Juaritos (9)

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Javier Sicilia y la Caravana del Consuelo recorrieron medio país y más de 1500 kilómetros para hacer visibles y encontrarse con muchas de las víctimas de la violencia criminal que azota a México desde hace varios años. No es poca cosa salir del dolor personal y abrazarse y consolarse con el dolor público de nuestros semejantes. En una sociedad profundamente individualizada, egoísta, dispersa y fragmentada, el encuentro del yo con el nosotros es un acto de amor cristiano radical: va hasta la raíz de los otros nosotros.

No diré más, cuando ya lo dijo insuperablemente el inmortal poeta:

 “…la vida no es de nadie, todos somos

la vida –pan de sol para los otros,

los otros todos que nosotros somos–,

soy otro cuando soy, los actos míos

son más míos si son también de todos,

para que pueda ser he de ser otro,

salir de mí, buscarme entre los otros,

los otros todos que no son si yo no existo,

los otros que me dan plena existencia,

no soy, no hay yo, siempre somos nosotros…”

Javier Sicilia y la Caravana Nacional Ciudadana no recorrieron el país hasta Ciudad Juárez para tirar el gobierno de Felipe Calderón y cambiar el régimen. No. Digamos que simplemente fue un acto de conciencia crítica y de amor que apela a la fraternidad y la crítica de las conciencias políticas y ciudadanas. Aunque sea inútil este acto de conciencia. Yo celebro y aplaudo y estoy conmovido con el viaje de Sicilia y demás dolientes hacia los otros nosotros. Gracias.

El hecho histórico nacional juarense ahí queda. Hay que hacer lo que se puede hacer y nos toca hacer por inútil que sea. Para mí esta es la gran enseñanza moral y política del ciudadano poeta cristiano Javier Sicilia (México, 1956). Gracias, querido Javier.

Nunca vi personalmente a Javier Sicilia en Juárez. Nuestros viajes y nuestros Juárez fueron distintos. Eso es todo.

La cobertura que pude ver en la prensa escrita y la televisión locales de Juárez fue muy buena. Y sin embargo, hay que decirlo, la Caravana Ciudadana del Consuelo y Javier Sicilia apenas si tocaron a la sociedad juarense mayoritaria. Los intereses ciudadanos están en otra parte: en la lucha feroz por la vida en medio de la inseguridad y la falta de oportunidades y soluciones. Sicilia y la Caravana, me lo dijo una periodista, fueron un viento fresco que llegó y pasó por el desierto entre los calores de junio. La vida atroz continúa.

Ciertamente son demasiados puntos del diálogo abierto realizado, en la discusión en las mesas de trabajo, los anotados en la relatoría de Juárez y los reunidos finalmente en el llamado Pacto Nacional Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad. Muchas razones (sin duda buenas y discutibles) y muchas abstracciones difíciles de aterrizar.

Los cambios nacionales y mundiales no se hacen con las consignas más radicales plasmadas en el papel. Sólo las ideas verdaderas encarnan acciones y resultados verdaderos. Palabra de palabrero rodante.

A Ciro Gómez Leyva, quien estuvo en Juárez, le asiste no poca razón en su artículo del lunes 13: “Dejen de gritar pendejadas, por Dios” (Milenio Diario, 13-VI-2011, p. 13). Hay que dialogar y discutir con todos con lucidez, no con gritos, mentadas, descalificaciones y consignas emocionales. Allí empieza la madurez.

Al paso: en los días de Juárez pude ver en la telera del Hotel Imperial la programación de Milenio Televisión, y me gustó, gustos y preferencias aparte. Una programación ágil y crítica y atenta. Diferencias incluidas. Conclusión: hay que leer La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, Proceso, Letras Libres, Nexos, Libertad de Palabra, Plaza de Armas, Tribuna de Querétaro… no sólo la hojita parroquial de nuestra cofradía.

No sé lo que suceda en las derechas, pero las izquierdas que no hacen su trabajo real que les toca hacer y sólo saben colgarse de los Sicilia, Obrador, Marcos, Cárdenas, Che Guevara, Marx… nos sirven para un carajo. Hay que pensar y hacer y crear por cuenta propia y con los otros.

¿Cuál es la causa de tanta violencia criminal en México? No lo sé. Sólo sé que los criminales y el gobierno en turno no son los únicos responsables. Pienso en ese extraño poder maligno que entre todos creamos, se nos escapa a todos y a todos nos golpea. El extraño poder de la historia y de la vida. Ese Mal que anida en el Bien, y el mundo donde se entabla su feroz lucha. No lo sé. Somos nosotros. El tejido social infame.

Juárez no sólo es el símbolo del epicentro del dolor y la impunidad en México; es también una realidad viva y compleja en la que se lucha, se afana, se ama y se trabaja. Se sueña y se muere. Yo lo vi desde adentro.

Flores para Ciudad Juárez.

Las flores del francés, monero y sabio, Edmond Baudoin (autor junto con su amigo Troub’s de Viva la vida: los sueños en Ciudad Juárez):

–En Ciudad Juárez habitan 1.5 millones de personas, no un millón 500 mil sicarios. A los sicarios nos los vemos. / Sí a los otros. ¿Quiénes son los otros?

–En Juárez hay jóvenes que quieren todo al mismo tiempo, porque el dinero es fácil. El dinero, las drogas, las armas. Quieren todo, como si tener todo les ahorrara la muerte. Pero hay personas que ganan menos de 200 dólares al mes y sueñan con amor, paz, un trabajo mejor para sus hijos, y caminan por la calle y ven a los chavos en enormes camionetas blindadas. ¿Cómo vivir eso? Eso es la confrontación en Juárez. Es la muerte.

–Es la vida. Si la muerte se convirtiera en algo más importante que la vida entonces ya valió gorro todo. La muerte siempre está. Eso no es nada nuevo. Pero retratar a las personas de Juárez me hace pensar en esa imagen de una calle de cemento en el que crece una florecita entre las grietas. (La Jornada, México, 13-V-2011).

¡Viva la vida y muera la muerte en Juaritos y en todo México!

Amén.

Junio 2011.

juliofime@hotmail.com

 










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