Este domingo

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Se puede votar con el hipotálamo, con el epidídimo o con el colon descendente. Conociendo o no las plataformas electorales. Habiendo seguido o no los debates. Se puede votar con la agitación que proviene del enojo, del escepticismo o la ilusión. Ni la Constitución ni ley alguna lo impiden. Lo prudente en la democracia es votar con la memoria. El país no se fundará el primero de julio o el primero de diciembre. Tampoco subirá al cielo ni se descarrilará. Acaso podrán cambiarse las agujas para un cambio de vías. Acaso podrá imprimirse nueva velocidad o la tripulación adquiera nueva responsabilidad.

Vale preguntarnos: ¿Podrán los ciudadanos –podremos los ciudadanos–, aprovechar la coyuntura para trascender nuestra condición de pasajeros, porristas, matraqueros o mientramadres? El tren del país lleva siglos rodando con nosotros, sin nosotros y, a veces, muy a pesar de nosotros.

La coyuntura electoral puede ser un momento alto para que la gente común, todos nosotros, nos resolvamos a revisar nuestro papel en la historia. ¿Podremos constituirnos en ciudadanía, a la altura del artículo 39? ¿Podremos constituirnos en el sujeto social capaz de conducir su propia historia?

Un poco de memoria será el mejor aderezo de este domingo. 1988, 1994, 2000, 2006, 2012. Acteal, Aguas Blancas y la Casa Blanca nos estarán contemplando. Valentín Campa, Heberto Castillo, Pasta de Conchos, San Fernando, Tepal catepec. Los nadie, los siempre postergados, nuestra procastinación, nuestra abulia y nuestro silencio, todo concurrirá, como quien acude al examen final, este domingo. Nos vemos en las urnas.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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