Juaritos (3)

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¿Mi primera impresión al bajar en el centro de Juárez? Centro roñoso, pobre y jodido, con el perdón de los juarenses. Un Tepito, La Merced, La Candelaria de los Patos en la frontera. Juárez-Tepito-La Merced-y-Anexas. Pulula la gente y bulle la vida por todos lados. Música, ruido, estruendo, sol, comercio, mugre, olores, gente… Venta de todo como en Tepito y abarrotes, legumbres, víveres y comida como en La Merced, más los bares, los centros de placer, los hotelitos de paso y las putas nada discretas.

Todo revuelto. ¡La licuadora del centro de México en la frontera! Esto es México, un desmadre más o menos todavía controlado. ¡Todo México cabe en Juárez! Esto es México. Esto somos, esto soy, yo soy parte de esto, me digo. Toda esta gente afanosa en sus menesteres (los que sean) son mis carnales mexicanitos absolutamente semejantes a mí o yo a ellos, me identifico totalmente al menos en la apariencia y en la actitud. ¡La revoltura de las clases sociales! Mujeres y muchachas hermosas y deseables y chingos de cabrones y cabronas, trabajadores, clientes, empleados, dueños, malandros, buenos para todo y para nada, vendiendo, comprando, viendo, fisgando, merodeando, haciendo nada, haciendo lo que sea, en su transa y su cotorreo, afanando el día. Botas, botanas, chelas, bares, drogas, sexo, alcohol, ropa, comida, alimentos, cajetillas de cigarros americanos a 15 varos, burritos a 5, aguas frescas, putas, putotas y putitas en las esquinas, entre los comercios de la calle… Igual que en Anillo de Circunvalación allá en La Merced en el centro de México. El sexo-comercio popular al aire libre. Entre montones de antros de medio pelo y los constantes rondines de los policías en número de dos y cuatro, a pie y en camionetas, bien armados. Estoy con los ojos cuadriculados. Celulares, quesos menonitas, burros, burritos y burrotes a 5, 12 y 13 pesos, ventas de segunda y de tercera y de primera, el enjambre del comercio, incluido el sexo-servicio, bara-bara, entre hotelillos, cuartos y viviendas de paso, y antros de baile y tubos y chupaderos y mujeres de la vida alegre y difícil.

Para que mejor me entiendan los queretanos, estoy en Zaragoza entre Juárez y Corregidora y Vergara, pero con chingos de bares (barras, bikinis, tubos, tangas) y putas descaradas y policías con metralletas y malandrines encubiertos y no poca gente de bien y de trabajo. Todo revuelto y en el mismo espacio. Y por la noche es la boca del lobo, dicen. Y me siento bien. Me cae. Este es mi paisito con todas sus maravillas y sus porquerías. Esto somos. Paradójicamente aquí no se siente la presencia de la cultura norteamericana, sino la azteca-española-religiosa-hipócrita-y-cínica-mexicana. Estoy en el revoltijo mal revuelto de la licuadora de las aspas rotas llamada México.

Juárez no es la muerte ni el Estado de sitio. Es la vida en su incesante movimiento… el placer, el trabajo, el afán, la mugre, el empeño, los sueños, el deseo, la mierda, el movimiento interminable de la vida… y la muerte violenta veloz… ¿tal vez mejor que la muerte lenta? Juárez, la imperfecta perfecta licuadora mexicana que bate a todo el paisito y lo bate mal por los siglos y siglos de patrimonialismo del poder, impunidad, corrupción, hipocresía, cinismo, valemadrismo y agandalle, desmadre y despadre tan mexicanos. Amén.

Bajo por el andador Velarde (el más populoso y finol) y aparecen inesperadamente dos o tres pequeñas plazas comerciales con aire acondicionado y las mercancías más variadas y la presencia constante y móvil de la policía federal. Los mercados por dentro aquí están muertos, oscuros, con muchos puestos cerrados; la vida comercial y la otra están afuera. Y llego a su Placita de Armas, con chingos de gente como moscas sentados a la vera de las sombritas de los escuálidos arbolitos. Veo más viejos resignados que jóvenes entusiastas. Esperanzas sin esperanza. Sueños sin sueño. Y los federales rondando de a dos y de cuatro y casi siempre hay una mujer entre ellos, con sus metralletas, su casco, y los que andan en camioneta casi siempre encapuchados. Su presencia es constante y amedrenta, ¿a los delincuentes o a los ciudadanos? La Catedral en frente y el portal de las boleadas de zapatos del otro lado. El ambiente es triste y deprimente. Mi mirada es triste y mi sabor amargo. Los comercios tristes sin gente a pesar de que hay mucha gente. Y sin embargo es la vida. Entre Vicente Guerrero y 16 de Septiembre, dos avenidas centrales de Juárez. Taxistas que esperan horas para agarrar un pasaje.

