En Do Mayor. Testimonio de Don Héctor Espinosa Maldonado (III de IV partes)

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“LO QUE RESISTE APOYA”.

Jesús Reyes Heroles.

En 1964 iniciaba en México un nuevo sexenio que marcaría para siempre la vida del país. Asumió la presidencia Gustavo Díaz Ordaz, hombre producto de una época absolutista y autoritaria y que se reflejó en su mandato. A su lado, su hombre de más confianza, su Secretario Particular: Emilio Martínez Manautou.

Don Jesús Reyes Heroles fue designado Director de PEMEX. “Ni don Jesús, ni Gustavo Díaz Ordaz eran amigos. Su amistad surgió después”, cuenta don Héctor.

Los demonios del poder estaban agazapados, esperando pelear cada uno por el amo al que servían. Uno de ellos, tan hábil para esconder sus intereses y moverse con sigilo, como perverso para acomodar y usar las fichas necesarias para sus objetivos: Luis Echeverria Álvarez de quien, se rumoraba, colaboraba para la CIA. Desde su puesto como Secretario de Gobernación, movía las piezas a su antojo.

Una vez que don Jesús asumió el cargo de Director General de Pemex, enfrentó un episodio gestado desde Gobernación: “A las puertas de Pemex llegaron autobuses llenos de jóvenes queriendo armar borlote, gritando consignas. Tan luego fue avisado, don Jesús salió inmediatamente a enfrentarlos. ‘¡A ver, muchachos: ¿Dé qué se trata? ¿quieren hablar conmigo?, vengan!’”. Cuenta don Héctor que los pasó a su despacho e inició un diálogo. “Allí, platicando con don Jesús, terminaron sincerándose: ‘Señor -le dijeron-, la verdad es que venimos de Gobernación. Allí nos pusieron en los camiones y nos dijeron que viniéramos a gritar, a destrozar… ha hacerle a usted un verdadero desmadre”. Agrega don Héctor: “Echeverria no se esperaba que don Jesús saliera a enfrentar personalmente este asunto y terminara descubriéndolo. Después de este episodio, Reyes Heroles dictó su renuncia y le habló a Martínez Manautou. Pero esta no fue aceptada”.

PEMEX: UN TORO POR LIDIAR.

No es difícil suponer que hasta don Adolfo Ruiz Cortines, por quien don Jesús tenía un gran respeto, y a quien se le recuerda como un presidente comprometido con implementar soluciones a la problemática social y de promover la austeridad y moralización del servicio público, llegaban los aires enrarecidos del momento.

Cabe recordar que Ruiz Cortines había recibido de manos de Miguel Alemán Valdés a un país indignado ante las acciones vergonzantes y descarados actos de corrupción de Miguel Alemán. Dispuesto a marcar su sexenio con actos opuestos a su antecesor y buscando cooptar las acciones de deshonestidad, Ruiz Cortines instituyó programas significativos para la vida pública. Tan luego de asumir la presidencia, modificó la ley relacionada con la responsabilidad de servidores públicos e hizo una declaración de sus bienes. Asimismo, instó a los funcionarios que declararan sus bienes antes de iniciar sus labores y que se pudiera investigar el origen de la fortuna de quiénes poseyeran propiedades superiores a sus ingresos económicos.

Don Jesús Reyes Heroles se declaraba simpatizante de la corriente de Ruiz Cortines. “Yo pertenezco al Ruizcortinismo”, le escuchaba decir don Héctor a Reyes Heroles.

Justo, a principios del periodo en PEMEX, cuenta don Héctor que don Jesús le pidió llevara a entregar unos papeles a la oficina de Ruiz Cortines, allá por Revolución. Don Héctor se presentó ante la Secretaria de don Adolfo, quien solía recibir personalmente sus papeles, pero esta vez no fue así. Estando allí, le pidieron esperar un momento. “Al rato fui conducido por unas escaleras que daban al despacho de Ruiz Cortines. Allí, al pie de ella, estaba don Adolfo. Me temblaron las piernas”, dice don Héctor con evidente emoción. “Me agarra don Adolfo, me abraza: ‘Ah güero, pase muchachito, venga conmigo’. Me lleva al escritorio, jala una silla y la pone frente a él. Me sienta y me dice: ‘A ver cuénteme quién es usted’ . Yo no podía ni hablar, no me salían las palabras. Le empecé a contar mi historia, todo lo que hice en Campeche y cómo había pedido tener un trabajo fijo y había llegado ante don Jesús Reyes Heroles. Continuamos hablando de muchas cosas y, al final me dice: ¿Y cómo ve usted a su Jefe?”. Contesto: Pues señor quién mejor que usted sabe lo que es Petróleos Mexicanos”. Y me dice don Adolfo: “Sí…sí, es un toro que le tocó. Pero el puede con eso y con muchísimo más”.

