Fernando Díaz Ramírez, El Chayote

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De estatura mediana, robusto, pelo hirsuto, vestido invariablemente de traje, corbata y chaleco, muy formal de sonora voz, que lo hacía de manera natural no hablar, sino gritar. Se le podía ubicar a varias cuadras cuando platicaba en condiciones normales, o en el cine, cuando en la oscuridad externaba comentarios que lo situaban en la trama de la película, como parte del reparto. Culto, muy culto, de privilegiada memoria que le permitía no sólo saber a qué grupo pertenecía cada alumno de la Universidad, sino también a qué hora debería estar en clases, y qué materias le faltaban por acreditar.

Fernando Díaz Ramírez, Rector de la Universidad de Querétaro, posteriormente Universidad Autónoma, fue sin lugar a dudas todo un personaje, y por su corte de cabello, corto y parejo, que lo mantenía parado tal como se representa a quien sufre tremendo susto, por eso le denominábamos “El chayote”.

Muchas veces asumió el papel de padre, regañón y exigente para lograr que el alumnado actuara en forma responsable, con la antigua tesis sostenida por los maestros de su tiempo: “enseñar y educar”. En ocasiones, su afán por lograr el aprovechamiento escolar lo llevaba a excederse, pero nadie decía nada. Era respetado y por algunos temido. Su frase inmortal quedó para la posteridad cuando calificaba el aprovechamiento de los alumnos, al decir a las compañeras, “tú preciosa, eres muy bonita, de seguro te vas a casar, y no necesitas estudiar; tienes 10. Pero tú mujer, sí necesitas estudiar, y mucho, porque sin ninguna duda tendrás que recibirte para trabajar, tú tienes 8, y estúdiale mucho”.

Maestro polifacético, siendo Rector impartía clases de francés, el que dominaba a la perfección; también Geografía e Historia de México y, no conforme con esto, suplía las ausencias de cualquier maestro, sin importar la disciplina que éste impartiera. Era la época de pioneros, de ilustres ciudadanos y profesionistas que iniciaron nuestra Universidad en el emblemático edificio de la calle 16 de Septiembre.

Reprimía a los que se “portaban mal”, por problemas extramuros que generalmente consistían en enfrentamientos con alumnos de la Escuela Militarizada “Benjamín N. Velasco”, o también a los faltistas y reprobados, a quienes exhibía mediante “listas negras”, que fijaba en conocida vitrina de la Rectoría.

Sus recorridos de “vigilancia” por los pasillos eran parte de su rutina, interrogando al “Cuervo” y al “Burro” Aguilar, fuerte ex luchador entrado en años encargado del gimnasio, y que fungían como “prefectos” con áreas muy bien delimitadas a su cuidado.

Estando en clases se escuchaba su recorrido, sabiendo exactamente en qué parte de la Universidad se encontraba, dada su inocultable presencia, como la tarde que en la zona denominada de “Las Perreras” –nombre endosado a las aulas de los de nuevo ingreso–, se encontraba reunido nutrido grupo de estudiantes que, gritando emocionados, dirigían la mirada al campo de futbol. Al llegar el Lic. Díaz a dicho lugar, preguntó molesto: “¿a qué se debe tanto alboroto, muchachos escandalosos”, a lo que contestó un alumno: “Lic., ahí anda una pareja, medio encuerados; ya el hombre alcanzó a la mujer y parece que están en el guayabo”.

Abriendo tremendos ojos y apartando con sus manos a quienes le estorbaban, el Lic. Díaz exclamó con interés: “¿dónde, dónde?”.

Ya en clases, el rumor creció y aunque la Policía Municipal se llevó a los exhibicionistas que en pleno mes de julio y en medio de tremenda polvareda levantada en el campo de futbol habían despertado el morbo del estudiantado, los que estaban en esos momentos en las ventanas, de vez en cuando seguían volteando la mirada al lugar del acontecimiento, como si pudiera volver a repetirse.

Algunas compañeras sólo obtuvieron parte de la versión, y con discreción preguntaban por el famoso árbol frutal motivo de tanto escándalo, y en dónde estaba la pareja, diciendo algunas que era en “el guayabo”; otras corrieron diferentes versiones afirmando que fue un “chirimoyo” o “tecojote”, y no faltaron las ingenuas que decían que se trataba de un manzano.

Era la romántica época de nuestra Universidad, en la que el padre putativo, para algunos el Rector Lic. Fernando Díaz Ramírez, al finalizar el año escolar, coincidente con una vieja costumbre de rezar, iniciando en el mes de octubre hasta terminar 46 rosarios finalizando el 12 de diciembre, nos sentenciaba: “muchachitos, si no estudian, de nada les va a servir la fe, la Virgen ya los conoce; ni rezando los 46 rosarios, o el triple, los voy a pasar de año”.

