Juaritos (7)

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SANDRA

Su piel y sus ojos son de un verde aceituna felino. Cejas pobladas, mirada recta de fuego. Estatura mediana, 38 años. La conocí en la barra de la barra atendiendo la barra y la caja. Era temprano y me tomé unas cervezas e hicimos contacto y circuló corriente. Conversamos ampliamente. Había dudado en entrar a ese lugar y fue una fortuna haberlo hecho.

–Mira, para mí la vida es este instante pequeño que está pasando sin darnos cuenta. Yo trato de atrapar cada hora, cada día, cada momento de mi vida, sabiendo que no volverá jamás. Con los ojos bien abiertos, aunque duela la vida. / Mi sueño es ver otro México distinto; un Juárez donde podamos vivir sin sobresaltos, con trabajo, el que sea, lícito, con la seguridad de que sales y regresarás a tu casa, y fabricar y soñar una vida mejor entre todos y para todos: con placeres y con quehaceres. Sin miedo y sin tantas muertes violentas. / También tengo otros sueños, pero los guardo dentro de mí. Todas las putas quieren contar su vida; yo no te voy a decir la mía. / Soy de Monclova y por ahora estoy aquí. No sé dónde estaré mañana. Estudié hasta la prepa. No seas tan preguntón. ¿Otra Laguer?

Estoy vivo y feliz en la barra de Sandra… (Al otro día conocí su casa: dos cuartos con baño y cocina. Me trago algunas palabras que anoté entonces). La conocí el viernes al mediodía (la vi en la calle y luego con sorpresa en el antro) y la pasé con ella la tarde de ese día y las mañanas del sábado y el domingo. Con ella conocí al vividor de Óscar y al tío guardián Cayetano. Y a otra putita deliciosa, Alexandra. Y otras sombras merodeando por ahí. Su bar fue para mí punto de referencia y piedra de toque. Platicamos bonito, ella para no aburrirse y yo para aprender de ella. Se tomaba unas copitas de anís con un chorro de tequila. (Me invitó y me gustó). Y una jarra de agua fresca con hielos. Por razones obvias omito el nombre del bar. Sandra es actualmente la encargada de la caja. Así que tiene una categoría especial y un conocimiento privilegiado de las cosas. Mucho rollo.

–Juaritos no era así antes, pero en los últimos tiempos todo se ha descompuesto. / Sí, todas las barras pagan una cuota; quien no paga se muere, te levantan, te desaparecen, se meten con tu familia, te queman el changarro. / El gobierno y la policía tienen los ojos ciegos, los oídos sordos y las manos puercas; muchos de ellos son parte del negocio, aunque no quieran, si no le entran también sufren las consecuencias. / Aquí cobra una chava los lunes. / En Juárez hay mucho trabajo sucio. / Yo creo en Dios, pero no podemos dejar en sus manos nuestra vida ni culparlo de todo lo que nos pasa. Creo en el libre albedrío que nos vamos forjando con los años. / La verdad, aquí todas puteamos para cumplir el día y sacar para la papa. / Yo tenía un bonito novio que quería mucho porque era preparado, como tú, y me trataba bien; lo mataron hace menos de un año. / En Juárez morir violentamente o simplemente desaparecer es algo común y corriente. / Las autoridades están desbordadas e involucradas en los asuntos delictuosos, no son confiables, para nada. / Yo aquí estoy de las 2 de la tarde hasta las 2 de la mañana. / No, hay gente que nos protege, por eso pagamos. / En las mañanas yo trato de hacer una vida normal, voy al mercado, hago mi comida, veo a algunas amistades. / Descanso los martes; este martes voy a ir a El Paso. / Allá es otro mundo; todo limpio, todo ordenado, si te pasas un semáforo inmediatamente te multan. / Prefiero México, me gusta más México. / Aquí todo es veloz e incierto…

Las putas no tienen familia; tienen clientes e hijos que mantener. No es cierto, sí hay familia, me corrige Sandra, una familia rota, bizarra, nada convencional. Una aspiración familiar, al menos.

–Es una familia con pedacitos diversos de afectos y relaciones sentimentales. Compuesta con cachos de aquí y allá: una abuela, un tío, una prima, una amiga, un vecino, un amante generoso… Todas queremos tener una familia. Aunque no lo logremos nunca o tengamos familias rotas, truncas, bizarras. Tú ahorita eres parte de esta familia efímera, con Óscar, tío Cayetano, Alexandra… Por eso estás aquí. Tu entrevista y tu crónica nos importa un comino. Pero como dices tú con tus bonitas palabras, hay este deseo humano de comunión. Mitigar entre todos nuestra profunda soledad en medio de tanto vicio y desmadre. Oxigenarnos unos a otros la vida.

ÓSCAR

–La vida es una esfera sin orillas, gira y gira y nunca estás en puerto seguro. Resbalas por todos lados. Soy viudo. Perdí a mi mujer en el parto de mi hija y perdí a mi hija un día antes de que cumpliera 13 años. Por eso bebo. Vivo en El Paso. Allá la vida es muy aburrida. Aquí olvido mi soledad, con Sandra, Cayetano, Alexandra… Soy o era locutor deportivo en el radio y todavía hago algunos anuncios comerciales. Tengo una pensión y otras mañas. Amigo Julio, lo más importante de las personas no está en su aspecto físico sino en su alma. El amor es una palabra muy corta y un sentimiento muy hondo. Tú y yo, dos caminos distintos con el sentido de la comunicación, o como dices tú, de la comunión. Gracias por estar estas horas con nosotros y que Dios te ilumine. Hoy es mi cumpleaños, 11 de junio, mira mi credencial, 56 años. ¿Me invitas otra cerveza? Soy de Parral y sueño con poner, algún día y en algún lugar, una Casa Hogar para niños abandonados.

