Entre el enojo y la inteligencia

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Unas cuantas viñetas retratan este momento. Pongo tres sobre la mesa.

La primera. La investigadora Trinidad Martínez Tarragó, fundadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) dice ver hoy a la juventud mexicana atrapada en la amargura, pues vive asustada y con miedo. El país, según la académica, ha empeorado, su territorio son inmensos bolsones de miseria y se ha roto el equilibrio entre lo que la población necesita y lo que el sistema ha sido capaz de dar.

¡Cómo no recordar al estudiante Andrés Ruiz, que hace dos años se hizo del micrófono que usaba un gobernante para gritar que los jóvenes se baten entre el enojo y la tristeza por la falta de empleo y la precariedad, pero sobre todo se baten en el coraje de que sean tratados como tontos.

Segunda viñeta. Hay un potentado al que sólo le falta el diamante en su discreta nariz para habitar una historieta de Rius. Ese personaje es Germán Larrea, uno de los hombres más acaudalados del país, símbolo de la rapacidad y el crimen industrial. De pronto, hoy el dueño de Cinemex y la minera México se nos ha aparecido pidiéndole a sus subalternos que, por favorcito, no se les vaya a ocurrir votar enojados y que, otra vez por favorcito, usen la inteligencia.

Tercera. Todos los días se acumulan los datos duros sobre los que se levanta esa inmensa montaña que es la rabia nacional. Ahí está el recorte que viene para el presupuesto 2019 (otro recorte, montado sobre los recortes de los últimos años) y que fue adelantado ya por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en los “precriterios” que sigilosamente analiza a la Cámara de Diputados. Claro, porque es prioridad pagar los réditos a la usura institucionalizada. Ahí están también las tramas que muestran cómo los genios de las finanzas fincan su poder económico en fraudulentas devoluciones de impuestos: échele ojo al caso de InvestaBank, que de un plumazo pudo rasguñarle al erario federal nada menos que 20 millones de dólares.

Es necesario que la rabia salga. Es demasiada y sólo entonces habrá espacio para la inteligencia. Sólo así habrá lugar para que la esperanza se siente a la mesa. Es necesario, también, que la rabia se vuelva organización. Que se vuelva exigencia al aparato institucional. Que se vuelva conocimiento. Que se vuelva realismo o, al menos, escepticismo informado.

Ciudad de Querétaro, mayo 30, 2018

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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