EN DO MAYOR LA ESCUELA DE O.PAZ

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Hay textos  escritos que a dos años de publicados se mantienen vigentes. Y este es uno de ellos. Salvo unos pequeños y necesarios ajustes, lo comparto en este espacio de Diálogo Queretano al que llegué de manera formal en abril del 2014. Sirva el presente texto para celebrar el regreso del blog, después de una pausa cuyas razones ya explicó Edmundo González Llaca.

Cumplí 7 años de haber llegado a este espacio invitada por Julio Figueroa, a quien no conocía personalmente y del que, además, ignoraba tuviéramos contactos y amistades en común. Leía las hojas volantes de Julio. Su lucha por el caso BMW. “Palabrero” se decía y dice. Y yo agrego que en todo caso no cualquier palabrero. Un palabrero de luz y constructor de encuentros con las ideas, con la crítica acompañada de propuestas. Palabrero de textos vitales y de lírica poética. Propositivo y frontal. Hábil con las palabras. Incisivo, valiente, inmensamente fraterno. Escurridizo, también.

Compartíamos con Julio temas en común en las redes. Gustos también afines, como el cine. Y hubo una especie de empatía. Un respeto que en mi persiste. Y tengo hacia él fraternal afecto. Leo los escritos de Julio Figueroa, sus testimonios puros y frescos de sucesos cotidianos. Sus crónicas literarias, comentarios sobre lecturas de libros y extractos de las ideas principales que el enriquece con sus agregados. Pasaron dos años, casi tres, para que nos conociéramos personalmente. Y, casi cuatro años para conocer personalmente al resto de colaboradores.

Me gustó el sitio. La pluralidad de las voces. La respetuosa actitud a mis textos de Edmundo González Llaca, la gentileza de don Guillermo Castellanos, la solidaridad del Monero Carbajal. En ese entonces estaban aún don Hugo Gutiérrez Vega, Lucinda Ruiz Posadas, quienes han dejado ya este plano. Inicié con dos colaboraciones, a veces tres, al mes. Propuse luego escribir una columna semanal, denominada al principio: “Y nos dieron…la una…las dos…y la última” , luego cambió a EN DO MAYOR. Y aquí sigo. Seguimos, escribiendo también para En La Lupa, sitio web de noticias, bajo la batuta, bien llevada, del experimentado y gran periodista José Antonio Gurrea.

Y, en cuanto a Julio, sigue siendo Julio. Más enriquecido en su encuentro con los otros y siempre abierto también a las ideas de los demás. Buen y apasionado lector, anda por todos lados contagiando su pasión por la lectura de sus autores y provocando diálogo, insistiendo “pero muy insistentemente” a participar a aquellos que se resisten a hacerlo, o que se niegan a fijar postura. Julio es Julio. Y Julio. Y es, ante y por sobre todo, un profundo constructor de puentes de palabras.

INFUNDIOS Y DENUESTOS A COLABORADORES DE ESTE BLOG.

En los siete años que tengo ya de colaborar en DQ, nunca habíamos sufrido tantos insultos y denuestos como en los últimos tiempos. Por lo que a mi respecta, nunca me detuve en mi crítica y postura hacia el sistema Priista y, en especial, hacia Enrique Peña Nieto y su arribo al gobierno del país. Tuve lectores que, incluso, llenaban de elogios algunas de mis columnas porque coincidían con mi apreciación sobre el gobierno Peñista. Pero ¡oh sorpresa!, a la primera crítica que hice al actual régimen, vinieron los insultos al no leer lo que ellos quisieran a favor de un presidente al que siguen con los ojos cerrados. Como si se tratara de un acto de Fe. Y vinieron entonces las descalificaciones fáciles, absurdas. Las calumnias en frases hechas. “es que se acabó el chayote… conservadores…fifis…” y todo el manual bien aprendido que el presidente desde su laberinto mental y fortaleza del Palacio se ha encargado de machacar diariamente a los suyos.

