INTELECTUALES Y PERIODISTAS.

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Entrada de Francisco I. Madero a la Ciudad de México

“¡Pobre engendro de nuestra imposible democracia! Logró deslumbrar con sus vidrios de colores a la masa expoliada que creía haber sacudido, de una vez, la fatalidad de su incurable miseria […], desfile de gangas que prendió ambiciones en el oscuro porvenir de los fracasados y de los famélicos que no habían tenido asiento en la mesa oficial del presupuesto. Oráculo ranchero de esos que predicen las lluvias por las orejas de los pollinos y que anuncian las granizadas por la efervescencia de los hormigueros, reivindicación de la plebe y purificación de la mugre […] música de tamborazo y borrachera de pulque”.

Aunque el anterior texto pareciera haber sido redactado en nuestros días, en realidad fue publicado el 22 de octubre de 1912 en el bisemanario El Mañana de Ciudad de México y es de la autoría de Jesús M. Rábago, periodista, abogado y empresario que combatió denodadamente al régimen del Apóstol de la Democracia, Francisco I. Madero y, ante la renuncia y el exilio de Porfirio Díaz a París, lloró y exhortó públicamente a reconocer el desempeño del dictador.

Rábago se convirtió en la némesis de Madero, los problemas y los yerros del gobierno maderista le llenaban de júbilo y, en contraste, entronizaba al general Victoriano Huerta porque éste “traería la paz y nuevamente el progreso a la nación”, debido a que, señalaba el periodista, nuestro país sólo podía ser gobernado por las “clases ilustradas y decentes”.

En aquella breve época maderista la prensa de la dictadura, empresarios, abogados, banqueros, industriales, clérigos, periodistas e intelectuales orgánicos, como los define Gramsci, vieron en el cambio de régimen el derrumbe del país y reaccionaron ofendidos ante la pérdida de canonjías y privilegios.

La primera queja de El Mañana fue cuando el nuevo gobierno dio a conocer la cancelación de los subsidios a la prensa del país que, en aquella época únicamente era escrita. La reacción de Rábago ante la medida fue colérica, anatemizando que era “Un delito [y] distracción de los fondos públicos en erogaciones que no están autorizadas por la ley ni pueden estarlo dentro de un régimen de moralización”.

Rábago se convirtió en una especie de cruzado, en un salvador de la patria ante un gobierno que privilegiaba a los pobres, bajo la consigna de “orientar a la opinión pública cuando ésta se comporta como inculta, denigrada y abyecta”, lo que deja entrever un pensamiento aporofóbico y clasista, cuando se refiere al pueblo y su inopia frente a un proyecto con el que científicos, hacendados, intelectuales y periodistas no estuvieron de acuerdo.

Otro de los objetivos de Jesús M. Rábago fue el de denunciar las mil y un promesas que hizo en campaña “este hijo de Kardec” —como llamaba el periodista a Madero, debido a que Allan Kardec fue un escritor que sistematizó el espiritismo—, que “destruyó 35 años de paz con ofertas sin escrúpulos, para despertar los apetitos dormidos y las fuerzas peligrosas que parecían muertas”, además de dar a conocer lo que él consideraba la pesadilla maderista que los malos y perversos hijos de México llevaron a la ruina y al agotamiento de la patria porfirista.

A partir de agosto de 1912, escudado en la libertad y las garantías constitucionales, Rábago exhortó al ejército a defender el país en contra de Madero porque, desde su perspectiva, “no contaba con el apoyo de las clases serias, porque supo crear el bandidaje y porque acumula gérmenes de ineptitud con su socialismo mal entendido”.

Después, como todos sabemos, vendría la llamada Decena Trágica, en la que el presidente Madero fuera asesinado por El Chacal, Victoriano Huerta quien tomó el poder, en tanto el periodista Rábago… ¿Qué fue de Rábago?

Para quienes estén interesados en saber más del caso del periodista Rábago, pueden consultar en línea el ensayo “La prensa opositora al maderismo, trinchera de la reacción. El caso del periódico El Mañana”, de Jesús Méndez Reyes, doctor en historia por la Universidad Autónoma de Baja California.










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