Estos no corren

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Siendo gobernador del Estado Don Juventino Castro Sánchez, coincidió con la etapa de un joven líder agrario, que por propios méritos y con el esfuerzo de su trabajo en pro de las causas campesinas, había logrado escalar posiciones políticas que lo situaban en los primeros planos nacionales. Su fama de incorruptible y apasionado, rayando en lo obsesivo, lo rodearon de un halo de temor para algunos, en particular en muy exclusivos estratos sociales.

Oriundo de San Juan del Río, por sus orígenes familiares, y con honda presencia en Amealco, Alfredo Vladimir Bonfil rompe esquemas y con una muy sólida preparación desplaza a muchos anquilosados y caducos líderes. Además, por su recia personalidad y su gran carisma, pronto se hizo notar de la Primera Dama de la Nación, la “compañera” Esther Zuno de Echeverría, quien concluyó que este nuevo valor de la política nacional tenía que ser apoyado en todas aquellas causas que emprendiera en beneficio del campesinado mexicano.

Por su gran identificación con el campo, Doña Esther Zuno vio en Alfredo V. Bonfil a un agente del cambio que tanto necesitaba el país, no dudando en expresar públicamente que el único líder agrario honrado en México era Bonfil, con lo que éste recibió una especie de bendición de quien con férreo carácter –además de una vida cercana, muy cercana a la política del país, por ser parte de una familia inmersa en la política, la familia Zuno–, en ese momento situaba en los cuernos de la luna a quien por sus vínculos familiares y con Querétaro, dentro de sus proyectos futuros, volteara la mirada al estado, con claras aspiraciones a muy mediano plazo.

Esto no fue producto de la imaginación de algunos o del mismo Bonfil; no, esto fue muy real, y cuando el proceso de selección de candidato para sustituir a Don Juventino Castro en la gubernatura del estado, teniendo en los primeros niveles de la política nacional, como Doña Esther Zuno sostuvo con firmeza, reales eran las posibilidades de la candidatura de Bonfil, su protegido, incluso enfrentándose a Mario Moya Palencia, quien proponía, usando toda su experiencia política, a su amigo el Arq. Antonio Calzada Urquiza, quien al final triunfó en una cruenta y desgastante confrontación con la Primera Dama de por medio.

Conociendo lo anterior, con mucha facilidad nos podemos situar en los momentos que como antecedente de esto se vivieron en Querétaro cuando se luchaba por posicionar aquí al paladín del campesinado, quien, paso a paso, fue formando un equipo muy sólido, con jóvenes talentosos, algunos ya en esos momentos campeones nacionales de oratoria y con presencia en la localidad: Arturo Proal, los Ortiz Arana, José Luis González Garibay, quienes empezaron a actuar dentro de un plan definido y perfectamente elaborado.

Lógicamente, quien manejaba los destinos del estado comenzó a detectar lo que estaba aconteciendo y, junto con su equipo de trabajo y los más cercanos colaboradores, permanentemente se mantenían a la expectativa del más mínimo movimiento del grupo de Alfredo V. Bonfil, pero pronto el plan fue aparente y conocido, con diferentes acciones que estaban ya operando para lograr sus propósitos. Pronto también se hicieron obvias algunas acciones, con una clara finalidad: poner en evidencia al gobierno de Castro Sánchez y debilitarlo. A propósito de lo anterior, corrían rumores de que por estar el Club Campestre en terrenos ejidales, Bonfil promovía la expropiación y posterior reintegración a los campesinos de las instalaciones del Club, incluidas las residencias, amenazando supuestamente con sembrar en el Campo de Golf. Estas especulaciones, alentadas de una forma bien planeada y tendenciosa, no dejaron de causar mucha inquietud en los colonos del Campestre y fraccionamientos aledaños. A este difícil trance agregamos que amañadamente se urdieron tres o cuatro acciones más, todas ellas atribuidas a Bonfil.

