Juan Rock, la disidencia

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Versión libre de las palabras expresadas por Efraín Mendoza durante la presentación del libro: ¡Quién carambas es Juan Rock!, en el Bar Casino, en San Juan del Río, la noche del 13 de noviembre de 2009.

Este acto de presentación del texto ¡Quién carambas es Juan Rock! es, en realidad, un reconocimiento a la valía de un hombre sencillo y congruente. Antonio Juan Camacho Ramírez es la sencillez y la congruencia hechas carne admirable. A la primera ojeada, no sabe uno si este libro contiene más faltas ortográficas o más faltas a la moral.

Aunque no fue así, bien pudo su editor alegar que atendió, con puntual obediencia, aquel desafío del maestro Gabriel García Márquez, que un día propuso mandar de vacaciones a la ortografía. Es más, el desparpajo gramatical de que adolece el libro pudo ser agregado a las varias provocaciones que contiene la obra.

¡Qué bueno, compañero Camacho, que no estamos en El Cairo! Hace apenas unas semanas un ciudadano saudí, de nombre Abdel Yawad, fue condenado a recibir mil latigazos y a cumplir cinco años de prisión, sólo por haber confesado ante las cámaras de televisión sus aventuras sexuales, como por ejemplo, platicar que su primera vez fue cuando tenía 14 años porque le fue imposible ceder a los encantos de una generosa vecina. Por lo que tú has hecho aquí, mereces cuando menos unos 500 latigazos. Y si allá castigaron con la clausura a la televisión libanesa, aquí tendríamos que quemar todos tus libros frente a la parroquia en medio de un repique general.

Este pornolibro resiste muchas lecturas desde muchos ángulos. Yo me detengo en una sola idea: Juan Rock es un disidente en la más pulcra y plena de las disidencias. Y toda disidencia es, también, una denuncia.

Juan es la denuncia del atropello de la modernidad en San Juan del Río y la devastación del mundo rural, su mundo. No hay nostalgia, no hay añoranza, no hay creencia alguna de que todo pasado fue mejor: hay el dolor por la muerte del padre, don Fortino, que empezó a morir cuando sobre sus tierras ejidales pasó la retroexcavadora y brotaron las colonias y el asfalto. A paso de tarecua y sin subir al contaminante autobús, Juan camina la ciudad como en su infancia y con ello denuncia el estrés, la violencia y la injusticia del mundo moderno.

Juan es la denuncia de los usos y los abusos del poder público. Es, hasta ahora, el único funcionario del gobierno que ha cumplido cabalmente su palabra al destinar parte de su sueldo para aliviar el hambre y las necesidades de los excluidos. Durante los dos trienios en que ejerció el cargo de regidor del Ayuntamiento de San Juan del Río, repartió entre los pobres la mitad de su salario. Con su acción, Juan muestra con toda nitidez lo que no es el poder público y lo que, sacando desmedido provecho de la abdicación ciudadana, siempre ha sido.

Juan es también disidencia sexual y denuncia de la doble moral en la vida privada. Es falso que la sociedad queretana sea conservadora y puritana; es “hipócrita”, según el prócer Rafael Camacho Guzmán, y tuvo que venir el profeta Monsiváis a anunciar que Querétaro no es sino una sociedad cachonda y divertida. El problema de algunos es que de día reprueban lo que de noche es fuente de regocijo. Todos quieren sexo y todos quieren hablar de sexo, dice Juan Rock. Al desnudarse en este libro, Juan completa la tercia de desnudos políticos recientes: Julio Figueroa en la Plaza de Armas, en 2005, para desnudar la impunidad de la justicia; Gisela Sánchez Díaz de León en el Salón de Sesiones de la Legislatura, en 2009, para desnudar el retroceso medieval. Juan al desnudarse anuncia que en una o dos generaciones más el sexo no será tema prohibido en ninguna parte. Hoy en San Juan todos hablan de sexo, todos hablan del Juan encuerado.

Y al respeto que ya tenía ganado como activista social, como organizador de las bandas rockeras sanjuanenses, como promotor de la prensa alternativa, como promotor del ecologismo y como promotor de la política como servicio, hoy añade algo más a su expediente personal: la admiración por el atrevimiento que secretamente muchos desean experimentar. Que nadie se detenga en la ortografía, que penetren su atención en la esencia del libro y reconozcan la valía y originalidad de un ciudadano de a pie, que el viernes 13 de noviembre dejó de ser Juan Rock para convertirse en Juan Pueblo.










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