Krauze y Camín y los dineros públicos

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–¿Corresponden los dineros recibidos a los trabajos y servicios realizados personal y colectivamente?
Bien a bien yo no lo sé.
Pero veo que sus trabajos visibles son de primer nivel. Diferencias políticas al margen. Que desde luego pueden y deben discutirse y ser sometidas a examen crítico, no panfletario. Son parte de nuestra cultura nacional y allende nuestras fronteras, guste o disguste.
Los dineros por publicidad son otra cosa. Los dineros de los medios que todos han recibido, unos más y otros menos, cosa que también puede y debe cuestionarse. Hay predilectos y marginados, igual que ahora.
¿Acaso La Jornada no ha recibido grandes o medianas cantidades de recursos (para sobrevivir, cosa que aplaudo) por parte de los gobiernos de Carlos Salinas a Enrique Peña? ¿Y ahora no recibe ni un peso del gobierno del patriarca? Por favor. Es uno de sus grandes micrófonos.
–¿Corresponden los trabajos teóricos, culturales y políticos, de análisis y reflexión, de difusión y publicidad, de Héctor Aguilar Camín y de Enrique Krauze a los privilegios públicos y privados recibidos?
Es la ecuación que habría que plantearse en serio. Investigar y evaluar rectamente. Sin juzgar de antemano. Sin sentencias absolutas.
Hasta donde sé, los trabajos de Letras Libres como antes los de Vuelta, de Nexos y Cal y Arena, de Clío, son bien pagados y son muy buenos. Y algo más: diversos y plurales. Libres y críticos, en general.
La cultura y la difusión social y política cuestan.
Nos hacen falta buenos empresarios culturales como buenos empresarios en general. Quiero decir: en equilibrio entre los servicios prestados y las ganancias obtenidas. Con humana voluntad de ganancia y voluntad de servicio, las dos son humanas.
Entre nosotros, ¿es un delito tener éxito empresarial y triunfar por el talento indudable aplicado, y no ser un prángana como yo –túélnosotros?
Protesto. Protesto. Protesto.
El poder ejecutivo se ha convertido en el poder judicial mediático. Cuando es quien debe ser sometido a examen ciudadano constante. Tiempos del patriarca.

Lo demás es envidia y resentimiento, el regreso de las anteojeras ideológicas de los falsos rrrevolucionarios. Que no matan ni una mosca ni echan a volar una idea que valga la pena. Más tóxicos que nutrientes. Perdón.
Por supuesto que estoy con Krauze y Camín frente a los pedorros del nuevo régimen que es el mismo viejo régimen revolcado y obsoleto. Perdón.
Los justicieros e inmaculados y los hombres de las manos sucias; ¡que les corten las cabezas! ¿Y el patriarca del sexenio? Sonriente en La Jornada.
Con mis saludos de luz democrática y falible, señor patriarca del sexenio. Fraternalmente.
Por cierto: Octavio Paz alguna vez fue el patriarca de la cultura mexicana. Y fue demolido y quemado en efigie. Y hoy persiste en México y el mundo.

Posdata: “Las manos sucias” de Sartre, habla Hoederer:
–¡Cómo te importa tu pureza, chico! ¡Qué miedo tienes de ensuciarte las manos! ¡Bueno, sigue siendo puro! ¿A quién le servirá y para qué vienes con nosotros? La pureza es una idea de faquir y de monje. A vosotros los intelectuales, los anarquistas burgueses, os sirve de pretexto para no hacer nada. No hacer nada, permanecer inmóviles, apretar los codos contra el cuerpo, usar guantes. Yo tengo las manos sucias. Hasta los codos. Las he metido en excremento y sangre. ¿Y qué? ¿Te imaginas que se puede gobernar inocentemente?
–Tú conviertes todo en cuestión de principios.
–Tú no quieres a los hombres, Hugo. Tú sólo amas tus principios.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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