EN DO MAYOR. “¿NO ES EXTRAÑO? LOS MISMOS QUE SE RÍEN DE LOS ADIVINOS SE TOMAN EN SERIO A LOS ECONOMISTAS” (ANÓNIMO)

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Frases que surgen entre broma y sarcasmo en momentos especiales de la vida social o política de un país, donde quedan expuestas las contradicciones que se dan en toda profesión. Y, desde luego, no significan raseros para aplicar por igual a todos, pero en esta ocasión la frase parece ajustarse bien a uno de los prestigiados economistas cercano al poder, quien nunca ocultó su simpatía por el actual presidente y su proyecto de transformación.
Cito al personaje, las razones y la pertinencia de traer a memoria el fragmento de un
artículo publicado En Animal Político en junio del 2012, escrito por Gerardo Esquivel Hernández, economista, dueño de un currículum académico y desempeño profesional de gran solvencia, nombrado en enero del 2019 subgobernador del Banco de México, cargo en el que se desempeña actualmente:
“Este año, al igual que en el 2006, mi voto en la elección presidencial será para el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). A diferencia de algunos otros electores que han manifestado públicamente su apoyo a AMLO, mi voto no es un voto a regañadientes o por “el menos peor”; no es tampoco un “voto útil” o de carácter estratégico; y mucho menos aún se trata simplemente de un “voto de castigo” al PAN. Mi voto es un voto razonado, reflexionado y convencido de que AMLO es la mejor opción para México en un momento como el actual…”
El licenciado y doctor en economía por la UNAM y por la Universidad de Harvard es, en estos momentos, el funcionario más cuestionado y entrevistado por los medios de comunicación que buscan una explicación a lo que, en su carácter de experto en economía, no vio venir. Esquivel, profesional serio no supo, o no visualizó, alcances e intenciones del político hábil que es López Obrador, cuya imagen de salvador de la patria supo vestirla en un traje diseñado ex profeso para ocultar las imperfecciones e impudicias y que poco a poco van quedando desnudas ante los que le dieron su voto de confianza. Solamente aquellos que le profesan el culto de su fe siguen viendo en él cualidades inexistentes.
En este mismo artículo que escribiera Esquivel, bajo el título de “Mi voto razonado es por AMLO”, había un claro convencimiento y genuina intención de proselitismo hacía López Obrador. Una a una el economista enumeró las razones que le convencían de votar por él, al tiempo que rebatía las frases que circulaban por allá y acá cuestionando lo que se podía esperar si López Obrador llegara al poder. En materia de finanzas, por ejemplo, se advertía sobre la posibilidad de que el actual presidente pusiera en riesgo la estabilidad económica. Sobre ese punto Esquivel argumentó en ese entonces:
“… Quién dice esto no sabe del tema, no está muy bien informado o lo dice de mala fe. Supongamos, sin conceder, que en efecto AMLO quisiera tomar medidas que pusieran en riesgo a la economía. Esto sería prácticamente imposible de lograr. Para empezar, porque el país ha logrado avances institucionales muy importantes en esta materia. Por ejemplo, la política monetaria y, por lo tanto, el combate a la inflación, son responsabilidad exclusiva del Banco de México, el cuál es autónomo desde 1994 y en el cual no puede influir la voluntad del presidente. En cuanto a la política fiscal, el país tiene, desde el 2006, una Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria que garantiza la existencia de un presupuesto equilibrado y en la que cualquier aumento propuesto al gasto tiene que venir acompañado de su correspondiente fuente de ingresos. Esta Ley también impide cualquier posibilidad de que el gobierno se endeude sin justificación alguna. Claro está que esto podría cambiarse si el Congreso así lo decidiera, aunque esto sólo podría ocurrir si el presidente contara con una mayoría absoluta en el Congreso, lo que seguramente no será el caso en estas elecciones”.

