EN DO MAYOR. ¿SE ACUERDA PRESIDENTE… SE ACUEDA?

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“Presidente @lopezobrador_Se acuerda de cuando en campaña convocó a las feministas y nos dijo que si usted llegaba al poder jamás solaparía a pedófilos, feminicidas y violadores? Que el suyo sería un gobierno para las mujeres o no sería. Se acuerda?”
Contundente el mensaje en Twitter de Lydia Cacho, acompañado del #UnVioladorNoSeraGobernador, en respuesta al “Ya chole” del hombre que funge como presidente del país y está ocupando un Palacio cuyo costo de mantenimiento (me refiero al del lugar, no al de él), no debe ser nada despreciable. Claro, no creo que tenga problemas de liquidez en el pago de ciertos rubros, como por ejemplo el de luz. Sea porque reciba condonación directa del titular de esta institución o porque, siguiendo usos y costumbres de nuestra cultura mexicana, el suministro sea a través de “un diablito”. Vaya usted a saber; pero a estas alturas, con tantos problemas graves que estamos teniendo en el país, eso del costo del mantenimiento (el del palacio no el del presidente) es lo de menos.
Aquí lo preocupante es el ascenso y ya inocultable menosprecio del presidente hacia ciertos temas que enarboló durante su vida de luchador social y, específicamente, en su campaña donde prometió no solapar a pedófilos, feminicidas y violadores y ahora con indiferencia no exenta de cierto cinismo, pretende minimizar y hasta ignorar el tema. Pero bien dicen que el poder no cambia a las personas, solamente se encarga de mostrar su verdadero rostro. Y el actual presidente va mostrando que el suyo es más igual que parecido al de lo que antes fustigó sin concesiones.
Embriagado ahora con los aromas del poder largamente deseado, muestra su verdadero talante. La resaca vendrá después, cuando a la luz de la sobriedad y del resultado de las decisiones que está tomando, o dejando de tomar, regrese al lugar del ciudadano que fue y viva otra vez su mortal condición humana y tenga que hacer balance de sus actos. Claro, si es que se está dispuesto a enfrentar esa realidad y asumir la responsabilidad de aquello que hizo o dejó de hacer por convicción personal, o por limitación humana. Solamente allí, quizá, solamente quizá, pueda dilucidar entre condición y circunstancia.
Por el momento, el presidente, le guste o no, está sujeto al escrutinio público. Y no todos los cuestionamientos o críticas son impulsadas por la oposición o responden a golpeteos políticos y partidistas. Somos miles los ciudadanos que le dimos el beneficio de la duda y a los que ha decepcionado, porque hemos presenciado la manera cómo ha menospreciado esta y otras demandas ciudadanas y, en el caso que nos ocupa hoy, el de la violencia a las mujeres y la impunidad de Félix Salgado Macedonio.
El presidente ya no podrá acallar la indignación ante su humillante respuesta, ni impedir el clamor de las voces femeninas y de la ciudadanía en general repudiando lo que constituye una grave ofensa de quien amparado en la máxima investidura, prometió exactamente lo contrario a lo que está haciendo y defiende por sobre toda ley a su amigo.
Por eso, cobra relevancia el recordatorio de Lydia Cacho y el de todas las mujeres y hombres que se han unido en apoyo al reclamo femenino, repito: sin afanes de golpeteo partidista, aunque el se quiera escudar en ese pretexto. Sabemos bien la historia de lucha de Lydia Cacho contra la pedofilia, feminismo y violencia, temas a los que el presidente parecen no quitarle el sueño porque su preocupación e interés está en las próximas elecciones, ese lugar al que llegan no los mejores en el sentido ético, sino aquellos que saben, entre otras cosas, chiflar y tragar pinole.

SE RECONOCEN POR SUS AROMAS, AUNQUE CAMBIEN DE PERFUME.
“El camino hacia el poder está pavimentado con hipocresía y víctimas”, decía Frank Underwood de “House of Cards. Y Andrés Manuel López Obrador ha sido parte en la construcción de ese camino. Y por eso no puede jugar al inocente y querer vender su pretendida “ingenuidad” o venta de una imagen que actúa solamente por mera buena Fe o intención. Sabe bien donde está parado hoy como presidente. Sabe quienes le rodean. Sabe quién es Félix Salgado Macedonio y – sobre todo- sabe que NO todo el malestar mostrado hasta hoy contra sus acciones responden a meros golpeteos partidistas propios de una contienda electoral en puerta.

Por supuesto que el actual presidente sabe que Félix Salgado Macedonio es lo que han señalado de él sus víctimas. Pero lo pasa por alto porque su mirada e interés están puestos en respaldarlo para la gubernatura. Sabe que ganando ese estado el controvertido guerrerense, tan dado a protagonizar desplantes vulgares y bravuconadas, , Salgado Macedonio le ayudará a reforzar su control absoluto.

“ El toro sin cerca”, como es conocido entre los suyos este político , tiene alianzas fuertes en Guerrero. Es un hombre que ha tenido cargos de poder y ha comprado incondicionalidades. Y el presidente López Obrador sabe que si hay un estado con más rezago en justicia y violencia a la mujer es Guerrero. Sabe que cualquier mujer que levante una denuncia contra algún individuo con el poder o conexión con las instancias legales en Acapulco , o cualquier pueblo o poblado de por allá, además de no prosperar la demanda, la o el demandante se juega hasta la vida. Eso y más lo sabe el presidente. Pero lo respalda y defiende, porque están entrelazados por una amistad llena de añoranzas y complicidades políticas. Ambos conciben la lucha social muy a su modo. Y las derrotas las gritan y hacen el ruidero que consideran necesario muy a su modo también. Desafían toda regla que no les favorece.

