Julio Scherer García y la disputa por la opinión pública

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Palabreo en el sexto aniversario luctuoso de Julio Scherer García (1926-2015). Tras releer aquí y allá su prosa punzocortante, bien afilada, lista para cortar, sin florituras. No juega con las palabras. Bisturí de corte fino y preciso, roca de golpe seco. También sabe exponer sus faltas, sus caídas, sin atenuantes. No se esconde tras las palabras, es visible su humana humanidad. Su amor incondicional por los suyos y sus amigos. Sus querencias y sus dolencias.

Tampoco confunde el reportaje del periodista con las memorias del hombre. La mirada de pajarraco carnicero con el yo agradecido. El testigo de su tiempo y el testigo de su vida. La terca memoria (2007), Vivir (2012), Estos años (1995), Los presidentes (1986), Cárceles (1998), La Reina del Pacífico (2008).

Escultor de prosa golpe tras golpe, palabra tras palabra. Sabe guardar y acumular silencio y estallar en una palabra, una línea. Sin humedades. Fajador y estilista. Amoroso sin ataduras cuando tiene que ser.

Pero esta vez y aquí no se trata del periodista, el reportero y el memorioso, sino de la disputa de la opinión pública en tiempos del patriarca del sexenio y la Sagrada Familia de la 4T. La pelea de varios medios de nuestro tiempo, entre ellos Proceso.

El imperio de la opinión pública no reside en la casa del poder, sino en las calles y plazas públicas de la sociedad abierta.

El presidente en turno puede representar más o menos la voluntad popular, pero no la opinión pública de las mejores cabezas y conciencias de la ciudadanía: escritores, intelectuales y periodistas, entre otros, artistas, científicos, activistas sociales, líderes civiles, etc.

La narrativa real, verdadera y compleja de la res pública no es monopolio del púlpito del poder instalado en Palacio Nacional, por más que lo dispute y pretenda el patriarca del poder. No, las múltiples narrativas vitales y que en verdad cuentan, están fuera y frente al monopolio del verbo del poder actual.

Si bien en tiempos del Excélsior de Scherer García y en la primera década de Proceso los críticos punzantes del poder podían contarse con los dedos de una mano, hoy por fortuna no alcanzan los dedos de ambas manos para nombrarlos en los diferentes y variados medios de opinión nacionales y locales.

¿Cuál es la función central de la opinión pública? No por cierto agradar al poder ni alabarlo, sino cuestionarlo, revisarlo, vigilarlo, dudar de lo que dice y hace, exigir cuentas transparentes, levantar acta ciudadana.

Ejercer la mirada crítica en libertad a partir de la información y el conocimiento disponibles. Decir lo que no se dice desde el poder. Poner un poco de luz en las recámaras oscuras de los poderosos, como hizo Scherer García en sus libros.

Si el presidente Benito Juárez fue confrontado, cuestionado y criticado por las mejores plumas de su tiempo, ¿por qué no habría de serlo el presidente Andrés Manuel López Obrador?

Naturalmente en nombre de la libertad, la crítica democrática, la diferencia ciudadana, la justicia, la igualdad, los derechos humanos, la diversidad sexual, valores todos que frecuentemente chocan entre sí. ¿Cómo no habrían de chocar democráticamente frente al poder?

La narrativa real del estado que guarda el país no se hace en Palacio Nacional; vive y palpita en la plaza pública.

Finalmente pienso que López Obrador necesita enemigos identificados para pelear y sostenerse entre sus simpatizantes; es un buen luchador, pero no es un buen constructor ni un restaurador de la democracia.

Sobrado, le hacen falta dos tres contrapares. Si no los encuentra ahora, lo serán la historia y el tiempo. La crítica y la muerte tarde o temprano nos emparejan a todos y nos ponen en nuestro sitio. Las estampas bonitas se rompen, el río de palabras se seca, los dioses cambian, sólo quedan las experiencias vividas, la actitud y los hechos bien hechos.

La única salvación en el mundo es la vida de los otros aunque sean adversarios.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Un Comentario en “ Julio Scherer García y la disputa por la opinión pública”

  1. NOTA bene
    –Por un extraño poder, perdí el número histórico de mi celular. El nuevo número de mi frijolito básico es ahora el siguiente: 442-492-07-36. Favor de guardarlo, por si les interesa en algún momento comunicarse. Gracias.
    Julio Figueroa.
    Q, Presidentes, 14-I-2021.

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