Don Juventino Castro, que siempre se caracterizó por ser una persona práctica y decidida, no eludió el problema y pronto concertó una cita con Bonfil, la cual al principio éste eludió, aceptándola finalmente, pero se tenía que realizar en la Ciudad de México, según le informaron a Don Juventino quienes mediaban entre ambos, y se propuso el Hotel Casablanca en un reservado, para que nadie los interrumpiera.

Se dio el encuentro en medio de mucha tensión y tirantez. Se conocían por todos los que participaban en el encuentro los antecedentes de ambos personajes: Bonfil, joven impulsivo, con convicciones que rayaban en lo intransigente, y Don Juventino, muy hábil, curtido en luchas gremiales, además de sus orígenes en Amealco, en donde sus hermanos participaron en luchas “reales”, que no eran a pellizcos ya mentadas de madre. Su carácter directo y firme presagiaba un choque frontal y muy serio. Gobernador contra el consentido de Doña Esther. ¡De cuidado; todo podía pasar!

Me cuentan que de por medio hubo armas, pero fue Don Juventino Castro quien poniendo la que portaba sobre el escritorio, dijo: “aquí estoy Alfredo, para arreglar el asunto, vengo con Benito Correa, con Manuel Suárez y con Jorge Hernández Palma, y yo sé que ellos no corren”.

Tal vez por la contundencia de esta introducción, al voluntariamente desarmarse mostraba dos facetas, las que podía escoger Bonfil. La fuerza o el diálogo y la razón. No lo sabemos, pero los resultados fueron positivos. No continuaron las acciones desestabilizadoras en Querétaro; triunfó la cordura y se mantuvo, aunque frágil, una relación de respeto y tolerancia, afortunadamente.

Años después, al recordar parte de las palabras que aquel día pronunció Don Juventino, cuando con firmeza y en defensa de la estabilidad en Querétaro se refirió a sus acompañantes con plena seguridad, ya que los conocía, externando que ellos “no corrían”. Jorge Hernández Palma, con su característico sentido del humor lo confirmaba: ¡Claro que no corríamos, sobre todo yo, con la pata de palo!










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

No hay comentarios en “ Estos no corren”

  1. Mario Rodríguez Estrada dice:

    Estimado Médico; Gracias por tu artículo sobre Don Juventino, que nos lo muestra en alguna de sus facetas desconocidas, pues para el grueso de la plebe(nosotros), sólo le veíamos como una persona cariñosa y afectuosa, chiquito de estatura, calvito y usando lentes…no distante del pueblo, pues muchas veces le vimos recorrer solo las calles de nuestra ciudad, saludando a todos…incluso asistió a inaugurar algunos eventos deportivos, especialmente de basquet en la lamentablemente extinta cancha del PRI, Guerrero 27 nte., Ahora cosas impensables en los actuales neo panificados gobernantes…con excepción de Manuel González…que por ser queretano…acepta un poco bañarse de pueblo…en cambio el otro, ni madres…¡fuchi!…alejen de mi cualquier contaminación…marías o mendigos…rodeenme de solo gente blanca y bonita…¡horror!…¡Y todavía quieren muchos seguir aguantándoles!…Con su pan se lo coman…te saluda…Mario RE.

  2. Angélica dice:

    Podrías decirme algunas otras anécdotas de Don Juventino Castro?
    Lejos, lejos, muy lejos, resultó ser hijo de un hermano de mi tatarabuelo. Por razones que no importan ya, hubo un distanciamiento en las familias, pero ahora yo estoy haciendo un recuento de vidas en un árbol familiar que comienza desde 1844.
    No podría adjuntarme el título de “familiar” de Don Juventino, sin embargo, conocer un poco más de quien compartió un lazo con abuelos de mis abuelos, aprovechando que pareces conocer mejor sobre su espíritu de lo que ninguna publicación me podrá dar, me hace pedirte este favor especialmente.
    Gracias

  3. Jesús dice:

    Angelica como estas, me gustaria platicar contigo puesto que estoy haciendo una investigación de mi abuelo
    Gracias y a tus ordenes

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