín.

Domingo 28-IX-2008.










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