Ambos, López Obrador y Salgado Macedonio han caminado juntos en protestas. Como aquella de 1994 cuando realizaron una caminata desde Tabasco a la ciudad de México, bajo el lema de “Éxodo por la democracia” y, más tarde, cuando en 1999 Salgado Macedonio perdió la contienda ante René Juárez Cisneros por la gubernatura de Guerrero, López Obrador viajó a Chilpancingo y mediante un acto simbólico y en pleno corazón de la capital guerrerense lo nombró “gobernador moral”.

A la amistad y respaldo brindados por López Obrador, el guerrerense ha correspondido con incondicionalidad. Este personaje que gusta de llamar la atención y es capaz de actuar montado en una enorme motocicleta adornada con los ornamentos más estrafalarios , también se ha permitido componer de su puño y letra y cantar una cumbia en homenaje a su amigo, el hoy presidente.

Este es, a muy grandes rasgos, apenas un pálido bosquejo de quien ahora pretende contender por tercera ocasión para la gubernatura de Guerrero, un hombre que parece que en la figura caciquil de los Figueroa encontró una inspiración en el comportamiento y formas de conducirse que solo tienen cabida en países donde lo bárbaro está permitido y la cultura del cacicazgo que el pretende continuar. Hay mucho de parecido en ellos. Y eso no es algo para festejar. Al contrario, prácticas como aquellas NO pueden regresar. NO deben regresar. El estado de Guerrero carga en sus espaldas una historia que merece revisarse y ayudar a sus habitantes a salir de ella. Mucho dolor acumulado por tantas vejaciones, saqueos, impunidad es demasiado ya.

NI LAS VEO NI LAS OIGO
En lo anteriormente descrito está una de las razones por las que el actual presidente pretende pasar por alto la justificada indignación femenina, ante las arbitrariedades de quien ahora pretende gobernar ese Estado. En el parecen pesar más el interés político y de amistad que un tema que, en el fondo, no le es importante. Nunca lo ha sido.

Político como es por todos los costados, Andrés Manuel López Obrador disimuló bien su talante conservador y machista y usó el tema del feminismo y violencia a las mujeres como agenda política para ganar votos. Nada más. Luego, con ese simplismo que lo caracteriza, pretendió vender su imagen de “plural” integrando al gabinete a mujeres que de manera indigna se someten a su voluntad del silencio. Algunas de ellas, como Claudia Sheinbaum, salían a marchas cuando eran oposición. Se desgarraban las vestiduras esgrimiendo su bandera de grandes luchadoras. Y hoy, de feministas o de izquierda tienen lo que su jefe de Palacio de ingenuo. Y véalas hoy en puestos públicos, meros adornos, solapando y compartiendo complicidades. La mayoría de ellas en su oprobioso silencio y acomodadas en ese teatro de burdo montaje.
Por lo anteriormente señalado y porque el presidente está ensoberbecido con su triunfo de la presidencia y tiene especial interés en recuperar a Guerrero, ni nos ve ni nos escucha. Y, sin embargo, las cosas no le están saliendo cómo el quisiera y eso lo tiene molesto. El fuego amigo está adentro de su mismo partido. Y hasta en su mismo gabinete. Los rumores de que hay graves pugnas internas de los diferentes grupos han trascendido ya al exterior. Y una de esas pugnas tienen que ver con los hermanos, Amílcar Sandoval Salazar E Irma Eréndira Sandoval Salazar y, desde luego, John Ackerman. Al respecto, el periodista Raymundo Riva Palacio escribe en Eje Central: “ Amílcar Salazar, cuya familia, encabezada políticamente por su hermana Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, cayó de la gracia presidencial tras revelarse sus múltiples propiedades, cuyo valor no corresponden a sus ingresos. No acusó a la familia Sandoval de corrupta –el Presidente tiene un enorme respeto por su finado abuelo, el respetado comunista Pablo Sandoval–, pero congeló a la secretaria, cuya permanencia en el cargo está en el aire, y a su familia…” (Fin)
Es decir, los hermanos Sandoval- Ackerman se quisieron pasar de listos. Quizá eso explica en mucho también el silencio de John Ackerman. ¿No lo han notado muy “prudentito”? El, tan dado a enojarse ante cualquier disenso y dar saltos como chivo en cristalería y amenazar con hacerse el harakiri en defensa de la llamada “cuarta transformación”, anda muy callado.

Pero esos son asuntos internos. Así ha sido siempre en todas las administraciones. Sabemos que es un espacio en el que se agitan las pasiones, se agazapan y disfrazan las traiciones, se hacen alianzas, se mueven piezas a conveniencia; pero las ambiciones y disputas por el poder entre los grupos los tienen que resolver ellos. Los ciudadanos no tenemos porque estar en medio de sus mezquinos intereses y peleas. Estamos cansados ya de ser usados como botín electoral. Lo nuestro es exigir resultados. No queremos, no nos merecemos ya tanto menosprecio e impunidad. No nos merecemos esas respuestas desdeñosas del presidente y que, además, pretenda darnos la puntilla final premiando con la gubernatura a un personaje como Félix Salgado Macedonio.
EN DO MAYOR.
JZC.










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