Juaritos (4)

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¿Qué veo desde el camión urbano que va por toda la Vicente Guerrero rumbo a la zona de hospitales, Sanborns, bancos, hoteles, McDonals, y por ahí cerca la llamada Zona Dorada, y regresa por todo 16 de Septiembre hasta la Catedral y cruza el centro? (Otro día que volví a ir al Sanborns hice este mismo recorrido a pie). Un Juárez asoleado y desolado. Con calles rectas y bien trazadas pero solitarias. Como si fuera una ciudad fantasma y todo el pueblo estuviera en el centro.

Negocios cerrados, negocios abandonados, negocios quemados. Solares y edificios desiertos. ¿Dónde está la vida? ¿El movimiento del comercio? ¿El trabajo, la esperanza, los sueños, la realidad y el deseo? Parafraseando a José Emilio, ¿en dónde está lo que pasó y qué fue de tanta gente?

Regresé a mi hotelito cerca de las 7 y encontré medio centro desierto. Compré mis burritos y unas Tecates y me fui a mi habitación. ¿Qué hice? Muchas cosas a la vez. Televisión local, noticias, programas, periódicos locales, PM, El Diario de Juárez, El Mexicano, mis notas y apuntes personales, el maravilloso libro del monero sabio Baudoin, y ver a Juárez desde la ventana del segundo piso del hotel: una ciudad de geometría irregular y caprichosa: como si enfrente los edificios fuesen cubos, rombos, cilindros, triángulos, sobrepuestos, mal acomodados… Una ciudad geométrica de ciencia ficción. Domina el mosaico verde, sin árboles, sin pasto, puro cemento y vidrio y desolación; y el sepia, el gris, el vacío. No lejos la vía del tren y el pito del ciempiés fantasma de hierro. Y el estruendo de los camiones pasajeros, el pedorreo de sus mofles, luego el rechinar de llantas, y a deshoras y a lo lejos las sirenas de la policía, y sus carros que se meten en sentido contrario por donde quiera. Domina el silencio de los cementerios. Y el sitio de taxis enfrente que dura toda la noche, aunque haya poco pasaje. Flores amarillas tristes bajo la triste luz nocturna. Y las docenas y luego cientos de personas que empiezan a hacer cola en el Centro de Salud desde las 4 de la mañana. A las 7 ya es otra vez un hervidero de gente y la temperatura ya pasa los 20 grados.

La constante detención de vehículos y su revisión. Pero unos sí y otros no. ¿Cuáles sí y cuáles no? Aquí entra la suspicacia y la duda. Igual con los peatones que detienen. Estos sí, aquellos no, ¿por qué? ¿La red no es pareja y está rota? Una que otra mujer con un sujeto al lado. Y las sombras de los federales y sus vehículos amenazantes. Sus armas largas y su vista corta, dicen. La vida nocturna al 2 por ciento. Al menos donde estoy no hay balazos. Ya lo dije y lo repito, prevalece el silencio de los panteones. Desde la ventana veo el desierto de la vida bajo la luna, que en el día es puro movimiento bajo el sol.

Todas las noches fueron largas y ni una pude dormir más de 2-3 horas seguidas.

Las noticias del canal 44 te repiten todo el día y toda la noche los muertos del día, los delitos, los crímenes; ayer murieron tantos, hoy ya van otros tantos, cómo murieron, quienes son, quienes no son, imágenes, declaraciones, entrevistas, y tu cabeza se llena de humo y de muertos, crímenes, sangre, violencia, miedo, pesadillas. Luego lees el PM y ya está. Quedas paranoico.

Pese al aire acondicionado, me paraba dos tres veces a la regadera.

A mirar por la ventana los fantasmas de la noche, el ruido del tren sin gente, los federales patrullando la ciudad, los vehículos invisibles que nadie ve ni detiene, las voces y los gestos de los taxistas de abajo, la oscuridad, el silencio, y de pronto una carrera, un leve estruendo apagado… Otra vez el denso silencio sepulcral. Es el manto de la noche en Juárez desde la seguridad de mi hotel Imperial.

–Las cosas tienen el sabor de lo que pasa y muere, entre el vacío de la vida que se va y se fue a pique.

–¿Dónde están las risas, los gritos, el baile, la fiesta?

–Todo ha nacido a morir y pasar.

–Juárez, una ciudad en huesos, descarnada, lúgubre, como si se estuviera cayendo a pedazos. Afantasmada. La vida se fue a otra parte…

–Juárez, Juaritos, ¿cuál es el sentido de la vida de tus habitantes?

Al fin clarea a las 5 y pico de la mañana. No sé lo que me espera durante el día. Hoy llega la Caravana del Consuelo de Javier Sicilia. La caravana del dolor en busca de la comunión con el otro, solo y doliente. El dolor que unifica, se comparte, y purifica.

No cantan los gallos ni ladran los perros en Juárez.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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