Estados Unidos -III-

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Estoy en una parada de autobuses en San Antonio. Una mujer pasa frente a mí y anuncia un peligro. Vuelvo la cara para saber de qué se trata y me topo con un rostro deforme y horripilante. Es un hombre, se lleva la mano al pecho y me ordena: “Touch me”. Paralizado por el miedo le pongo la mano donde me dice. Sigue adelante y pide lo mismo a otras personas, las que se niegan y farfullan majaderías. Regresa conmigo y me pide que le toque la cabeza, yo obedezco; su rostro dibuja un rictus que identifico con una sonrisa. Mientras se aleja, una mujer le grita: “Loco”. ¡Curioso! Yo pienso que es un sabio, que no hay mejor remedio contra la herida de la soledad, que el contacto humano.

Publicado en Noticias el 16 de Enero de 2009










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