EN DO MAYOR “PALACIO DE AZÚCAR Y LIMÓN”

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¿Qué afanes movieron sus pasos para llegar a la cumbre?
¿Qué tomó y ofreció a cambio para obtener la corona?
¿qué vasallos le rodean en su reino de lisonja y borona?
¿duerme usted tranquilo y en paz en ese trono de lumbre?

¿Se encomienda a algún santo poco antes de dormir?
¿o no hace falta que lo haga porque usted es santidad?
¿Me concede, presidente, permiso de decirle una obviedad?
Está usted equivocado y mucho más hay que añadir.

Sea responsable, no use su trono de azúcar para vituperios,
Deje tantas imposturas y de lo serio no se deslinde,
que para repartir hostias y loas basta el padre Solalinde.

Ignoro si el presidente, Andrés Manuel López Obrador, alguna vez duda sobre los pasos que da. Si se detiene, aunque sea por instantes, a escuchar otros sonidos que no sean los del eco de su propia voz y de aquellas que le reafirman lo que él quiere escuchar, mientras deambula por los vetustos pasillos de su palacio de azúcar y limón. Me pregunto si al final del día, pasado el efecto de las vorágines del poder, un presidente u cualquier poderoso, se atreve a quitar el vaho al espejo que distorsiona la imagen y sea capaz de enfrentar un rostro y cuerpo expuesto en su condición terrena.

Y hago la pregunta porque el actual presidente no cesa en su afán de quejarse de los otros, al tiempo que magnifica virtudes y logros que, a los ojos de nosotros, los simples mortales, no nos han concedido ser revelados. ¿Será porque somos impuros y mortales pecadores y esos logros que él tanto cita solamente pueden ser visibles ante los virtuosos que le rodean?

¿Exagero cuando digo que el presidente de este país es una versión pirata del antiguo PRI? ¿No le parece que el presidente a veces parece más sacerdote y el padre Solalinde un político? O, acaso forme parte usted de los ingenuos que creen que este es un gobierno de izquierda. Si es así estimado lector, tenemos que revisar la lente de nuestra mirada. Usted la suya, yo la mía, Porque lo que esta servidora ve con asombro es a una “izquierda” cuyos hechos los devela de inocultable derecha. No enumeraré los hechos que sostienen mi apreciación. No incurriré en la falta de respeto de tratar al lector como un menor de edad. Allí están los pasos y acuerdos que este gobierno ha hecho con alas conservadoras y empresarios de rancias ideas y no precisamente respetable historia. Al lector le toca analizar sin apasionamientos y ubicarlos para no estar haciendo el juego a inventos fantasiosos, o peor aún, falaces de quienes insisten en hacernos creer lo que ellos dicen ser. Lo he dicho e insistiré en ello las veces que sean necesarias: no es asunto de Fe tomar como verdadero lo que el presidente y su séquito, que funge como eco de sus mandatos y voluntades, dicen ser.

Porque no hay país que avance en su búsqueda de justicia y equilibrio, si una ciudadanía no es capaz de unirse para exigir transparencia a quienes detentan el poder. Ni ayuda a la construcción el silencio que se guarda ante los excesos de un poder (en cualquiera de los campos donde se presenten estos excesos). Tampoco la cómoda omisión que se hace ante evidentes transgresiones a la justicia y dignidad humana. No es sano creer a ciegas en quienes ostentan una pureza, mientras se ha sido parte de la podredumbre. Ni ayuda proferir sentencias, quejas, retórica vana; ni alardear de buena voluntad como parte de la solución de los males que aquejan al país. Y, desde luego, que no podemos construirnos como individuos y sociedad si optamos por resguardarnos en cuatro paredes para ponernos a salvo, mientras a nuestro alrededor todo se derrumba.

De todo lo anterior hemos tenido ya bastante. Y así nos ha ido. Hoy necesitamos asumir una participación conjunta en todas las decisiones de la vida pública. Es una responsabilidad que tenemos como ciudadanos. Asumir una crítica responsable que señale los excesos del poder, exhiba las mentiras que nos quieren vender como verdades. Es nuestro deber observar a cada gobierno en turno. No permitir más falacias. Tener claro que el hecho de un ominoso ayer, no quiere decir aceptar lo que nos ofrezcan hoy quienes están en el poder y formaron parte de ese ayer. No podemos perder de vista que son parte de un sistema del que ellos – insisto – abrevaron también.

No estoy lejos de la verdad cuando hablo de la administración actual como una versión pirata del PRI. Es de llamar la atención el encono constante del actual presidente hacia los gobiernos panistas. Claro, los “arrepentidos” de pertenecer a ese partido y que han emigrado, son recibidos en Morena con los brazos abiertos. Allí los ungen de palabras salvadoras y quedan absueltos de todo el pasado. No importa que sean el extremo del conservadurismo y otras cosas non gratas, personajes como Manuel Espino son bien recibidos en Morena, sobre todo si se unen al bando contra Felipe Calderón. Desde su nuevo partido, Espino se encuentra ya listo para contender – se dice – por su tierra Duranguense. De allí es este personaje. De la tierra de alacranes venenosos. Muy muy venenosos. Y desde que entró a MoReNa el veneno se esfumó. Sólo queda el alacrán. Veremos con el tiempo a quién pica.

