Guerra López, ¿el filósofo guerrero?

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Rodrigo Guerra López fue el guerrero filósofo intelectual católico no vergonzante y comprometido y conceptuoso. Apenas si exagero y digo todo esto en el mejor sentido. Acostumbrado a los escenarios y a gesticular. Lo he visto tres veces. El chaparrito cuadrado de lentes se eleva y se transforma. Es un orador nato, cultivado en las sagradas escrituras, ¿fundamentalista? No lo sé, pero ésta es una buena pregunta. El discurso de Guerra López fue interesante. No largo. Inteligente. Tomando el toro por los cuernos. ¿Qué dijo?

Rodrigo Guerra López, doctor en filosofía:

–Nos encontramos en el Teatro de la República, espacio en el que han tenido lugar importantes acontecimientos de nuestra historia nacional, entre los cuales, la promulgación de la Constitución hoy vigente, no es el menor.

–Puede resultar extraño al observador desprevenido que un encuentro como este tenga lugar precisamente aquí. La expresión “observador desprevenido” la utilizo deliberadamente. “Desprevenido” es una palabra que indica “no preparado”, “no advertido para algo”. “Desprevenido” es aquel que queda como sorprendido en el momento en que acontece un hecho que rebasa las premisas desde las cuales está acostumbrado a pensar y a juzgar el mundo.

Este palabrero no es un palabrero desprevenido. Tan no es así que estuve en el acto y escribo con el texto en la mano. Yo celebro que la Iglesia Católica mexicana salga a la plaza pública. La plaza de todos. Y de toros (ja ja ja), por tanto, expuesta a todas las miradas y todas las cornadas.

–Tal vez todos somos un poco “observadores desprevenidos” debido a que en México, como en muchas otras partes del mundo, la modernidad ilustrada y sus productos más queridos –como nuestro peculiar liberalismo revolucionario– nos han acostumbrado a creer que el cristianismo no tiene cabida en la vida pública, que la fe no debe tener una expresividad histórica significativa en el presente, que seguir a Jesús es una experiencia de vida privada que habría que domesticar, superar o al menos someter a los límites que el poder en turno le asigne. La modernidad intentó por vías particularmente dolorosas hacer que el pueblo mexicano superara su estadio religioso para avanzar a un aparentemente más emancipado momento científico, democrático y laico.

¿De qué modernidad estamos hablando? ¿Cuál es la modernidad que cuestiona el tradicionalista Rodrigo Guerra López? ¿Todavía le duele a la Iglesia el triunfo de los liberales revolucionarios del siglo XIX? ¿Sigue traumada ante el nombre innombrable de Benito Juárez? La modernidad es también una crítica y un encuentro nuevo con las más añejas tradiciones, puestas al día creativamente. Esto lo aprendí de Octavio Paz. Y la tradición no es un sillón ancho para echarse a dormir.

Dos modelos de cristianismo en crisis según Guerra:

–El cristiano por sí mismo automarginado. Con una moral cristiana sin Cristo.

–El cristiano militante ultraconservador e intolerante. Un cristiano ortodoxo sin creatividad cultural.

Guerra López dice rechazar estos dos modelos: los cristianos intimistas y los cristianos intolerantes, ambos en crisis. Pero no me queda muy clara cuál es la tercera vía que él sigue o propone. Habla del “encuentro con un gran amor, con un Misterio que salve; (que) sólo puede hacer una Persona, un acontecimiento, un rostro concreto que me interpele y que me acoja de manera irrestricta, incondicional, absoluta”. Habla, en fin, del encuentro con esa Presencia Misteriosa y de “la renovación de las relaciones entre fe y razón, entre cristianismo y cultura”.

¿Cómo encontrar a Cristo? ¿Cómo encontró él a Cristo? ¿De veras la vida no es absurda y tiene un sentido? ¿Y cuál es ese sentido? ¿Y si Cristo existió pero no existe Dios? ¿Y si nunca encuentro a Cristo? ¿Y si yo no tengo la experiencia de Cristo? ¿De veras esa Presencia Misteriosa vence al mal y a la muerte? ¿Qué le diría el racionalista Sócrates al sofista Guerra López? ¿Qué piensa al respecto el cartesiano católico e hipercrítico de la modernidad y de la postmodernidad, el también doctor en filosofía Juan Carlos Moreno Romo? ¿Cómo es o cómo sería esa nueva cultura cristiana?

En suma, no me queda claro el tercer camino “del carácter personalista de la experiencia cristiana” de que habla el doctor Guerra. De cómo sería ese nuevo protagonismo cristiano, supongo que moderno, crítico y humanista. Como que dio un salto al vacío y no sé si cayó o se elevó. Como que dio respuestas a preguntas no formuladas y no planteó las preguntas fundamentales.

–Una cultura cristiana no nace por decreto… Una cultura cristiana nace de un movimiento, es decir, nace de una realidad viva que acompaña y que educa, de una comunidad de discipulado sostenida por la amistad y por el rigor al momento de pensar, al momento de dudar, de hacer preguntas y de encontrar respuestas.

–Estimado Cardenal Bertone, en México y en América Latina esto está comenzando a volver a suceder…

–México y América Latina son lugares de Esperanza y de Esperanza para la razón…

Aquí siento que el doctor estaba vendiendo un proyecto al Vaticano, ofreciendo una idea educativa y pidiendo presupuesto para su Centro de Investigación Social Avanzada. Lo cual me parece legítimo.

Al paso habló de la intolerancia de los tolerantes. Túyoélnosotros. Supongo. ¿Y el monólogo de los dialogantes, Rodrigo? Sí, tienes razón, “es preciso reaprender a hablar con atrevimiento”. Tal vez exageré, pero no demasiado, al llamar al filósofo Guerra un filósofo guerrero. (Va en archivo adjunto el discurso completo del doctor Rodrigo Guerra López). ¿Es un guerrero de las ideas libres o de las sagradas escrituras?

A más derechos democráticos de la Iglesia Católica en México, ¿más obligaciones y responsabilidades democráticas?

Qro. Qro., miércoles 21-I-2009.










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