Mi apreciación sobre Enrique Peña Nieto siempre estuvo definida. No hubo sorpresa alguna con el personaje cuya visión del poder y de México todo fue moldeada por un grupo de corruptos y corruptores del sistema. Por supuesto, también hablé de las excepciones dentro del sistema priista. Muy pocos viven, la mayoría de sus voces equilibradas ya murieron. Uno de ellos fue don Jesús Reyes Heroles (+1985) de quien escribí no hace mucho con testimonios de viva voz de don Héctor Espinosa Maldonado, su colaborador cercano. Agrego también a don Jesús Silva – Herzog Flores, (+2017)
Eterno fue el sexenio de Enrique Peña Nieto, el maniquí. El caos imperaba a su salida. ¿Quién ´tomaría las riendas de este país? No me sentía representada por ningún candidato porque tengo muy claro que nuestros males son estructurales y en nuestra cultura están imbuidos la marrullería y corrupción. Vi en OLMA (escribo invertidas sus iniciales, por aquello del registro de autor que hiciera) mucho de oportunismo. Y vi otras cosas más con las que no estuve de acuerdo. Pero todo lo que decía, en cuanto a la corrupción en nuestro país, sobre la ya insostenible violencia, tenía razón. ¿Acaso no estábamos ya hartos de tantos políticos que subían al poder inflados de promesas que terminaban olvidando cumplir y desilusionándonos con actos de probada corrupción? ¿Acaso no se ensanchaba la brecha de desigualdad y la inseguridad y caos y con ello la sensación de indefensión, indignación, desamparo? EPN, sabíamos, era solo una pieza de ajedrez de un grupo de poder insaciable y asentado sobre la opacidad, corrupción y sangre.

López Obrador no era el mejor candidato. Pero prometía saciar esta sed acumulada de justicia. Su voz nombraba a sectores pobres y olvidados y su mirada los visibilizaba. Prometió tantas cosas que nos hicieron pensar que caminaría por el lado contrario a lo que tanto criticó y ofrecería un necesario respiro. El desengaño no tardó en llegar. Quienes creímos que esto no podría ser peor, nos equivocamos. El poder descubrió el rostro de un hombre resentido, pero ignorante de su propio resentimiento y de sus limitaciones. El Yoismo, el inmenso y profundo ego aflora ya sin pudor. El hombre que se convenció de luchar por la justicia se ha desdibujado ya. El político que criticó sin concesiones cada paso que daban los otros políticos y presidentes, hace lo mismo que criticó en los otros. Y peor aún. Porque no muestra voluntad, ni capacidad, de escuchar ninguna voz que contradiga sus absolutos. En él no hay separación entre el hombre y el político. Son uno mismo. Mienten día a día y niega hacerlo. Su personalidad manipuladora y de constante victimismo, incapaz de reconocer que se equivoca, están allí. Su sempiterna actitud divisoria, su talante verdadero han aflorado ya. Las verdaderas motivaciones que impulsaron su caminar están visibles. En la presidencia está un autócrata, dictatorial, revanchista que acude a las constantes mentiras, demostradas con pruebas por aquellos que él no puede desmentir y contra los que arremete desde el privilegio auto conferido de sus mañaneras. Estos y más son los adjetivos que lo definen y que sus virulentos simpatizantes se niegan a aceptar.

¿Qué atributos ven ellos en el presidente que muchos de nosotros no vemos? Ellos insisten en que López Obrador es genuino en su lucha. Otros vemos al prestidigitador al que se le terminaron ya los recursos y malabarismos y recrudece su talante autoritario. Ellos insisten en llamarle justiciero, como si de eso se tratara ser presidente de un país y agradecen las dádivas que no salen de sus bolsillos ¿Eso es justicia? ¿es justicia acabar con programas que, con todo y sus asegunes, funcionaban todavía? ¿Qué ha dejado a cambio? Sus aplaudidores celebran cada paso que da. ¿Qué celebran? ¿Estamos mejor ahora? ¿Qué ha construido? ¿ha sido mejor que lo que teníamos antes?

En la cumbre del país, veo a un hombre que ha usado la justicia para y someter, como instrumento de amago contra sus enemigos ( ciertos e inventados) que alimentan su profundo resabio. Usa la ley para doblegar voluntades a capricho y a su entender. No hay nada de transparente en lo que hace. Las mañaneras son la burda fachada que le sirven para vender intenciones como hechos y festejar una realidad a modo. Nombres como el de Emilio Lozoya usados para hacer justicia que no veo. ( Por cierto ¿alguien sabe dónde está Lozoya?) Veo sed de venganza. Lo veo salir a sus mañaneras y me pregunto si antes de salir a ellas, toma su buena dosis del elixir que lo mantiene de píe e impulsa su caminar: el resabio . “Las escaleras se barren de arriba hacia abajo”, decía y dice. De acuerdo. Pero lo que veo es que él las ensucia más y, desde su lugar que le confiere el presidencialismo, riega y esparce esa basura emocional que sus seguidores recogen y reproducen también. No veo que el verbo construir sea en el de uso y hacer frecuente. Los verbos suyos son: Provocar, Confrontar, Difamar, Manipular, Calumniar, Controlar y quizá el más preocupante: Destruir lo que él no reconoce como obra suya. No está en él la generosidad y estatura para reconocer lo que de bueno se construyó en el pasado. No le importa que haya víctimas inocentes de sus abruptos e irracionales desmantelamientos de organismos que, sin duda, había que depurar, perfeccionar, pero no destruir.

