Juaritos (8)

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El Río Bravo en junio y en Juárez es un charco seco. No emociona. Decepciona. Óscar me enseña el sitio donde hace poco la migra baleó y mató a un niño que los provocaba. Deprimente. Cruces por todos lados. El Paso del Norte tampoco me impresiona, el puente, el otro lado, no hay gringos aquí, puros mexicanos, soldados, gente yendo y viniendo a pie (3 pesos el cruce del puente sobre el Bravo seco) y autos sólo en sentido hacia Estados Unidos.

Ver desde el puente hacia los dos lados, ¿cuál es la diferencia? Allá hay más edificios altos, hay orden, limpieza, disciplina, ley… dicen. Acá pulula el caserío y el desorden, tierra sin ley. Y sin embargo, ¿por qué vienen los norteamericanos y los europeos a nuestro país? ¿Qué buscan en México? ¿Cuál es la diferencia del sentido de la vida allá y acá?

La Av. Juárez es apenas un conjunto de 5-6 cuadras que van del centro de 16 de Septiembre a El Paso del Norte. En las orillas anchas: bancos (allí está el Santander), casas de cambio, hoteles, centros nocturnos, bares, negocios cerrados o abandonados, pordioseros (es donde más vi, ¿me da para un burrito?, no he comido), restaurantes solitarios, baldíos a los lados… Me dicen: antes, aquí, a la medianoche parecía que era mediodía; mire ahora, es un desierto. Se fue el turismo. / Varias veces recorrí de ida y vuelta esta avenida, hoy deprimente, con la nostalgia de lo no vivido. Ya no hay fiesta sino velorio.

Ayer estrangularon a un cuate a cien metros de aquí y nadie lo auxilió, ni los militares que aquí están ni la policía federal. ¿Vigilan y cuidan a los ciudadanos o al Estado?

No se anda entre muertos, pese a todo, sino en el caos desolado que todavía se mueve con la vida.

–En mi sueño ideal y en mis sueños nocturnos sólo pido una cosa: que haya trabajo para mis hijos, no los maten y no tengan que irse a otra parte.

Los rondines constantes, en vehículo y a pie, de la policía en el centro (federal, municipal, única) son parte del paisaje urbano móvil. Sin duda es necesaria esta fuerza del orden. Pero ¿es más una apariencia que amedrenta a los ciudadanos comunes, que una fuerza efectiva contra los grandes criminales? Todos lo dicen: regularmente agarran a los mugrositos pero no a los tiburones.

En Juárez hay dos magníficas estatuas de Tin Tan que son dos verdaderas obras vivas. Nadie las ve. No hay turistas y los locales están demasiado ocupados en otras cosas de la vida. Es una lástima y da una tristeza infinita.

Su Placita de Armas con sus montones de gente matando el tiempo, pensando, soñando, armando la transa del día en la fábrica del sueño americano, es a mis ojos deprimente y procuro no verla ni pasar por ahí. Tedio y tristeza en la plaza y movimiento en las orillas. Yo me iba siempre de lado. No vine a recoger los sueños rotos tirados en el basurero. Ahí andan los de TV Azteca.

El sol radiante que nadie ve en Plaza de Armas. Allí está Germán Tin Tan Valdés (1915-1973) plácidamente sentado en la fuente de piedra con agua mugrosa, fumando puro y pensativo, con el gesto adusto y su inconfundible vestimenta del pachuco de los 40-50 del siglo (¡pasado!) XX. Tin Tan en un bronce dorado espléndido. Y nadie lo ve ni platica con él. Ya lo dije diez veces: no hay turistas ni nacionales ni extranjeros. Nadie se toma la foto con Tin Tan. Ni yo.

A mi regreso le platico esto a Leonardo Peñaloza y me regala esta idea cañón:

–¿Te imaginas la escultura de Ana Luisa Peluffo, semidesnuda eróticamente, a la entrada de la Alameda queretana por la puerta central de Zaragoza con Vergara? Jajajajaja. Todos nos tomaríamos la foto con la Peluffo. Yo el primero. Jajajaja. ¿Qué gobernador y/o presidente municipal se atreverá a ponerla?

¡Como la hermosa mujer desnuda tirada en el piso en el Jardín del Arte!

–Los sueños son el condimento de la vida. (Libro de Baudoin).

Mercado Juárez. Es o más bien era como el Garibaldi chilango de la frontera. Aquí venían los gringos a putear, emborracharse, comprar de todo y hacer sus desmadres con sus dólares. Hoy veo más puestos cerrados que abiertos. No hay clientes. Es una tumba. Esto es Juárez.