“Terminó la plática, me acompañó a la escalera. De regreso me temblaban hasta las manos, no podía yo ni manejar. Me dirigí al despacho de don Jesús, quien previamente me había ordenado que pasar a verlo tan luego cumpliera el encargo. Me recibió don Jesús con una sonrisa de oreja a oreja, muerto de la risa. Allí entendí que, obviamente, don Jesús me había súper recomendado con él. ‘Qué le dijo don Adolfo?’, preguntó don Jesús. Contesté: Pues señor, en primer lugar me recibió don Adolfo en persona y cogió el sobre y lo aventó, ni siquiera lo vio. Y me dijo que lo que a usted le tocó es un toro y que usted puede con ese toro y con mucho más”.

NO ERA UN TORO CUALQUIERA.
Estando ya en PEMEX, don Jesús se encontró conque el presupuesto más bajo pertenecía al área de exploración. “No es posible que siendo un recurso natural no renovable, tenga el presupuesto más bajo de todo Pemex”, dijo don Jesús al presidente Diaz Ordaz. Este último escuchó y se multiplicó el presupuesto para exploración, sentando así las bases de la cosecha que haría decir más tarde a José López Portillo: “vamos a tener que aprender a administrar la abundancia”.

Mención aparte, don Héctor menciona un capítulo más de Pemex: “Se gastaban billonadas de pesos en rentar los barcos para surtir los pedidos que México enviaba a otras naciones. Don Jesús sugirió a Díaz Ordaz que con la mitad de lo que se pagaba en la renta de esos barcos, se mandaran fabricar una flotilla propia. Don Héctor recuerda: “La empresa que ganó el concurso para hacer los barcos para PEMEX fue MITSUBISHI. Se llegaron a hacer dos barcos, porqué no se le dio continuidad al proyecto. ¿Dónde están esos barcos? ¿Qué fueron de ellos?”, se pregunta don Héctor.

DIVOS Y CAPRICHOSOS

Fiel a sus convicciones, don Jesús Reyes Heroles continúo en su entrega y compromiso para con su desempeño. Nada fácil tratar y enfrentar los caprichos y excesos de quienes confundieron el servicio público e hicieron de su espacio una propiedad individual para ser manejada a antojo. Atrapados en el estruendo de la codicia y engolosinados con las mieles del poder, saltaban las frivolidades y la desproporción de algunos servidores públicos.

Don Héctor cuenta otro hecho más vivido allí en PEMEX:
“En aquel entonces –explica don Héctor-, la gasolina y todos los productos de PEMEX llegaban al muelle de Campeche y de allí se surtían por tren a Yucatán. Resultó que el general José Ortiz Ávila, en ese momento Gobernador de Campeche (1961-1967), tuvo una rencilla con el entonces Gobernador de Yucatán, Luis Torres Mecías (1964-1970). El ex general y gobernador, contaba con el apoyo de otro General que, a su vez, era cercano a don Gustavo Díaz Ordaz. Llegó un día hasta las oficinas de Pemex buscando a Reyes Heroles para exponerle un “problema”: Le contó que durante una discusión con el gobernador de Yucatán le había amenazado con no mandar gasolina a Yucatán. Sin pensarlo, don Jesús contestó: Si haces eso, no te mando ni un litro, ni para tu avión. Y si es necesario, mando gasolina a Yucatán. Así sea en avión”. Abunda, don Héctor que aquel Gobernador y ex General, salió con el rabo entre las patas. Pero no paró allí, creyendo que recibiría el apoyo de Díaz Ordaz, fue a acusar a don Jesús.