Cabe aclarar que en tiempo de exámenes todo se valía para aprobar, y una de las formas, tal vez la última esperanza que quedaba, era refugiarse en la fe, bajo la tutela de la Virgen de Guadalupe y, devotamente, se podían ver en la Iglesia angustiados compañeros tratando de que se les concediera el milagro, aunque fuera un 6, prometiendo solemnemente acudir a diario al rezo del rosario hasta agotar los 46 días.

Algunos, al aprobar, ya no cumplían. Por eso el descrédito del estudiantado ante estos asuntos de fe.

Después del rezo devoto del rosario, en medio de la presión de los exámenes, no había nada mejor que acudir a los puestos de buñuelos remojados en miel de piloncillo, con sabor a guayaba, y un atole calientito en los puestos que fuera del tempo de la Congregación, en la calle de Pasteur, se instalaban. Por ahí circulábamos todos los estudiantes y parte de los Maestros, incluido el Sr. Rector, quien, con ironía, al día siguiente, frente a toda la clase, decía: “ya te vi fulano; a ti también zutano; vi la cara de tu angustia e ignorancia, pero ni la fe ni la Virgencita de Guadalupe te harán pasar de año”.

Tan tremendas presiones nos sometían a una constante angustia, ya que al dedicarnos al deporte, más que al estudio, tenía serias consecuencias, y, llegándose los exámenes, vivíamos el total desconocimiento que se aunaba a las advertencias del Rector Fernando Díaz Ramírez para que estudiásemos, señalando la casi segura sordera de la Virgen para nuestras peticiones, y para agravar la problemática que estábamos viviendo, el acudir a consumir los sabrosos buñuelos, se sumaba una más seria amenaza a nuestra salud, lo que llamábamos, el riesgo del “lienzo húmedo”, con el cual se limpiaban la miel de las manos los que acudían a comer buñuelos y tomar atole a la salida de los rosarios, tela que, de vez en vez, era enjuagada en una cubeta con agua, y que se pedía a la expendedora de buñuelos; con un simple: “señora, páseme el trapo para limpiarme las manos”, y les juro que no tenía las características, ni por asomo, de las toallas blancas y tibias que ofrecen en los restaurantes orientales.

Esta era una jerga de la cual ignorábamos sus orígenes, y que solía denominarse, el “trapo de la muerte”.

Bueno, al menos no morirnos. Sin duda la Virgen nos protegió.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

7 Comentarios en “ Fernando Díaz Ramírez, El Chayote”

  1. Alfredo Rodríguez dice:

    Don Jaime Zúñiga: Muy interesante su crónica en torno a Ferndando Díaz Ramírez y a aquellos tiempos en la Universidad… Sin embargo, hay detalles de este personaje que me intrigan, por ejemplo, Álvaro Delgado en su investigación sobre el Yunque señala que el ex rector tenía una postura radical en contra del socialismo y se unió a una secreta guerra contra el avance del “mal” en el mundo, lo que derivó a la larga en el Yunque… Ahora, esta crónica nos confirma su conservadurismo y religiosidad (propia además de esos tiempos)… sin embargo, también este rector estuvo implicado en el logro de la autonomía universitaria a través de una manifestación de rebeldía ante lo establecido… Sería interesante conocer más detalles sobre este personaje de la historia queretana….
    Un saludo.

  2. Mario Rodríguez Estrada dice:

    Estimado Médico…te felicito por tu interesante artículo sobre nuestro recordado y muy querido Maestro Don Fernando Díaz Ramírez, le recuerdo con mucho cariño, pues mi paso por la Universidad coincidió, en parte, con su tiempo de permanencia en la misma, ya que ingresé en el año de 1951 y egresé como Contador el año de 1971…en noviembre de 1963 le llevamos el último trofeo que como Rector había obtenido su Universidad al triunfar el equipo de Basquetbol en el Torneo Estatal de primera fuerza, recién creada, yo como jugador y co-entrenador, junto con Chava Septién,además de que a partir de ese año, fuí llamado por el Licenciado Díaz y por el Maestro Caviedes como entrenador y Profesor de Basquetbol para la Escuela Preparatoria, cargo en el que duré hasta 1968…el Maestro y Lic. Díaz Ramírez siempre me trató con muy especial deferencia por ser nieto del Maestro Don Emiliano Estrada…Director del antiguo Centro Educativo…única Escuela que se atrevió a recibir a los alúmnos del Colegio Civil en 1932 cuando lo cerraron…te saluda: Mario RE.

  3. Yara Ortega dice:

    me interesa información sobre el Instituto Velasco, del que mi padre fué alumno en la época de la Segunda Guerra. Gracias.