En una esquina del Mercado Juárez está la otra estatua viva de Tin Tan. El artista está de pie pavoneándose, con gracia. El pantalón ancho y aguado, el saco largo, las manos en las solapas, con estilo, la cadenita colgando del bolsillo, el cabello envaselinado, el sombrerito de padrote… Y sobre todo, el paradito y la expresión del rostro: es el pachuco desafiante de todos los estilos de vida de la primera mitad del siglo XX. Es una estatua con alma, es un bronce con vida, palabra. Tristemente Tin Tan está solo con su gesto pachuco y ya no hay placa del monumento: se la volaron los malandros. No hay fotos ni turistas.

En toda la semana que estuve en Juárez sólo vi un gringo. Por el Osito Bimbo. No miento.

Nos pueden gustar o disgustar los gringos. Pero ¿se imaginan a San Miguel de Allende sin gabachos? Así está Juaritos: una tumba sin dólares ni trabajo, y sin embargo vive, está en pie y en movimiento. Se habla de una baja en el turismo de un 60 y un 80 por ciento.

–¿Cómo encontrar una salida a esta puta vida sin que sea la puta muerte?

–La muerte no es el infierno. El infierno es la vida.

–Juárez, del burdel texano al panteón mexicano.

–La vida es sueño y Juaritos es un sueño roto, desmoronado, arrugado, transformado en pesadilla.

–Yo ya no tengo sueños, sólo pesadillas. (Libro de Baudoin).

Unos dicen que los turistas dejaron de acudir a Ciudad Juárez poco después del derrumbe de las Torres Gemelas en 2001. Otros machacan que todo se agravó con el gobierno de Felipe Calderón a partir de 2006, con su guerra justa pero mal practicada contra el narco y el crimen organizado. Lo cierto es que la violencia se incrementó en los 2000 y el turismo se esfumó. ¿O los huesos en el desierto de las mujeres juarenses suceden desde los 90?

Juárez, antes rebosante de turistas, hoy es un pozo sin dólares. La ciudad del vicio y del placer destruida sin la creación de la ciudad del trabajo, el orden y el progreso.

Ahí está la Verdad de la Biblia en lo alto de la Montaña Sagrada. ¿Y la vida? En los suelos desmoronada.

Juárez, Juaritos, primero ves la vida y el movimiento, los afanes de la gente en sus ires y venires en el centro de esta frontera norte; luego surgen la angustia, el miedo, el estrés, el desempleo, los negocios sucios y los negocios quemados, la falta de risa entre los ciudadanos y la presencia impune de la muerte en todo su negro esplendor.

En Juárez todo el mundo invoca a Dios como un valor sagrado absoluto, pero no creo que se viva en él como una práctica cotidiana de vida. Igual sucede con la palabra democracia entre los políticos. Todos nos llenamos la boca con esas grandes palabras: Dios, democracia, familia… Grandes conceptos invocados y malas formas de vida. Grandes emociones y pobres resultados.

Dios, democracia, familia… muy cerca de la boca y muy lejos del alma y de las manos creadoras.

–Desenfunda el corazón y dispara contra las sombras y el miedo. Luz, más luz, pura luz. Grandes pensamientos y acciones imperfectas.

Juárez a 39 grados centígrados estos días y los predicadores del tiempo dicen que habrá temperaturas por arriba de los 40. Y en febrero pasado estuvieron a 10-15 grados bajo cero. Los extremos de Juárez. Dos horrores, el frío y el calor. Y el miedo, la inseguridad, la violencia extrema.

Por donde ando no hay niños jugando en la calle. No sólo por el calor; no hay espacios para jugar. Sólo solares baldíos como en la rola del Rockdrigo.

Hay Internet gratuito para todos en los jardines públicos. Gracias a Telmex y el gobierno local, dice la publicidad. Pero donde anduve hay pocos jardines y yo no vi a nadie con su computadora usando este servicio. Sería por la hora y el lugar. No sé.

Juárez me recuerda a veces a Guaymas: el adefesio (lo viejo comiéndose a lo nuevo) que se hace bello por su nostalgia del tiempo ido.

No vi perros ni oí gallos en la zona del centro. Sólo una vez, desde el hotel, vi a un perro famélico llevando en el hocico a una gato escuálido.

–Sueño con ver la ciudad tranquila y pasearme sin tener miedo. (Libro de Baudoin).

Vuelvo por equivocación a la Placita de Armas juarense para oír al loco predicador de la palabra de Dios que nadie (absolutamente nadie, a pesar de estar llena la placita) escucha. La gente está allí y está en otra parte. Tin Tan sigue sentado pícaramente en la fuente mugrosa. Iluso de mí, después de platicar con Tin Tan, trato de conversar con el evangélico. Me mira pero no me ve. No me pela. Baudoin tiene razón: esos locos de Dios sólo hablan con Dios, no con los simples mortales a los que quieren convencer. Ellos van solos con su Dios y nosotros sin Dios.

Vi a un paria beber agua de la fuente mugrosa.