Lo que sucedió en esa conversación entre Ortiz Ávila y Díaz Ordaz, lo supo don Héctor por el mismo don Jesús. “ Señor presidente, quien sabe qué se imagina el director de PEMEX, porque me dijo que no me mandaría ni un litro de gasolina para mi avión y, que si era necesario, mandaría la gasolina directo a Mérida”. La respuesta del presidente fue contundente: “¡No me diga! ¿Eso le dijo Reyes Heroles? ¡pues tenga cuidado, cabrón, porque se lo va a cumplir!

Así, de tajo, uno y otro, don Jesús y Díaz Ordaz, cortaron con el capricho de quien intentó anteponer el bien de los gobernados, a sus rencillas personales. Más tarde, Ortiz Ávila intentó acercarse a don Jesús para congraciarse con él. No tuvo éxito. Don Jesús no quería perder el tiempo, ni se permitía caer en esos desplantes que evidenciaban una estatura de tal nivel. Inmerso en su compromiso y entrega para con la institución que encabezaba, “ese torote” que entonces era PEMEX y que don Jesús, con su proverbial lucidez, dirigía.

Más tarde, fue el mismo don Jesús Reyes Heroles quien le contó a don Héctor una conversación sostenida con el presidente Díaz Ordaz, en la que este último le hizo saber a don Jesús que estaba pensando en él para que fuera su sucesor presidencial. “Le dije a don Gustavo que yo no puedo ser presidente. Yo ya se lo había dicho a Martínez Manautou (su Secretario particular). Le dije que mi situación era el artículo 82 que obligaba a tener padres mexicanos para aspirar a la presidencia y mi padre es refugiado español”

Le insistió don Gustavo en varias ocasiones, le dijo que podían arreglar eso. Le dijo: “López Mateos estaba en la misma situación y fue Presidente”. Don Jesús contestó: “Si pero López Mateos no era abogado y yo si soy abogado y no voy a ser el primero en violar la Constitución por ser Presidente”.

De esta manera, con esa contundencia y franqueza que le caracterizó, don Jesús Reyes Heroles, se blindó contra cualquier posibilidad de ser tomado como ficha de manejo en esa dinámica ya instalada del dedazo presidencial. Quedaba así, el camino libre para un Luis Echeverria, de quien don Jesús solía decir a don Héctor: “este es un perverso. Este hombre es un perverso”.

El tiempo le daría al razón.

¿Qué veía don Jesús? ¿Qué sabía que nunca pudo tener un punto de encuentro con Luis Echeverria Álvarez? ¿Qué tanto movía éste desde Gobernación para los destinos de un país que se preparaba para el frenesí de unas Olimpiadas?

Allí, en medio de las pasiones más descarnadas que se dan en la contienda política, don Héctor escucharía de boca de don Jesús dos confidencias más: “Marcelino García Barragán le informó a don Gustavo que le habían propuesto que le diera golpe de Estado. La sugerencia venía desde los Estados Unidos quien, a cambio, reconocería al gobierno de García Barragán. El General informó de esto a Díaz Ordaz. La respuesta del presidente fue: Todo tiene un límite. Se acabó el relajo. Allí se acabó”

Don Héctor hace pausa, y explica: “¿Cómo fue? ¿cómo fueron las órdenes? ¿de qué manera se llevó a cabo? ¿qué tanta intervención tuvo Echeverria en esto? No lo sé. No puedo decir porque no lo sé. Pero con las cosas que hacía, se podía esperar de él lo que fuera. Sin embargo, don Gustavo asumió la responsabilidad”.

Para don Héctor, como para muchos más mexicanos, el mayor responsable de lo ocurrido en el 68, fue Echeverría. Más tarde, Gustavo Díaz Ordaz confirmaría lo que don Jesús ya sabía: “El error más grande de mi gobierno fue haberles dejado a Echeverría”.

zaragoza cisneros.jovita@gmail.com










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Un Comentario en “ En Do Mayor. Testimonio de Don Héctor Espinosa Maldonado (III de IV partes)”

  1. Joel González dice:

    Debería escribir un libro, que buenas anécdotas,sobre todo se nota y se disfruta la pasión con las que se cuentan. Servidores públicos y políticos como Don Jesús y Don Héctor hacen falta al país. Saludos.

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