  4. Luis Murillo dice:

    Saludos,

    Muy interesantes relatos de la vida, mas que de nuestra Universidad, de Querétaro. Igual que Yara estoy interesado por si alguien sabe algo mas, en el Instituto Militarizado Benjamín N. Velasco y por que fue que cerro o si se convirtió en alguna otra institución vigente aun, gracias.

  5. Fernando Díaz Ramírez nació en Querétaro. Fue un abogado, profesor y rector fundador de la Universidad Autónoma de QuerétaroEn los archivos de la Universidad Autónoma de Querétaro se guardan imágenes de Fernando Díaz Ramírez luego de la conquista de la autonomía y su reincorporación como rector de la esta.Gobernador interino en 1927.Nació en Querétaro en 1905 fue agrarista del estado. Fernando Diaz Ramírez casi su vida completa fue gobernador o politico. Fue gobernador en 1927,muy jóven de 22 años.Durante un encuentro de los araujistas y anayistas en el Palacio De Gobierno,de inmediato fue a la Ciudad de México,con el gobernador Constantino Llaca Nieto.Pero este se negó a regresar a Querétaro,le dejó el mando de Querétaro,del 27 de agosto al 1. de octubre de 1927.Únicamente era entregar el gobierno a Abraham Araujo.Hizó documentos de la UNAM,UAQ y fue presidente del Tribunal Superior de Justicia , en 1979.De estatura mediana,usaba mucho el traje.Le apodaban ´´El Chayote´´ .Muchos datos de él se encuentran en otros documentos de su vida solamente se recupera esto .Murió en la Ciudad de México,en 1985.

  6. De estatura mediana, robusto, pelo hirsuto, vestido invariablemente de traje, corbata y chaleco, muy formal de sonora voz, que lo hacía de manera natural no hablar, sino gritar. Se le podía ubicar a varias cuadras cuando platicaba en condiciones normales, o en el cine, cuando en la oscuridad externaba comentarios que lo situaban en la trama de la película, como parte del reparto. Culto, muy culto, de privilegiada memoria que le permitía no sólo saber a qué grupo pertenecía cada alumno de la Universidad, sino también a qué hora debería estar en clases, y qué materias le faltaban por acreditar.

    Fernando Díaz Ramírez, Rector de la Universidad de Querétaro, posteriormente Universidad Autónoma, fue sin lugar a dudas todo un personaje, y por su corte de cabello, corto y parejo, que lo mantenía parado tal como se representa a quien sufre tremendo susto, por eso le denominábamos “El chayote”.

    Muchas veces asumió el papel de padre, regañón y exigente para lograr que el alumnado actuara en forma responsable, con la antigua tesis sostenida por los maestros de su tiempo: “enseñar y educar”. En ocasiones, su afán por lograr el aprovechamiento escolar lo llevaba a excederse, pero nadie decía nada. Era respetado y por algunos temido. Su frase inmortal quedó para la posteridad cuando calificaba el aprovechamiento de los alumnos, al decir a las compañeras, “tú preciosa, eres muy bonita, de seguro te vas a casar, y no necesitas estudiar; tienes 10. Pero tú mujer, sí necesitas estudiar, y mucho, porque sin ninguna duda tendrás que recibirte para trabajar, tú tienes 8, y estúdiale mucho”.

    Maestro polifacético, siendo Rector impartía clases de francés, el que dominaba a la perfección; también Geografía e Historia de México y, no conforme con esto, suplía las ausencias de cualquier maestro, sin importar la disciplina que éste impartiera. Era la época de pioneros, de ilustres ciudadanos y profesionistas que iniciaron nuestra Universidad en el emblemático edificio de la calle 16 de Septiembre.

    Reprimía a los que se “portaban mal”, por problemas extramuros que generalmente consistían en enfrentamientos con alumnos de la Escuela Militarizada “Benjamín N. Velasco”, o también a los faltistas y reprobados, a quienes exhibía mediante “listas negras”, que fijaba en conocida vitrina de la Rectoría.

    Sus recorridos de “vigilancia” por los pasillos eran parte de su rutina, interrogando al “Cuervo” y al “Burro” Aguilar, fuerte ex luchador entrado en años encargado del gimnasio, y que fungían como “prefectos” con áreas muy bien delimitadas a su cuidado.