EL PRESIDENTE , LAS MUJERES Y LOS NIÑOS.
He compartido en este espacio mi sempiterna inquietud por hurgar en los motivaciones que hay detrás de quienes persiguen, a costa de lo que sea, poder o reconocimiento. Me resulta interesante y asombrosa la naturaleza humana. Los claroscuros que nos habitan. No solamente el de los políticos, sino de intelectuales o artistas de cualquiera de las ramas. Observo, conozco a personajes del mundo creativo e intelectual. Y navego entre el desencanto al comprobar las enormes incongruencias que hay entre su pobreza personal y la grandeza que crean con sus obras. El hambre de reconocimiento que los lleva a los halagos fáciles en el ansia de pertenecer. He visto la ferocidad que existe en sus relaciones, los disimulos y oportunismos que campean en ciertos espacios. No están exentas en mi las contradicciones, por supuesto. Eso somos: manojo de contradicciones. Pero hay matices y, dentro de las contradicciones, límites. Respeto la inteligencia humana y el poder creativo. Pero me inclino y reverencio a quien posee, además de la profunda inteligencia, sensibilidad, sencillez y empatía.
Hablé de EPN, su figura de maniquí y lo que había conformado esa personalidad tan banal, frívola, hueca. Si antes protesté por todo lo que de malo había en el gobierno EPN y me pregunté por su formación de niño, su entorno y valores que lo formaron, hoy me pregunto por los del actual presidente. ¿Cómo fue su niñez? ¿A qué jugaba? ¿Cómo se formó en él la conciencia entre el bien y el mal? ¿Conoció el juego de serpientes y escaleras? Todo indica qué si, porque lo sigue jugando. ¿Desde entonces lo jugaba con dados cargados? ¿A quién hacía subir y bajar en su tablero personal? ¿Qué papel ocupan en el ánimo del Presidente los niños? Porque podrá argumentar lo que quiera, pero sus decisiones hablan por él: el retiro de apoyo a las guarderías y albergues infantiles, es una de ellas y otro de los más sensibles: Los niños con cáncer. Su actitud. Sus respuestas. ¿Sabe las cifras de los niños que han muerto por la estrategia implementada por los gobiernos anteriores para combatir la delincuencia organizada y que él tanto criticó? ¿Qué dice AMLO de los niños con cáncer?

“Los hechos que obligan a definirse son los que cuentan”, decía el inolvidable escritor y periodista. dramaturgo, Germán Dehesa, ( 1944-2010). Siempre con actitud inteligente y lúdica, el también Gestor Cultural, rechazó hasta el último momento aquello de “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Dehesa decía que no, que no nos merecíamos los gobiernos gandallas que a golpe de promesas y mentiras y su sempiterna demagogia lucran con la buena Fe de los gobernados.

Nunca coincidí del todo con esta última apreciación del admirado Germán. He visto desfilar ante mis ojos a diversos presidentes y equipos. Y en todo ellos hay una serie de coincidencias que reflejan cada uno parte de nosotros como sociedad. Cada partido representa una esencia de individuos y su núcleo familiar. Después de todo salieron de esta sociedad. Todos somos algo de su producto. Somos reflejo de los grupos familiares y sociales donde fueron moldeados los valores las expresiones culturales. Los políticos son también la expresión de la sociedad que los forma. Nada avanza, para bien o para mal, sino es con nuestra complacencia u objeción. Y tal vez lo que hoy tenemos enfrente es la representación más burda de esa descomposición que dejamos avanzar. Y quizá, después de todo, López Obrador ha cumplido con dejar al descubierto a esta sociedad egocentrista e inmersa en insultos entre unos y otros e incapaz de unirse para poner límites a este deterioro que avanza de su mano hasta niveles peores de los que antes tuvimos ¿O exagero? (EN DO MAYOR)










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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