Estoy en el centro del centro de este enjambre asoleado y desolado de esta orilla fronteriza llamada México y me siento como en el centro de la capirucha mexicana por atrás de Palacio Nacional. Y la mugrosa vida late con fuerza por todos lados con sus maravillas y su cochambre. Juárez no es la muerte, es el respiradero agitado de la vida, el trabajo, el placer, el vicio, el aburrimiento, el no hacer nada, el acechar un golpe de suerte. Y yo me entusiasmo.

Doy la vuelta en una esquina y de pronto veo la montaña de la Biblia con su letrero inmemorial impactante: “Cd. Juárez / La BIBLIA es / la Verdad / LEELA”. ¿Y la vida? ¡Un reverendo desmadre! Palabra. No miento. Pienso en Pessoa: “No, no quiero la verdad, sólo quiero la vida”. La vida donde cabe todo: la verdad, el error, la mentira, los sueños, los deseos, el horror, la mierda, el amor… la muerte lenta o veloz.

Compré el PM, el periódico del mediodía que todo el mundo lee aquí en Juárez, 5 pesos. Siempre trae los muertos del día y mujeres encueradas; nota roja y erotismo; más los anuncios clasificados, en los que destacan 2-3 páginas de los servicios sexuales. Algo así como Alarma-Paradero 69-Ovaciones-Maestras Calientes.

“La noticia a tiempo”, el PM de estos días:

–Entambada de cabeza. El cuerpo de la mujer es localizado en plena Zona Centro, dentro de un bote de 200 litros.

–Ministerial pedía cuota. Un agente estatal en activo fue detenido cuando “levantaba” a un comerciante al que extorsionaba.

–Acribillan a pareja esta mañana. Los balacean dentro de su casa; el hombre muere y la mujer queda muy grave.

–Hoy llega a Juárez Sicilia.

–Vendía paletas de “coca”. Simulaba vender helados en la Zona Centro, pero en realidad “aventaba” piedras de cocaína.

–Lo matan por “rayado”.

Regreso a la Placita de Armas y pienso: ¿me quedo aquí a dormir o busco el hotel de Las Américas que me recomendaron? Quiero quedarme por aquí. En el centro de este desmadre vivo, en movimiento, humano, mexicano, por peligroso y vicioso que pueda ser. ¿Qué hago?

Vivir es tomar decisiones, equivocarse haciendo, no pasmarse cruzados de brazos.

Me acerco a dos policías municipales menos amenazantes y les pregunto. Buenas tardes, oficiales. Soy periodista y vengo de México a lo de Javier Sicilia y quiero quedarme por aquí. ¿Qué hotel me recomiendan? Policía 1: El Aremar, aquí en Guerrero a dos cuadras. Policía 2: No, mejor vaya al Imperial, amigo, yo sé lo que le digo. Está aquí en la misma calle. Pregunto, ¿y de qué precio hablamos? Unos 300 pesos, los dos están bien. ¿Y cuál sería la diferencia entre ambos? En el Aremar hay más jale porque allí se quedan algunas chicas de las barras y los tubos. El Imperial es más familiar. Los dos son seguros. ¿Es peligroso quedarse aquí en el centro? No, si usted no anda en malos pasos y no sale de noche. Ah, muchas gracias. ¿Puedo hacerles tres preguntas muy simples para mi crónica? A ver diga…

Poli 1: ¿La vida? ¡Utah! La vida es todo esto que ve, lo bonito y lo feo. Para mí la vida es portarse bien, jejeje, no hacer maldades. Sacar adelante a mi familia. Que haya paz y orden. Estoy bien aquí en Juárez. / Poli 2: La vida nos la dio Dios y sólo Dios puede quitarla. Mi sueño es conocer México. No sé si me iría.

Me decido por El Imperial pero no lo encuentro, a pesar de estar frente a mis narices. Pasé tres veces por la misma cuadra y no lo vi, en cambio sí vi el Aremar, y estuve a punto de entrar cuando entró una linda chica, pero luego entraron dos tipos tenebrosos, jeje, y me dije nel. Volví a preguntar por El Imperial. Estaba a cinco pasos y no lo veía. Lo que pasa es que la entrada es una puertita frente a la parada del camión y siempre hay gente y no se ve. Entré. 290 la noche. Platiqué con el encargado. Le dije a qué venía y pedí una habitación donde hubiera una mesita para trabajar. Me enseñaron la 219 que daba a la calle y me gustó. Papas. Pague la noche. Acerté en la elección.

Me di un baño, me cambié y fui a buscar el puto Sanborns donde se vendía la puta prensa nacional. 24 pesos Reforma, La Jornada y Milenio. Pinche Slim. 35 pesos Proceso. ¡La gente lee Proceso en Juárez! Estaba lejos a donde iba. Tomé el camión destartalado y agusanado. Al menos no corren como en Querétaro. Qué pinche calor, 39 grados. Me tomé un agua fresca de un litro de La Michoacana que estaba riquísima y bien helada, con sus coquitos, me hice adicto a ella, y a las Tecate y a las Laguer, naturalmente.

Junio 2011.

juliofime@hotmail.com










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