    Estando en clases se escuchaba su recorrido, sabiendo exactamente en qué parte de la Universidad se encontraba, dada su inocultable presencia, como la tarde que en la zona denominada de “Las Perreras” –nombre endosado a las aulas de los de nuevo ingreso–, se encontraba reunido nutrido grupo de estudiantes que, gritando emocionados, dirigían la mirada al campo de futbol. Al llegar el Lic. Díaz a dicho lugar, preguntó molesto: “¿a qué se debe tanto alboroto, muchachos escandalosos”, a lo que contestó un alumno: “Lic., ahí anda una pareja, medio encuerados; ya el hombre alcanzó a la mujer y parece que están en el guayabo”.

    Abriendo tremendos ojos y apartando con sus manos a quienes le estorbaban, el Lic. Díaz exclamó con interés: “¿dónde, dónde?”.

    Ya en clases, el rumor creció y aunque la Policía Municipal se llevó a los exhibicionistas que en pleno mes de julio y en medio de tremenda polvareda levantada en el campo de futbol habían despertado el morbo del estudiantado, los que estaban en esos momentos en las ventanas, de vez en cuando seguían volteando la mirada al lugar del acontecimiento, como si pudiera volver a repetirse.

    Algunas compañeras sólo obtuvieron parte de la versión, y con discreción preguntaban por el famoso árbol frutal motivo de tanto escándalo, y en dónde estaba la pareja, diciendo algunas que era en “el guayabo”; otras corrieron diferentes versiones afirmando que fue un “chirimoyo” o “tecojote”, y no faltaron las ingenuas que decían que se trataba de un manzano.

    Era la romántica época de nuestra Universidad, en la que el padre putativo, para algunos el Rector Lic. Fernando Díaz Ramírez, al finalizar el año escolar, coincidente con una vieja costumbre de rezar, iniciando en el mes de octubre hasta terminar 46 rosarios finalizando el 12 de diciembre, nos sentenciaba: “muchachitos, si no estudian, de nada les va a servir la fe, la Virgen ya los conoce; ni rezando los 46 rosarios, o el triple, los voy a pasar de año”.

    Cabe aclarar que en tiempo de exámenes todo se valía para aprobar, y una de las formas, tal vez la última esperanza que quedaba, era refugiarse en la fe, bajo la tutela de la Virgen de Guadalupe y, devotamente, se podían ver en la Iglesia angustiados compañeros tratando de que se les concediera el milagro, aunque fuera un 6, prometiendo solemnemente acudir a diario al rezo del rosario hasta agotar los 46 días.

    Algunos, al aprobar, ya no cumplían. Por eso el descrédito del estudiantado ante estos asuntos de fe.

    Después del rezo devoto del rosario, en medio de la presión de los exámenes, no había nada mejor que acudir a los puestos de buñuelos remojados en miel de piloncillo, con sabor a guayaba, y un atole calientito en los puestos que fuera del tempo de la Congregación, en la calle de Pasteur, se instalaban. Por ahí circulábamos todos los estudiantes y parte de los Maestros, incluido el Sr. Rector, quien, con ironía, al día siguiente, frente a toda la clase, decía: “ya te vi fulano; a ti también zutano; vi la cara de tu angustia e ignorancia, pero ni la fe ni la Virgencita de Guadalupe te harán pasar de año”.

    Tan tremendas presiones nos sometían a una constante angustia, ya que al dedicarnos al deporte, más que al estudio, tenía serias consecuencias, y, llegándose los exámenes, vivíamos el total desconocimiento que se aunaba a las advertencias del Rector Fernando Díaz Ramírez para que estudiásemos, señalando la casi segura sordera de la Virgen para nuestras peticiones, y para agravar la problemática que estábamos viviendo, el acudir a consumir los sabrosos buñuelos, se sumaba una más seria amenaza a nuestra salud, lo que llamábamos, el riesgo del “lienzo húmedo”, con el cual se limpiaban la miel de las manos los que acudían a comer buñuelos y tomar atole a la salida de los rosarios, tela que, de vez en vez, era enjuagada en una cubeta con agua, y que se pedía a la expendedora de buñuelos; con un simple: “señora, páseme el trapo para limpiarme las manos”, y les juro que no tenía las características, ni por asomo, de las toallas blancas y tibias que ofrecen en los restaurantes orientales.

    Esta era una jerga de la cual ignorábamos sus orígenes, y que solía denominarse, el “trapo de la muerte”.

    Bueno, al menos no morirnos. Sin duda la Virgen nos protegió.

  7. Predecesor:
    Constantino Llaca Nieto Gobernador de Querétaro
    1927 Sucesor:
    Abraham Araujo
    Predecesor:
    Fundador Rector de la Universidad Autónoma de Querétaro
    1951 – 1958 , 1958 – 1963 Sucesor:
    José Alcocer Pozo
    Predecesor:
    José Alcocer Pozo Rector de la Universidad Autónoma de Querétaro
    1958 – 1963 Sucesor:
    Alberto Macedo Rivas

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