Pero, decía, lector: ¿no llama la atención que, al momento de asumir la presidencia, AMLO no menciona ya al gobierno salinista, ni peñista, como los enemigos del país. ¿Será que el papel de AMLO es la de fungir como el pivote de la olla de presión, cuya función es dejar salir el vapor acumulado? Acaso se prepare el regreso del viejo PRI. ¿No ve a los personajes que andan rondando en el escenario político? ¿Reconoció al Sonorense de bigotito, uno de los alumnos más doctos de la rancia política priista y que hoy aparece en escena?

“LA POLITICA ES EL ARTE DE SERVIRSE DE LOS HOMBRES HACIÉNDOLES CREER QUE SE LES SIRVE A ELLOS. (Luis Dumour).

El presidente y los suyos avanzan en su proyecto de control absoluto. Bajo pretextos de austeridad, de ver por los más desprotegidos, otorgan mayores presupuestos a los representantes de estados donde quieren arrebatar el control. Tienen prisa. Las elecciones están a la puerta y desde la posición máxima de poder echan a andar los mecanismos que saben bien usar para preparar el terreno y llegar ellos a ofrecerse como opción salvadora.

Los juegos por el poder y control total están ya en marcha. En el tablero social de los enconos y divisiones avanza la ignorancia. Gana la malicia disfrazada de buena voluntad y de victimismo.

Hace tiempo ya que he venido mostrando mi critica abierta a los diversos partidos políticos y sus principales operadores. Señalé en su momento a un AMLO en su papel de opositor y hablé sobre su gestión en el gobierno de la ciudad. Desde entonces, ocupando un cargo con ese grado de responsabilidad, dejó ver su talante voluntarista y caprichoso, propio de quien no es capaz de conciliar diferencias con los demás. Varias cosas quedaron pendientes de transparentar porque no le dio la gana hacerlo. Si bien es cierto que se enfrentó a embates de grupos de opositores, tan feroces como él lo fue y sigue siendo ahora en su papel de presidente, señalé que en ese espacio AMLO se dedicó a hacer base clientelar para su manejo político. No creo ciudadanía, ni se preocupó por hacerlos conscientes de sus derechos y deberes. Lo vimos en campaña: “ustedes agarren” solía decir sin empacho alguno y total irresponsabilidad.

El enorme hueco formado por los gobiernos anteriores, omisos y complacientes con la corrupción, fue aprovechado por este hombre tozudo que arribó al poder con un plan preconcebido de tomar el control absoluto en sus manos. No tuvo empacho en ofrendarse como solución de los males que aquejan al país y construyó esperanzas sin límites en una clase desprotegida y olvidada en diversas regiones del país.

Pero, también desde entonces mostró su menosprecio hacia las instituciones, sin importarle la función que cumplen al ser fundadas con un marco para aplicar la legalidad y dar contención a la tentación de un poder absoluto. Nadie negamos que la mayoría de esas instituciones fueron en parte pervertidas y, sobre todo en los últimos años su avance corruptor fue mayor. Pero eso no quiere decir que tuvieran que desaparecerse. Hablé de limpieza muy a fondo. “Sacar el polvo de los rincones donde se esconden los arácnidos anidando a sus `aracniditos`. Fumigar todo. Pero no derrumbarlas”. Esto último es mero pretexto suyo para instaurar su control e inscribir su nombre en un cambio que sigue construyendo con su narrativa simple y falaz.

AMLO escupe hoy a la democracia. Escupe todo lo que él no acepta en su papel totalitarista. El presidente como muchos de los políticos anteriores, usa a conveniencia cada una de sus letras que forman la palabra D E M O C R A C I A. En el fondo cuida que no madure y controla su crecimiento para que no logre un esplendor que no esté bajo su control. Porque los políticos o “lideres” como él y de países como el nuestro, necesitan mantener a la población en la pequeñez y en la indignidad de la dádiva, para desde allí erigirse salvadores. Dividir, marcar agenda, victimizarse, quejarse, magnificar los errores de los otros, exaltar las virtudes propias inexistentes. ¡Vaya tiempos!

EPILOGO.

¿Arribará algún día a la máxima dirección del país un dirigente que tenga presente que eso de la política es un arte que requiere de una lucidez y templanza, alejadas de mezquindades y caprichos personales? ¿Alguien que tenga claro que la política es, al fin y al cabo, el arte de dar sutiles giros o quiebres no contemplados, pero necesarios para salvaguardar a la tripulación que corre a su cargo? ¿Alguien capaz de unificar y no enturbiar más las aguas, para luego manipularlas a conveniencia?

Por lo menos yo, estimado lector, tengo el sueño de que un día eso suceda.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com










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