José Luis Cuevas. Recuerdos

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Lo conocí en la casa de Federico Ortiz Quezada y Martha Chapa, nos caímos bien y cuando coincidíamos en algún acto público al final nos quedábamos a platicar. Me impresionaban los cuidados, casi maternales, de su entonces esposa Bertha: “Cúbrete bien con la bufanda”; “te dejo el sweater, si hace frío te lo pones”. Yo me burlaba: “Si se hace pipí te lo mando en un taxi a su casa”. Sabía de mi amistad con Rufino Tamayo y también me molestaba, decía: “Tú no sabes nada de pintura —lo cual es cierto— pero yo soy mejor pintor que Tamayo. Yo sería más famoso y ganaría más, si en lugar de estar con Bertha, me hubiera casado con su esposa Olga”. Yo, efectivamente, no lo admiraba como pintor, en mi época corría el chiste: “— ¿Cómo te pinta el año? —Como José Luis Cuevas. — ¿Cómo? —Sí, me pinta horrible”. Lo admiré como escritor, era un provocador y polemista excepcional. De seguro ahora sí descansará en paz de los monstruos que siempre lo acosaron.










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