“UN ECONOMISTA ES UN EXPERTO QUE MAÑANA SABRÁ EXPLICAR POR QUÉ LAS COSAS QUE PREDIJO AYER NO HAN SUCEDIDO HOY “(Lawrence J. Peter)
El escenario que el mismo Esquivel descartó como posible en ese 2012 fue el mismo que hubo en 2018: el presidente no contaba y no contó en ese momento con mayoría absoluta en el congreso. Pero las alianzas y triquiñuelas que hiciera junto con Morena lograron la obtención para contar con esa mayoría que hoy están al servicio de él. Y aquello que descartó como posible Gerardo Esquivel, parece estar por cumplirse. No hay manera de justificar tal acción. Por más que los que están tan cercanos al poder obnubilados por la “magia” del ahora presidente y sus buenas intenciones no quieren aún verlo, no hay justificación. Por más que algunos (con todo respeto don Lorenzo Meyer) insistan en disculpar las malas decisiones del presidente, sin ver las afectaciones que está haciendo, las alertas están encendidas.
Tienen razón quienes vieron con claridad hacía dónde iba el entonces candidato y hoy presidente, que advirtieron sus intenciones de querer quitarle independencia a todos los órganos autónomos y, con más énfasis al Banco de México, no se equivocaron. Tanto los que tuvieron la malicia de ver en López Obrador al tremendo político que es (dicho esto en la mejor y peor de las acepciones), como los que simplemente vieron en el a un hombre porfiado en sus empeños, no se equivocaron. A su lado tiene a uno de sus operadores de vieja raigambre priista y costumbres nada recomendables que hoy están incorporadas a Morena: Ricardo Monreal. La iniciativa promovida por el presidente a través de este, su operador, y aprobada por el senado para modificar los artículos 20 y 34 de la ley del Banco de México ha encendido las alertas. El mismo Gerardo Esquivel hoy critica esta acción y advierte al respecto:
“Lamentable que se hayan aprobado en el Senado reformas a la Ley del Banco de México que ponen en riesgo a las reservas internacionales y que atentan contra la autonomía del Banco de México. Espero que en la Cámara de Diputados se corrija esta situación”.
Por su parte, el gobernador de esa institución, Alejandro Díaz de león, destacó ante diversos medios de comunicación, que los cambios pretendidos son lesivos y sentará pésimo precedente en su autonomía, exponiéndolo a riesgos relacionados al lavado de dinero. Además de la cuestión de autonomía, si la reserva federal recibe dinero que tenga sospechas de origen ilícito, esto podría causar que otras entidades bursátiles con las que negocia veten el dinero de la institución.
Pero este es apenas uno de los aspectos delicados de las afectaciones que habría de aprobarse esta ley. Hay muchas más que son señaladas y destacadas por analistas autónomos, sobre las que vale la pena estar enterados.
¿A QUIÉN BENEFICIARIA LA APROBACIÓN DE ESTA INICIATIVA?
Si usted pensó en Ricardo Salinas Pliego como uno de los empresarios favoritos de esta administración, acertó. Quizá de los más consentidos o mejor colocados. El lo sabe y sonríe displicente y burlón. Le tienen sin cuidado las numerosas muestras de repudio que recibe en Twitter donde se enfrasca en discusiones haciendo alarde de su mundo de lujo y confort. Confrontativo y retador y no pocas veces ingenioso, sostiene que él mismo se encarga de atender su cuenta y responder a cada Twitter. Desde luego que no es difícil inferir que tiene a su servicio a un grupo de jóvenes al cuidado del manejo de su red social.
Lo cierto es que a este empresario, otrora de actitud seria y lejana, ahora se le ve sonriente y, en muchas ocasiones, abiertamente cínico. Como quien sabe que cuenta con vientos a su favor. Como los que se están moviendo ahora con respecto a esta iniciativa que, de aprobarse, será el mayor beneficiado. Al respecto Claudia Villegas de Proceso recoge las diferentes voces del sector bancario que advierten: “Sin corresponsales bancarios en Estados Unidos para enviar sus excedentes de dólares, Banco Coppel y Banco Azteca, principalmente, serán dos de las instituciones de crédito de capital mexicano que se verán beneficiadas con los cambios a los artículos 20 y 34 de la ley del Banco de México, impulsados originalmente por el senador Monreal y que obligan al banco central a captar moneda extranjera en efectivo…”
¿Qué dice al respecto el presidente López Obrador cuando se le recuerda que en su Proyecto de Nación se comprometió a respetar la autonomía del Banco de México? Pues contesta con esa característica tan suya y propia de quien ha hecho del cinismo su sello y distintivo. Sonríe socarrón y se escabulle con pasmosas evasivas por los pasillos poco claros de su realidad.










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