–Mi sueño es una nueva casa, un nuevo Juárez, otra alma. (Libro de Baudoin).

Las putas van a misa como los malandros imploran a Dios y a la Virgen salir vivos de sus matanzas.

–Quiero terminar de aceptar lo que soy. (Libro de Baudoin).

Sin sublimación no hay cultura. Pero no es lo mismo sublimar que reprimir. La sublimación usa y trasciende las pulsiones primarias; la represión las mata y las entierra en el subsuelo psíquico, hasta que tarde o temprano explotan con más fuerza.

La Catedral es espaciosa pero sin gracia. Dos tres veces entré a ella más a descansar del calor que a otra cosa, salvo cuando acompañé a misa a Sandra (estaba llena la iglesia a las 7, unas 300 gentes). Lo mejor son sus amplios vitrales del costado izquierdo. Su luz es hermosa. Yo estaba en otra parte. En el día vi viejos durmiendo.

¿Podré procesar todo esto? Un mar de notas en las manos, una cordillera de imágenes en los ojos y un chorro de voces en el coco quieren volverme loco.

Escribe desvergonzadamente, me repito, o rompe todo si no queda bien, me digo.

–Quiero capturar con la música (escritura) todo aquello que he vivido. Capturar lo que se vive en Ciudad Juárez. Esa mezcla de violencia y esperanza, de cambio, dice Almitri. (Libro de Baudoin).

Mi sentimiento íntimo al segundo día: estoy totalmente desbordado por la vida y las palabras, no por la muerte y el miedo.

Con los pies destrozados y la cara renegrida de tanto caminar y caminar. Ya dije que fui dos veces al puto Sanborns, lejísimos, a comprar los putos periódicos nacionales. Adicto a la prensa. Un día cheleando y otro día tomando las riquísimas aguas frescas bien heladas de Las Michoacanas.

La placa en el centro que nadie lee. Donde estuvo hace poco Calderón. Resguardado por cientos de militares:

–Centenario de la toma de Ciudad Juárez.

–Juárez es la nostalgia por el terruño, ansiedad por comprenderlo. Desde su génesis, es el encuentro y la amalgama de las culturas, la condensación de muchas matrices en un solo sitio. Es la indómita tierra de libertades, amigable y generosa, el anticipo de los cambios o el territorio para los ensayos. Es la frontera que se borra y reaparece a nuestro paso: la ciudad que irá con nosotros, siempre.

–Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de la República. / César Duarte Jáquez, Gobernador del Estado. / Héctor Murguía Lardizábal, Presidente Municipal. / 1911-2011.

Me cuenta un taxista:

–Cuando sale un político a la calle en su vehículo, chingos de carros van con él escoltándolo. Como cuando vino hace unas semanas el presidente Felipe Calderón y, desde tres días antes, chingos de soldados resguardaron la zona. Qué chingones. Yo quisiera verlos andar en Juárez como uno, solo y su alma, sin escoltas. Qué cabrones. Yo he sufrido tres asaltos.

¿Hace falta decir que los juarenses invocan más a Dios que a Calderón? Pero no viven en Dios ni menos en Calderón. Diario vi convivir el bien y el mal revueltos en la misma calle. Diario toque a las tres puertas. El vicio y el trabajo y la vida, y los cigarros a 15 varos, a quince, a 15. ¡Todavía estoy vivo con el asombro de estar vivo!

–The Last Round. Si en algún tiempo Juárez fue el gran burdel de Texas, hoy es el gran cementerio mexicano, me dice un periodiquero. El gran matadero, agrega otro. El gran putero sin dólares.

–A pesar de los federales, los políticos, el desmadre y el matadero, Juárez, Juaritos, yo te quiero, implora una viuda.

–Mi sueño es terminar con todas las preguntas que me hace la vida… y dejarme ir… (Libro de Baudoin).

Las calles andadores Velarde y La Paz son las más populosas en pleno centro. Un hormiguero humano entre un enjambre de comercios. Después de las 6 de la tarde se van vaciando y a las 8 son un desierto. El desierto del amor y el miedo a la muerte. A los federales y a los criminales. Y entre ellos los simples ciudadanos: túyoélnosotros.

La Piruleta:

–Soy un bombón. La vida es una rajada de madre. Ya no quiero ser tan cabrona. Esta calle chorrea semen, sangre, droga y alcohol. La pura transa, chilango.

Desbordado. ¿Podré decir algo que valga la pena? Trato y trato y trato…

¿Quién manda en Juárez? Pues quién, señor, qué no ve… ¿Estado virtual de sitio o Estado criminal de facto?

Mil historias juarenses me desbordan.

Junio 2011.

juliofime@hotmail.com

www.dialogoqueretano.com.mx

(Ver fotos)

Tin Tan en Ciudad Juárez todavía con placa

19 de septiembre 1915 – 29 de junio 1973










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