TÍO CAYETANO

50 años, bien parecido, bigote bien cortado, pelo entrecano, bien peinado, delgado, bien vestido con discreción, de pocas palabras y muy observador. Ex policía. Es el guardián del antro y es como el papá de varias chicas, y por eso lo llaman tío. No toma ni fuma. Es un asceta y está fuerte. Sus respuestas:

–Hay que vivir con los cinco sentidos bien despiertos, son maravillosos, no hace falta más, ni drogas, ni alcohol, ni sexo. / Mi sueño ya lo cumplí, se lo prometí a mi madre antes de que muriera: salirme de la policía y poner un negocio con mis hermanos. Medio mundo en Juárez paga cuotas y la policía es tan asquerosa como los criminales. Muchos de ellos consumen más droga que tortillas. / Soy juarense por decisión. Hay que vivir sorteando los problemas y no hundirse en ellos. Sí han bajado un poco las muertes violentas en Juárez. Antes morían en promedio más de diez al día y hoy menos de diez. Sí es un peligro vivir en Juárez; la vida es un peligro.

ALEXANDRA

Es una putita que hace el tuvo maravillosamente. Yo la vi a las 3, 4 y 5 de la tarde. Lentamente se va desnudando y te enseña sus cositas para que te las comas con los ojos. Y te la quieres comer entera. Fue a la primera que conocí y rápido hicimos plática. 20 pesos la cerveza del cliente (yo, Laguer) y 40 la de las chicas. 12 pesos las sodas, invito al tío. No me dolió invitarlos dos días. Alexandra, en el tubo sus nalgas y sus senos son sensacionales, y en la mesa es tímida y ríe como una ardilla. Me dijo:

–Me gustas porque te gusta platicar y no eres como todos que nomás quieren estar tentoneando (y me hizo unas señas muy expresivas con sus manos, jajaj). Jajjajja. No acabé ni la primaria y tengo dos hijos de diferente padre. Creo que la vida es no dejarse caer, aunque caigas, y seguir adelante con tus errores y tus vicios. Mi sueño… encontrar otra forma de vida, pero no sé hacer nada, más que enseñar las chiches y mover las nalgas. La verdad no me disgusta esta vida, no, no siento nervios al subir a bailar, me gusta provocar a los hombres. Cuando menstruo también bailo, no hay problema, sólo que ese día no enseño los pelos, jajjajjajj. Soy de Fresnillo y estoy aquí desde hace dos años. Sí es dura la vida. Hoy me muero de cansancio y de sueño. Ayer hubo un buen jale y me acosté a las 5 de la mañana.

VIDAS SATÉLITES

Cinco soledades que de pronto se abrazan y luego se esfuman para siempre. Hablamos mucho porque sabíamos que era nuestro único punto de encuentro. Cinco satélites que por un instante se cruzan sus órbitas en el espacio infinito vacío, y luego… nada.

SANDRA Y EL PALABRERO

¿Qué escribes?

Bagatelas.

¿Te gusta Juárez?

Sí, y por ti me gusta más.

¿Eres casado?

Separado.

¿Tienes hijos?

Sí, ya grandes.

¿Qué te trajo a Juárez?

La Caravana del Consuelo de Javier Sicilia.

¿Eres periodista?

Palabrero.

¿Eres feliz?

No, me falta algo…

¿Qué?

Algo, no lo sé bien.

¿Aparte de escribir qué haces?

Nada, vivir…

¿Qué es para ti la vida?

Hacer lo que me toca hacer y empalabrar los días.

¿Cuál es tu sueño?

Jajajajaj.

El amor.

¡¿El amor?!

El amor y el deseo.

¿Te gusta vivir en Querétaro o quisieras irte?

Puedo trabajar allí; no podría hacerlo aquí en Juárez.

¿Te gusto?

Me gustas.

¿Me deseas?

Te deseo.

¿Quieres abrazarme?

Ven, mamacita…

(…)

¿Me acompañas mañana a misa?

Te acompaño mañana a misa.

¿Cuándo te vas?

El martes.

¿Volverás un día?

No lo creo, pero tampoco es imposible.

¿Qué te gusta de mí?

Tus ojos, tu mirada, tu voz, tus pechos, tus nalgas, tus piernas… tu sensibilidad a flor del alma.

¿Te gusta seducir con las palabras?

Seducir y picar, las tres cosas.

Jajajjajajjaja.

¿Quién es Javier Sicilia?

Un mexicano doliente con conciencia crítica.

¿Por qué vino a Juárez?

Para abrazarse y consolarse con otros semejantes dolientes.

¿Le mataron a su hijo?

Sí.

¿Es un político?

No.

¿Nos vemos mañana temprano?

Sí, dime a qué hora.

¿Puedes a las 7?

Sí, a las 7.

¿Ya te vas?

Me tengo que ir.

¿Qué vas a hacer ahorita?

Trabajo de gabinete en el hotel.

¿Qué es eso?

Revisar mis notas, ver los periódicos, hacer apuntes.

¿Te gusta tu trabajo?

Por las palabras estoy vivo.

¿Sabes que me caes bien?

Tú también.

Bueno, adiós.

¿Puedo darte un beso?

Puedes…

(…)

EPÍLOGO

Para los mirones y preguntones, dos veces hicimos el amor, rico y suavecito y salvajemente.

Nel, no fui a Ciudad Juárez a coger, vine a palabrear la vida.

No escribo para santos ni vírgenes, lo siento.

Nadie se salva solo, sólo con los otros, y todos vamos solos.

–¿Por qué tenemos que quedarnos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. (…) Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa. (Haruki Murakami, Sputnik, mi amor, Tusquets Editores, México, 2006).

Junio 2011.

juliofime@hotmail.com










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