Hablar de periodismo, con Humberto Musacchio

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Humberto Musaccio

POR Efraín Mendoza Zaragoza | El mediodía del último jueves presentó Humberto Musacchio su nuevo libro en Querétaro. Con los periodistas Gilberto Meza, Víctor López Jaramillo y Daniel Martínez Sahagún, compartí algunos comentarios. En la era de Wikipedia la fragmentación y el tuit, es admirable la existencia de escritores con vocación enciclopédica. En las 250 páginas de Historia crítica del periodismo mexicano, Musacchio revisa 450 años de producción informativa. Ahí están los dos primeros siglos de la colonia, en que la edición de papeles fue ocasional; ahí están los datos duros de la tradición inaugurada por la Gaceta de México, con una clara concepción de periodicidad.

La obra se extiende hasta la caída del régimen de partido único, justo al concluir el siglo XX. El derrumbe del viejo régimen, que tuvo en la muerte de Fidel Velázquez su más elevada metáfora, tuvo su correlación en el aparato mediático con el ocaso de Jacobo Zabludovsky en Televisa.

En la primera línea del libro descansa todo su edificio narrativo: el periodismo, dice, “es una actividad eminentemente política”. De qué se habla, qué se omite, qué se enfatiza, qué se cuela entre murmullos, a quién se le da voz, a qué se le da seguimiento, qué aparece en la primera plana o en la página 37 de la segunda parte de la sección A… todos ellos son síntomas irrefutables del enfoque político, pues constituyen una toma de postura frente a los hechos.

Como pilar del orden, el periodismo se mueve en múltiples direcciones, adscritas a dos ejes fundamentales: hay un periodismo para sostener el orden y hay un periodismo para cuestionar y transformar el orden. En medio de ambas aguas navegan el mito de la objetividad y la farsa de la imparcialidad. Nadie es neutral. Ni siquiera el actual periodismo de investigación, justo porque se propone exhibir lo que a algunos interesados interesa ocultar. El periodismo contribuye a la deliberación pública de los asuntos. Cuando veamos a alguien colgarse sobre el pecho el crucifijo de la verdad, ya nos dio fundamento para sospechar de él.

De este libro me quedo con algunas vértebras, fundamentales para comprender el tiempo presente.

Una. La claridad con la que la primera Gaceta asumió explícitamente su carácter subordinado ante la autoridad virreinal. Literalmente se vio a sí misma como una agencia de propaganda. A pesar de ello, sus páginas son evidencia de que el poder no es monolítico y aún la prensa más adicta, si la observamos bien, deja ver fisuras que pueden crecer hasta convertirse en grietas estructurales.

Otra. Me parece muy ilustrativa la orgía de dinero para la prensa local y extranjera durante el segundo imperio. Valdría la pena hacer una reedición del informe de Manuel Payno y levantar alguna estela de luz a Domingo Ibarrondo, padre del chayote, flanqueado por dos angelitos: el coronel Estvan y el ilustrísimo José María Gutiérrez Estrada. Dicho sea de paso, del fabuloso siglo XIX, yo me quedo con La Orquesta, el periódico de Casarín, Riva Palacio y Constantino Escalante. Me agradan su modo de estar en el mundo, su espíritu disidente y su condición de pozo profundo del inteligente humor nacional.

Una más. Expone Musacchio el pragmatismo con que el presidente Carranza asumió que la guerra se gana con balas pero que “las ideas eran el mejor cimiento para la sociedad que emergería de la guerra civil”, y no le interesó ocultar su intervención para la apertura de los diarios El Demócrata, El Universal y Excélsior, con dinero público, desde luego. Su capacidad de maniobra incluía a figurones del periodismo como Rafael Martínez, el célebre Rip-Rip, y Félix Fulgencio Palavicini, por cierto, ambos involucrados en cuerpo y alma en los debates de hace cien años. Y así como otorgó un sitio relevante a sus instrumentos de propaganda local, Carranza alimentó su pretensión de aparecer como neutral en la primera guerra mundial y para ello financió, con recursos públicos, a periódicos antagónicos.

Me parece que un tema que requiere un estudio más profundo es el relativo al diseño de políticas de Estado frente a la prensa. Ahí está la creación de instituciones como la Dirección federal de Publicidad y Propaganda, el Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad y la Productora e Importadora de Papel, auténticos puntales del régimen de la revolución que operó como máquina perfecta por el resto del siglo XX. Esos puntales, creados por el cardenismo, fueron afianzados por el alemanismo, al crear el Reglamento sobre Publicaciones y Revistas Ilustradas e integrar a la Unión de Voceadores al vigoroso corporativismo priísta.

Por último, también el libro nos recuerda uno de los más simpáticos pasajes de la historia de la prensa mexicana. Hay que recuperar la página 3 del Diario de México del 23 de julio de 1966, así sea con algún meme. Ahí el duende del Inconsciente Nacional hizo aparecer al presidente de la República como un ejemplar de zoológico. Ese periódico, que en su nombre honraba la memoria del primer diario de la Nueva España, el dirigido por Carlos María Bustamante, enfrentó la ira del Intocable y al serle retirada la publicidad gubernamental, fue decretada su desaparición.

Musacchio es siempre recomendable. Hay que leer su más reciente obra.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

2 Comentarios en “ Hablar de periodismo, con Humberto Musacchio”

  1. Julio Figueroa dice:

    PERIODISMO EN MÉXICO
    Luto humano por el asesinato de la democracia en la voz de sus periodistas.
    En memoria de Javier Valdez Cárdenas, 1967-2017.
    Qro. Qro., 16-V-2017.

  2. Julio Figueroa dice:

    DEMOCRACIA Y ASESINATO DE LA PRENSA
    El escritor francés Pierre Lemaitre lo acaba de decir:
    –Cuando se quiere matar a la democracia siempre se empieza por matar a la prensa, siempre.
    –Y lo peor es el silencio.
    Qro. Qro., martes 16-V-2017.

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